latribudelpulgar (antes ruidos de la calle)

Notas provisionales y ficciones

Archive for the ‘Crónicas de viaje’ Category

El poeta de la vida moderna

Posted by pachoj en diciembre 1, 2011

Cuando tocamos por primera vez en Nueva York en 1992, el Village Voice me pidió una entrevista. Al intentar explicar a ese semanario en qué consistía nuestra música y qué sucedía en México, cité a Fray Servando Teresa de Mier (“El aunto es trágico, mi genio festivo”), y además le hablé del capítulo de San Petersburgo y los pasajes sobre Baudelaire del libro de Marshall Berman (a quien yo había dedicado el primer disco de Maldita Vecindad), como si “Todo lo sólido se desvanece en el aire” hubiera sido escrito para describir México.

El periodista me contó entonces cómo había conocido a Berman durante las revueltas de Tompkins Square en East Village. Aproveché para pedirle el teléfono de Marshall y esa misma tarde le marqué para invitarlo al concierto.

Le hablé como si nos conociéramos desde siempre (o como si estuviéramos representando un pasaje más de su artículo Las señales de la calle) y su sorpresa fue tan grande que hasta entonces me di cuenta que tanta familiaridad era, por lo menos, importuna… Pero Marshall se apareció en el back stage aquel día. Le regalé una camiseta de Maldita Vecindad y desde entonces nos veíamos cada vez que yo pasaba por NY. Pocos años después lo invité a dar unas conferencias a México

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Borderline, Soho, Londres, 1993

Posted by pachoj en noviembre 27, 2011

Fotos viejas con Rodrigo Miranda e Ina Velasco cuando tocamos en el bar Borderline de Soho, en Londres, en 1993. Ellos vivían en Londres, ella chelista, él percusionista, y llegaron al bar dónde tocamos. X

En el Borderline de Londres en 1993, de gira

El Sax con pantalón rojo y rombos negros, Yo con chamarra de cuero abrazando a Rodrigo Miranda, e Ina Velasco recargada en su pierna.

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Un País Invisible

Posted by pachoj en enero 5, 2009

En noviembre del año pasado se publicó el libro colectivo Cultura Mexicana, Revisión y Prospectiva, coordinado por Francisco Toledo, Enrique Florescano y José Woldenberg, bajo la editorial Taurus; con loaboraciones de Lourdes Arizpe, Lucina Jimenez, Erneso Piedras y Carlos Monsiváis, entre otros.

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Yo participo con el texto “Un País Invisible. Escenarios independientes: Autoegestión, Colectivos, Cooperativas, Microempresas y Cultura Alternativa”

El libro es resultado de un coloquio que se celebró más de un año antes en Oaxaca y puede adruirirse por la web en la pagina de la librearía virtual de El Fondo de Cultura Económica

El texto es el siguiente:

Un País Invisible

Escenarios Independientes: Autogestión, Colectivos, Cooperativas, Microempresas Y Cultura Alternativa* 

“ah, qué cotidiana es la vida”

J. Laforgue 

 Las cuatro escenas culturales

 

En México un artista sólo puede prosperar mediante el subsidio estatal, las concesiones logradas con influencias, o a través del estrellato comercial que le otorgue cierta autonomía. Si eres artista visual, jazzista, roquero, escenógrafo, teatrero, titiritero, performancero, bailarín, etcétera, y no eres “famoso” como para que la iniciativa privada se interese por tu trabajo, no tienes más remedio que seguir presentándote en los circuitos universitarios o institucionales bastante saturados, o quedarte en la subterraneidad de siempre.

Si partimos de las diferentes formas de gestión cultural que hay en el país, sin fijarnos en los contenidos, el panorama cultural podría dividirse en cuatro escenas principales: A.- los espacios oficiales. B.- la escena de la industria cultural, C.-la escena subterránea y, D.- la escena alternativa heterodoxa.

 

A).-Los circuitos oficiales

Abarca los foros, museos, galerías y políticas administradas por instituciones culturales gubernamentales que siguen una lógica de gestión y programación vertical. Estos circuitos culturales institucionales son indispensables, pero no suficientes para responder a las crecientes necesidades culturales del país.

B).-La industria cultural y de entretenimiento

Incluye a las galerías y museos privados, las disqueras transnacionales, las revistas, la radio y la televisión comerciales, así como los foros concesionados a grandes empresas.

La Industria cultural es necesaria y, al margen de la calidad de sus ofertas, lo importante para nuestro tema es que tiende a la gestión vertical regida por la máxima ganancia. Como tal, es imposible esperar que su dinámica beneficie a las expresiones culturales emergentes, menos aún a las más heterodoxas. 

c).-La escena subterránea

La escena subterránea puede asociarse a las heterodoxias, a la contracultura y  las subculturas, pero su principal característica es que se ejerce dentro de las dinámicas de la economía informal. Lo natural es que estos proyectos subterráneos tiendan a crecer y desarrollarse hasta dejar atrás la economía informal, para insertarse en circuitos alternativos de pequeña economía, que es la cuarta escena. Al menos así sucede en otros países. 

D).-La escena alternativa independiente

Comprende actividades y espacios gestionados directamente por las comunidades de artistas o pequeños empresarios mediante cooperativas o colectivos no lucrativos, así como las micro, pequeña y mediana empresas. Aquí la profesionalización no se equipara necesariamente al superestrellato ni la fama[1], sino a la vida cotidiana. Es un sector que requiere de apoyo ante el dominio del gran mercado y el gran capital y que en México abarca aún una franja demasiado estrecha por carecer de condiciones para desarrollarse.

 

 

De la independencia como fatalidad a la reivindicación de la autonomía

Tanto la escena subterránea como la alternativa-independiente son menos visibles y son las que más se relacionan directamente con la vida cotidiana de las comunidades y los artistas (aunque no sólo ellas). Revisaré estas dos escenas mediante algunos casos ilustrativos. Comienzo con algunos hitos en el camino del rock mexicano hacia la independencia.

En los cincuenta y sesenta los roqueros debían esperar a que una discográfica comercial los contratara. A partir de 1971 y a raíz de Avándaro, las disqueras prácticamente se cerraron al rock local. Si bien surgieron algunas disqueras marginales que reivindicaban la independencia avocadas a géneros musicales que no eran atendidos por la gran industria, por ejemplo la nueva canción, estas iniciativas resultaron insuficientes ante la creciente diversificación de la oferta musical en el país. En esa década era caro acceder a la tecnología y los pocos roqueros que pudieron sacar su material por canales propios lo hicieron porque no tenían otra opción y no necesariamente por convicción autogestionaria. Por otro lado, recordemos también que entonces el rock era desdeñado por algunos sectores artísticos e intelectuales que lo consideraban pro-imperialista[2].

En 1985, a raíz de las movilizaciones relacionadas con el terremoto de la Ciudad de México, artistas de diferentes disciplinas organizaron conciertos de solidaridad que incluían artes visuales, performance, teatro, músicas varias, video, cine, danza, etcétera. Esta escena posterremoto coincidió con las tendencias del “hazlo por ti mismo” del punk. Una característica de ese universo cultural era su multidisciplinariedad y la segunda su autonomía, su tendencia a la autogestión.

Más adelante, alrededor de 1987, la industria discográfica mexicana descubrió que el rock mexicano también vendía, sin embargo fueron pocas las bandas contratadas por los grandes sellos. La mayoría de la producción musical se realizó mediante grabaciones independientes, principalmente en cassettes[3], ante la rotunda indiferencia de las disqueras corporativas. La independencia aún era vista por la mayoría de los propios roqueros como una fatalidad.

Durante los noventa, entusiasmadas por el auge del movimiento indie[4] en anglosajonia y en Europa, los corporativos mexicanos intentaron subirse a la cresta del movimiento y crearon disqueras “independientes” dentro de su seno. La primera fue discos Culebra, del grupo Bertelsman (BMG), que duró poco más de un lustro. Resultó imposible sostener la ficción de hacer pasar por independiente a un sub-sello desde un corporativo, como si se tratara de un marsupial. A pesar de que fueron las poderosas grandes disqueras mexicanas las que intentaron emular los sistemas creados por la escena musical independiente de España y Estados Unidos, el experimento fue inviable porque no existían en México las condiciones para divulgar los trabajos “independientes” sin las cantidades enormes de dinero que aceitaran las piezas del circuito del gran mercado[5].

Al terminar los noventa las disqueras convencionales cerraron sus subsellos. A su vez, los nuevos grupos dejaron de buscar a las discográficas trasnacionales y mejor se pusieron a sacar su trabajo por vías independientes, ya con una actitud reivindicativa.

Actualmente la búsqueda de la independencia se ve reforzada por el creciente acceso a las computadoras personales y a Internet, ahora incluso inalámbrica, es decir, móvil[6]. Hoy confluyen en México los grupos del rock indie como Porter, Bengala, Dynamite, Austin TV, Los Abandoned[7] y otros, con la escena de la electrónica (o basada en “estéticas digitales”) que, obviamente, encuentra su medio de distribución natural en la Web. A sellos como Konfort, Abolipop, Noise Control y netlabels como Filtro, la Red les acorta distancias y costos de producción y distribución.

Hoy puedes armar un estudio de grabación en tu recámara y distribuir una canción por la Red inmediatamente después de haberla producido. Además de redes como YouTube, MySpace, los blogs, etcétera, existen los white labels (discos sin etiquetas donde lo importante es el contenido y no el productor ni la disquera) y los discos virtuales que jamás se imprimen pues se descargan de Internet para ser escuchados en computadoras o en los reproductores mp3, el celular o el iPod. Esta circunstancia ha abierto la polémica sobre temas como la propiedad intelectual, el software libre, los derechos de autor, las licencias de creative commons y el copyleft. Temas que no se han introducido suficientemente en México y sí, por ejemplo, en España y Brasil.

 

Un país sin infraestructura independiente

Pero volvamos brevemente a los ochenta: mientras el rock alternativo se desarrolló en Estados Unidos gracias a que logró crear una infraestructura cultural compuesta por circuitos de foros, bares, radios estudiantiles, publicaciones y tiendas de discos[8], aquí en México no hay radio estudiantil[9], ni de barrio, ni suficientes emisoras comunitarias e indígenas que transmitan en su propia lengua[10], ni foros donde las diversas comunidades y generaciones culturales puedan reunirse de acuerdo a sus afinidades electivas[11].

Nada más natural que cada generación cultural busque siempre un sitio donde juntarse a intercambiar ideas, generar experiencias o presentar sus propuestas ante un público. Así, a fines de los ochenta en el DF se improvisaban galerías en casas privadas para realizar fiestas que eran, a la vez, exposiciones, como en la Quiñonera[12] (ahí debutó SEMEFO en 1990). O bien, un par de promotores culturales articulados en torno a una revista, como la Pusmoderna, se asociaba a un empresario para hacer sus fiestas multidisciplinarias en un bar, como fue el caso del Bar Nueve. Así mismo, de pronto un grupo de Djs rentaba una cantina del centro de la ciudad para realizar sus “reventones”. A veces, incluso, algunos promotores culturales se aventuraban a montar un bar cultural que, con el tiempo, sería cerrado por los inspectores delegacionales, o bien, una comunidad cultural lograba abrir algún foro independiente, como fue el caso del Bugambilia en los ochenta o el Multiforo Alicia hoy día.

Todos estos lugares fueron cerrando, entre otras razones, porque carecían de licencias, pero, si estos sitios no eran cantinas, bares, cabarets, discotecas ni table dance… ¿cómo podían tener licencias si no existía la figura legal para su perfil?

 

Escuelas “naturales” de arte

Estos foros estaban relacionados con la fiesta pero no se trataba de sitios de reventón exclusivamente. También formaban artistas y públicos sin que ello costara nada al erario.

 

En una entrevista Pedro Almodóvar rememora los ochenta madrileños, cuando la transición democrática española generó un festivo movimiento conocido como La Movida: “Pensando en esa época, lo más representativo y donde más tiempo pasábamos era el [bar] Rock Ola. Yo creo que fue como la gran universidad de aquellos años, algo que reflejaba lo que ocurría en el mundo”[13].

Fernando Toussaint revaloraba el papel del bar de jazz Arcano en el DF con motivo de una clausura sufrida en 1997: “Era la escuela de música que hacía falta en este país. El simple hecho de ir y ver lo que pasaba resultaba ya una escuelotota. Ahí se juntaban todas las generaciones vivas, desde Chilo Morán hasta Héctor Infanzón, y eso no se había dado en ningún otro lugar. El nivel de música que había en el Arcano no se daba desde hace mucho”.[14]

Se inauguró en julio de 1988. Además de ser un lugar de encuentro entre diferentes generaciones musicales, fue para los jazzistas un centro de información donde intercambiaban partituras fotocopiadas, clases videograbadas para instrumentistas y discos de todo el mundo (recordemos que antes de la llegada de Tower Records a México esta posibilidad era excepcional).

El Arcano programaba proyectos personales de jazzistas que se mantenían en cartelera el tiempo que necesitaran para consolidarse con el público, o de plano mostrar su inviabilidad; un lujo que un bar comercial no podría darse. Seguramente el actual auge de jazzistas de calidad en México le debe mucho a este foro de los ochenta.

 

Subsidio a la industria del entretenimiento

Al Arcano llegaban los mejores jazzistas de la ciudad para “palomear” después de haber pasado la semana “hueseando” con las estrellas televisivas. Porque, es triste decirlo, ante la falta de opciones para desarrollar sus propios proyectos, muchos instrumentistas terminan trabajando para las luminarias de la gran industria del entretenimiento, teniendo que interpretar un género musical que no es el que los motivó en un inicio para dedicarse a la música. En otras palabras, si el Estado invierte en escuelas de música y arte, ¿se trata de formar a artistas que no tengan dónde presentarse? En estas circunstancias, el gasto para la educación en escuelas de arte termina subsidiando a la gran industria, al formar cuadros de creadores desempleados o, si acaso, asalariados de las estrellas del entretenimiento: cineastas que deben hacer comerciales para vivir, actores que tienen que actuar en telenovelas, músicos que sólo pueden tocar para las megaestrellas televisivas, etc.

En cambio, fomentar la independencia cultural significa también generar  fuentes de empleo para artistas, pequeños promotores y operadores en general. Así mismo, los foros independientes son una forma de apropiarse y humanizar la ciudad, además de que pueden entenderse como trincheras de librepensamiento que enriquecen la diversidad de nuestra sociedad. Inclusive, para retomar la perspectiva de Almodovar, pueden considerarse como escuelas que, insisto, no le cuestan nada al erario público. En todo caso, son ya un reclamo de pluralidad por parte de una sociedad que busca decidir su propio destino.

A pesar de no ser un lugar de rock, el Arcano fue clausurado en varios momentos. Con motivo de una de estas clausuras, los miembros del grupo de jazz La Banda Elástica se preguntaron, con la ironía que les caracteriza, cómo era posible que su trabajo se considerara reventón si tocaban en el Arcano y, en cambio, fuera visto como cultura si actuaban en la Sala Carlos Chávez de la UNAM. Tal parecía ser la lógica de las autoridades que clausuraron el Arcano a la sazón: ¿la cultura debe ser diurna, aséptica y académica para considerarse como tal?

 

Una programación con sinergias

Estos foros suelen desarrollar sus propias estrategias de financiamiento. La Última Carcajada de la Cumbancha fue un espacio multicultural en los ochenta donde se presentaban libros, se hacían exposiciones de artes visuales, performances, teatro, y conciertos. Ahí se presentaron grupos internacionales que no interesaban a la gran industria por no ser de masas, pero que pronto serían muy famosos, por ejemplo Jane’s Adiction y Mano Negra. Y es que, por lo general los pequeños promotores suelen inclinarse por las propuestas emergentes ya que, más que lucrar, les interesa la actualidad de las propuestas, el estar conectado con lo que se está creando alrededor del mundo justo cuando comienza a surgir. Además de que lo nuevo suele ser aún accesible para los pequeños presupuestos.

El LUCC solía programar a algún grupo local de gran arrastre una vez al mes, por lo menos, como Caifanes, Fobia o Café Tacuba. Como el lugar se llenaba, con los ingresos de taquilla y la venta de cervezas financiaban las actividades de otros días, que eran las que convocaban menos público. A pesar de que su esquema de financiamiento fue eficaz, las varias clausuras por parte de la Delegación Benito Juárez terminaron por ahogarlos. Clausuras que obedecían a que los vecinos de la colonia de clase media donde se ubicaba no les gustaba ver pasar por sus calles a jóvenes estrafalarios.

En esa década surgieron diferentes foros multidisciplinarios efímeros, vinculados principalmente con la escena roquera, que inspiraron a espacios como Temístocles 44 y la Panadería de los años noventa, relacionados ya con el despegue internacional de las artes visuales mexicanas que hoy gozan de gran visibilidad y reconocimiento, incluso dentro del gran mercado mundial de arte contemporáneo.

 

Los noventa y las artes visuales

Ya Abraham Cruzvillegas contó la historia del espacio Temistocles 44, fundado el 31 de marzo de 1993 por un grupo de artistas. La narración de Abraham describe la naturalidad o espontaneidad que originó al espacio, más como un laboratorio de experimentación introspectiva que como un sitio para darse a conocer o posicionarse estratégicamente dentro del mercado del arte: “Después de algún tiempo en que comenzamos a reunirnos esporádicamente para hablar del trabajo de alguno de nosotros, ya fuera de manera organizada o espontáneamente, poco a poco, esa colectividad fue creciendo y consolidándose, por lo que decidimos hacer convocatorias más rigurosas  o -al menos- más ordenadas”, a las que se integrarían cada vez más artistas [15].

Como el Arcano, Temístocles 44  fue centro de intercambio de ideas: “Hacíamos fotocopias de los textos y catálogos que nos interesaban. Reuníamos un fajo de papeles procedentes de nuestras fuentes diversas, a veces contradictorias, los engrapábamos, los repartíamos, los leíamos y conversábamos, dando pie a la argumentación más que al consenso. Recuerdo textos teóricos, entrevistas con artistas, recortes del periódico, artículos de revistas y reseñas de nuestra propia autoría sobre exposiciones y eventos en los que algunos participábamos.”[16]

Según asienta Abraham Cruzvillegas, Temístocles 44 surgió como reacción al conformismo del mundo del arte y las instituciones culturales oficiales de la época. El espacio concluyó sus actividades en 1995, dejando en claro para sus integrantes las limitaciones de la autogestión y de las instituciones del país. En su crítica retrospectiva, Abraham llega incluso a cuestionar al FONCA por no responder a los proyectos culturales independientes no-lucrativos, surgidos desde abajo. Así, afirma que, desde su fundación, “el Fondo nacional para la Cultura y las Artes (FONCA), ha otorgado anualmente innumerables becas y apoyos a los creadores, sin por ello generar implícitamente estrategias o proyectos culturales independientes de larga duración”[17].

La experiencia de Temístocles 44 sería recogida y superada en muchos aspectos operativos por La Panadería[18], que fue un espacio colectivo fundado por los artistas Yoshua Okon, Miguel Calderón y varios más, inspirándose en otros espacios independientes de Canada (Système Parallèlle) y San Francisco (ATA).

No podemos revisar aquí todos los espacios lúdicos relacionados con las artes visuales, pero podemos detenernos un poco en La Panadería para aprovechar que Yoshua Okón elaboró una elocuente reflexión sobre su experiencia[19].

Para Yoshua, los logros de La Panadería fueron muchos: formó un público y creó un sentido de comunidad; impulsó la carrera de muchos artistas y sirvió de puente con el extranjero en un momento de aislamiento del país. Como el Arcano, provocó el diálogo y el intercambio de ideas entre personas que de otra forma no se habrían encontrado, además de que estableció contacto entre diversas generaciones de artistas, de clases sociales y de públicos[20].

Como escribe Yoshua Okón, la Panadería involucró a gente que no solía interesarse por el arte, en vez de favorecer únicamente al público especializado. Así mismo, respondió a la economía de lo pequeño, propia de la esfera alternativa independiente. Además, operó sin fines de lucro y con lo mínimo indispensable, “minimizando el presupuesto y la burocracia”[21].

No concebían una división entre profesión y vida cotidiana: “Durante las décadas de los setenta y ochenta existieron muy pocos lugares de reunión para artistas e intelectuales; todo esfuerzo artístico no-convencional generalmente era marginado, de manera que resultaba fácil aislarse. La Panadería se fundó como un esfuerzo por hacer algo al respecto, y más allá de ser un proyecto destinado a exponer obra, la intención primordial fue utilizar el espacio (y el arte) como herramientas para transformar nuestra forma de vida”[22].

Para la Panadería fue importante que el espacio sirviera para crear una comunidad que trascendiera los sectores y las clases: “debido a que el arte rebasa el terreno de lo estético, existe la necesidad de espacios públicos capaces de encauzar distintas energías y de estimular dinámicas de diálogo e interacción (entre individuos, clases sociales, disciplinas, generaciones, entre arte y cultura popular, representación y realidad, etc). La Panadería cuestionó la integridad y autonomía de la disciplina estética (la noción romántica del artista como un ser antisocial y autosuficiente) al crear una relación directa con su entorno (nacional e internacional) y lograr despertar un sentido de comunidad como requisito para la creación y como una finalidad de la creación”[23].

¿Qué es la autogestión?, ¿qué experiencia cotidiana implica en el mundo real este universo que se jacta de su independencia? Yoshua podría resumirla con una breve anécdota: “Independientemente de mi papel como artista y programador, en un mismo día podía ayudar a montar una exhibición, destapar un excusado, comer con el presidente de CONACULTA para solicitarle apoyo, ir a la delegación porque el local había sido clausurado, entrevistar candidatos para el equipo de trabajo del espacio, llevar a un artista austriaco de la residencia al doctor, e invitar a este mismo artista a cenar con amigos.” [24]

La Panadería operó sin licencia, porque figuras jurídicas que den cobertura a foros con conceptos de funcionamiento como el que ellos ejercían “no son facilitadas por la ley”[25].

 

El pánico moral contra los jóvenes: la contracultura y la identidad

Hasta aquí he hablado de espacios relacionados principalmente con comunidades y públicos de clase media, pero la necesidad de contar con lugares de reunión y experimentación es todavía más grave para las diferentes subculturas juveniles, sobre todo cuando se trata de cofradías de clase baja como son los punks, los skatos, los surfers, los góticos, etcétera, que en varias ciudades del país todavía tienen que esconderse.

El espacio no es sólo geografía ni simple ocupación de inmuebles, sino sobre todo una red de relaciones sociales. En el libro Cool places. Geographies of youth cultures, la profesora de geografía Doreen Massey afirma que el espacio es identidad: “Desde ser capaz de tener tu propio cuarto (al menos entre las familias ricas), hasta rolar en esquinas determinadas o en clubes donde va sólo la gente de tu edad, la construcción de la espacialidad puede ser un elemento importante para construir la identidad social”[26].

Doreen Massey enfatiza: “El control de la espacialidad es parte del proceso para definir la misma categoría social de juventud”[27]. Más adelante agrega que el control sobre el comportamiento espacial es parte de una lucha social acerca de qué es lo aceptable y qué no lo es respecto de las formas culturales juveniles[28].

En todo caso, en este país los jóvenes de clase baja no pueden confeccionar los lugares dónde juntarse de acuerdo a sus afinidades, más allá de las reuniones en las esquinas o frente a la abarrotería de la cuadra. Por el contrario, la política del Estado al respecto es propiciar el “pánico moral” contra las expresiones juveniles, como se ve en la implementación del toque de queda durante 2007 para los menores de edad en varias ciudades de provincia.

Esta situación también afecta a ciertas comunidades relacionadas con lo que en Francia se llaman las artes callejeras, como son el movimiento local de circo de cámara o circo sin animales, conformado por varios colectivos que requieren de espacios donde montar sus estructuras para sus trapecios y sus carpas. Lo mismo puede decirse del movimiento de tambores y bailes africanos, así como con las áreas más marginadas dentro de lo marginal, como son las expresiones de los jóvenes indígenas.

 

Contraculturas indígenas

En noviembre de 2001 tuvo lugar un insólito concierto de rock en Huautla de Jiménez, para el cual sugerí invitar a la banda chilanga Santa Sabina, que se convertió así en el primer grupo de rock fuereño que tocó para la juventud de la sierra mazateca. El grupo local fue Super Sapo (nombre que alude a su lugar de origen, Río Sapo, ubicado a tres horas de Huautla), integrado por miembros de la pandilla “los antis mazatecos”[29]. También tocó el grupo Huehuentones de Cuauhtémoc de Santa María Chilchotla (ubicado a 20 kilómetros al noroeste de Huautla), que es un grupo de instrumentos de viento que cantan corridos actuales en mazateco.

Entre el público estuvieron las pandillas los “Killers”, los “Warriors”, los “Duendes” y los “Batos Locos” (aunque cada una cambia de nombre cada vez que se les ocurre). Todos estos jóvenes viven su indigenidad a su manera, sin que eso signifique renegar de su comunidad ni de su identidad étnica. Para muchos pude resultar inverosímil que haya “bandas” entre los indígenas; para mí lo más importante radica en un gesto: la incredulidad de los chavos que, al ser ellos mismos quienes promocionaron el concierto mediante pintas en las bardas, súbitamente contaron con un permiso escrito firmado por la presidencia municipal para evitar ser molestados por la policía[30]. ¿Por qué este coyuntural ejemplo de tolerancia hacia los jóvenes no podría convertirse en una política permanente?

 

Lo que no es tradición es plagio: Juchitán

En mayo de 1997 asistí a una fiesta típica en Juchitán, con el clásico bailable tradicional musicalizado por una banda regional integrada por músicos muy jóvenes. Los instrumentos eran los tradicionales: un gran tambor grave, guitarras acústicas, flautas y la típica concha de tortuga percutida con un cuerno de venado. El público era de impacientes indígenas adolescentes que habían ido a escuchar… rock.

Al fin alguien anunció el turno de un grupo local de rock zapoteca y todos reaccionaron entusiastamente. Dicho grupo se llamaba Emociones Contradictorias que, para mi sorpresa, estaba integrado por los mismos músicos de la banda tradicional sólo que con otros instrumentos: en lugar del bombo colgado al cuello, las guitarras acústicas y la flauta  de madera, ahora tocaban una batería, guitarras con distorsionadores, un bajo eléctrico y un saxofón; el único instrumento que conservaron fue la concha de tortuga con su cuerno de venado. Su repertorio incluía “La Llorona” a ritmo de seis octavos (¡medida no muy frecuente en el rock!), conservando la letra original en zapoteco. El sonido era una manera de extender sus raíces -a pesar de que para muchos adultos de la localidad el grupo rompía con la tradición propia al tocar esa extraña música -. Es decir, su trabajo podría ser considerado vanguardia pura, donde la modernidad -que entiendo como tradición de la ruptura (Octavio Paz)-, era posible gracias a ese diálogo con lo más antiguo. Ser indígenas y modernos puede producir, efectivamente, una emoción contradictoria: al menos eso decían reivindicar valientemente estos chicos ante su  comunidad al llamar así a su grupo[31].

En este mismo sentido, desde 1990 detecté[32] que los artesanos otomíes del barro en Metepec, que hacen árboles de la vida durante el día, en la noche tocaban punk con su banda Orines de Puerco, al igual que Batalla Negativa, que cantaban punk en otomí. Más tarde supe que en Michoacán también había grupos de rap y rock en purépecha. Todo un mundo emergente aunque aún invisible[33].

 

Diálogo crítico y la tradición de la ruptura

Otro circuito de origen rural pero más visible, es el del son veracruzano, que actualmente se ha revitalizado. Su despegue se dio hace 20 años, cuando gente como Gilberto Gutiérrez del grupo Mono Blanco comenzó a crear talleres de laudería en distintos lugares del estado de Veracruz, motivando la proliferación de grupos como Son de Madera y Chuchumbé, entre otros. Ahora el proceso se ha acelerado y cada vez surgen agrupaciones más jóvenes, como es el caso de los Cojolites.

El circuito natural de esta música está en los fandangos que se realizan por todo el estado de Veracruz, pero el movimiento ha sabido crear redes con otras escenas del país, de Estados Unidos, del Caribe y Sudamérica. Además, la mayoría de los grupos tienen ya su propio sitio Web y utilizan MySpace, YouTube y los blogs para promoverse. Por si fuera poco, desde 2002 mantienen una comunidad virtual[34] donde los usuarios, radicados en Jáltipan Veracruz, en el DF, en la Huasteca Potosina o en países como España, comparten técnicas de laudería y versificación, noticias sobre nuevas grabaciones, invitaciones a fandangos y conciertos.

El género ha propiciado interés no sólo en las rancherías veracruzanas sino también entre los urbanitas. Al llegar a Tlacotalpan por carretera para la fiesta de La Candelaria puede uno ver a la orilla del camino hileras de jóvenes con sus mochilas, sus dreadlocks y sus aretes, caminando como si se dirigieran a un festival en Woodstock, pero en lugar de cargar guitarras eléctricas a sus espaldas, llevan sus jaranas dispuestas para pasar tres días y tres noches tocando en esa especie de rave campesino que es el fandango[35].

Alguna vez acabé debajo de una palapa en Tlacotalpan, comiendo tamales con Los Cojolites a la orilla del río Papaloapan. Cuando terminamos, como para reposar los alimentos recargados en los árboles, ellos cogieron sus instrumentos típicos, las jaranas, la leona y la quijada de burro pero, en lugar de tocar rolas de su repertorio tradicional, comenzaron a improvisar una versión en reggae de “La Bamba” y luego versiones jarochas de piezas de Manu Chao. Nada raro en ellos, porque Los Cojolites que viven en Jáltipan Veracruz, tenían entre 15 y 21 años y han crecido informados de lo que sucede alrededor del mundo oyendo lo mismo sones que rock[36].

 

Cofradías recónditas. Cultura con perspectiva comunitaria.

Volviendo a los barrios de la Ciudad de México, el multiforo cultural Alicia reúne cada noche a varias comunidades culturales: punkosos, surfers, hip-hoperos, hardcoreros, darks, etcétera, con lo cual quiero decir que el sitio es muy importante para varias corrientes, a pesar de ser muy pequeño, con una capacidad apenas de 300 personas. Reúne generaciones desde  los rupestres[37] de los setenta, que ahora andarán por los 50 años de edad, hasta los eskatos[38] que estarían en sus veinte.

El Foro Alicia se inauguró en 1995. Su director es Ignacio Pineda, quien en diciembre del 2000 me explicó su proyecto: “Aquí no se trata de ganar dinero rápidamente. Hay unos días que está vacío, otros se llena y por eso los gastos los pagamos poco a poco. Hacemos presentaciones de libros. Tenemos expos de artes plásticas, de video, de tatuajes y tenemos un sello discográfico. Los miércoles y los jueves la entrada es gratis, mientras que los viernes y sábados presentamos a grupos de todos los géneros y cobramos. Somos un colectivo de catorce personas que nos hemos mantenido en forma autónoma”[39].

Nacho tiene varios proyectos en mente, como crear una radio comunitaria, una editorial, un comedor vegetariano, un consultorio médico con precios accesible para los chavos. Una fonoteca de rock, jazz, blues, clásica, música étnica y popular mexicana de todos los años.

 

Redes

El Foro Alicia no es el único que mantiene una perspectiva semejante. En realidad, los espacios culturales independientes, si bien son distintos entre sí, pueden caracterizarse como interdisciplinarios, multiclasistas, no lucrativos y con perspectiva comunitaria, ya que suelen integrar a las comunidades simbólicas (de acuerdo a las diversas subculturas musicales que convocan), con las comunidad geográfica de la zona o barrio donde se ubique.

De hecho, a finales de 2001 distintas autoridades clausuraron varios espacios de este tipo, como el Circo Volador, el Café de Nadie y el propio Multiforo Alicia, por lo que tuvieron que reunirse para resistir conjuntamente. Entonces formamos la organización FEAS (Foro de Espacios Alternativos).

El FEAS exigía la reapertura de los foros, pero también pedía el reconocimiento de un estatus legal que les permitiera vender alcohol y protegiera las actividades culturales que, sobre todo por no ser lucrativas, les distinguen de un restaurante con variedad o de un cabaret (que son figuras estas últimas que sí existen en la Ley de Establecimientos Mercantiles[40]). Uno de los argumentos para sostener esta demanda era que, por no haber una figura legal que les legitime jurídicamente, los foros culturales carecen de licencia y, por lo tanto, funcionan de manera irregular, expuestos siempre a la clausura discrecional; situación agravada porque las actividades heterodoxas que realizan no siempre son bien vistas por las autoridades ni por el resto de la sociedad.

Otras demandas del FEAS eran contar con apoyos fiscales y la formación de una comisión mixta para dictaminar una política cultural de apoyo a los foros culturales alternativos. El FEAS se diluyó tan pronto volvieron a abrir los foros clausurados, pero la experiencia sería retomada por una nueva organización.

Así, poco después, en 2004 surgió RECIA, impulsada por un núcleo central conformado por el Multiforo Alicia, el Galerón, La Alberka (después Komplejo Kultural), La Danza[41], Fuga, El Circo Volador y la Pirámide[42]. Salvo los dos últimos foros semi independientes, todos los demás son completamente autónomos[43].

Además de los siete foros que conforman el núcleo central, RECIA logró articular en torno suyo a otros veinticinco proyectos del DF, como el Dada X, La Biblioteca Social Reconstruir, Café Negro, Clon Cyberzine, La Hormiga en Espiral, y Sauce Boxeador, así como a otros foros culturales en los estados de Veracruz (alrededor de doce), Chiapas, Durango, Tlaxcala, y en las ciudades de Puebla y Mexicali[44]. Sin embargo, RECIA es sólo una red paradigmática del fenómeno, pues tampoco congrega a todos los foros autónomos del país[45].

RECIA pugna por la creación de una licencia tipo C dentro de la Ley de Establecimientos Mercantiles, que es la ley que rige el funcionamiento de los establecimientos públicos de la Ciudad de México. Esta licencia tipo C debería permitir la venta de bebidas alcohólicas en los foros multiculturales, es decir, a aquellos establecimientos con un proyecto cultural específico. También plantean revisar la Ley de Fomento Cultural de la Ciudad, para que la categoría de Espacio Cultural Independiente Alternativo sea incluida en ella; además de que buscan revisar el Código Fiscal y el Código Financiero, que suelen afectar su funcionamiento al tratarlos como si fueran de empresas lucrativas. Otro aspecto destacable es el cuestionamiento al código de buen gobierno de la ciudad, que impide la repartición de volantes y prohíbe la fijación de carteles, es decir, que les cierra incluso los canales callejeros para la difusión de sus actividades, como si ellos pudieran pagar los anuncios espectaculares comerciales que inundan la ciudad, o las inserciones en la prensa o los espots en radio y televisión.

Los foros no tienen liquidez económica para acceder a las licencias de bar o de discotecas, que son carísimas, ni para solventar las mordidas que los inspectores delegacionales suelen pedir para no clausurar los espacios con cualquier excusa. Por ello mismo, piden que las visitas de esos inspectores sean preventivas y de asesoría, no intimidatorias, es decir que no se conviertan en amenaza de clausura para sacar mordidas por cualquier mínimo pretexto. Desde luego que estos foros tampoco plantean estar exentos de las medidas de impacto social y seguridad que debe presentar cualquier inmueble público para funcionar en la ciudad, como son el contar con salidas de emergencia o tener un aislante acústico para no molestar a los vecinos.

 

Gran mercado de arte y capital inmobiliario

Todos sabemos que con recursos económicos y relaciones políticas, de las que la mayoría de los foros independientes carecen, sí es posible soslayar requisitos legales como los mencionados más arriba. Por ejemplo, en ciertas zonas de la ciudad existen foros de cultura alternativa apoyados por las políticas públicas y por el gran capital, como sucede en el Centro Histórico que el gobierno busca dignificar, es decir, gentrificar.

El achicamiento del Estado parece abrirle paso a la plutocracia. Así, ahora se impulsa la gentrificación de algunas zonas de la ciudad, definida como la alianza entre el capital inmobiliario y el mercado de arte. En otras palabras, mediante el fomento a la cultura se busca limpiar las calles, lo cual evidentemente propicia el alza del precio del suelo. La gentrificación busca generar tejido social utilizando transitoriamente a los artistas bohemios, subterráneos y alternativos como “pioneros” para el adecentamiento de los arrabales depreciados, tal como ha sucedido en barrios como Pilsen en Chicago, East Village, SoHo y Williamsburg en Nueva York[46], Silverlake en Los Ángeles, o la Mision de San Francisco, según consignan autores como Neil Smith en su libro The New Urban Frontier. Gentrification and the revanchist city.[47]

Esperemos que el apoyo a estos espacios culturales alternativos en el Centro Histórico no sea transitorio sino permanente. De cualquier forma, el argumento de RECIA parece ser claro: pugnan por una ciudad donde la cultura sea posible para todos, no sólo para los sectores sociales apadrinados por el gran capital.

 

Crítica a la categoría de industrias culturales

En este sentido también es preocupante abordar el tema de las llamadas industrias culturales sin aclarar qué se entiende con ello, pues sólo parece aludirse implícitamente a las grandes empresas convencionales de la cultura y el entretenimiento.

El primer peligro que encuentro es que vuelva a suceder lo que pasó a principio de los años noventa en nombre de la modernización salinista. Ahora parece que, invocando a las industrias culturales, se busca abrir todavía más la puerta del erario sólo a la gran industria cultural y del entretenimiento regida por la lógica de la máxima ganancia, soslayando otras formas de gestión económica como son las que estamos revisando, es decir, las medianas y pequeñas empresas culturales, los colectivos, las cooperativas, las microempresas, y hasta los proyectos de artistas independientes que buscan desarrollar sus trabajos directamente, siguiendo lógicas económicas muy distintas a las regidas por el mencionado lucro máximo.

Porque no es lo mismo el restaurante-bar franquiciado Hard Rock Café, que el Multiforo Cultural Alicia, ni podemos comparar el Foro Sol con el foro La Pirámide. Tampoco es lo mismo la disquera trasnacional BMG/SONY, que los emergentes net labels (sellos en línea), como Filtro o Mandorla[48] o al sello Subunda. De la misma manera, no podemos confundir a la editorial Diana con Ediciones sin Nombre, por poner sólo unos cuantos ejemplos.

Evidentemente que esta confusión va en detrimento de los proyectos pequeños e independientes, que son los que, además, cobijan iniciativas culturales locales por estar vinculados a comunidades concretas, lejos de la abstracción del gran mercado.

Claro que la gran industria cultural y del entretenimiento es necesaria. Gracias a ella podemos ver en México a los megaestrellas del rock internacional, cuya presencia en el país estuvo impedida durante décadas debido al “pánico moral” priísta. Si bien las concesiones salinistas representaron una apertura hacia el rock gestionado por la gran industria, dicha apertura fue mínima y no puede conducirnos a olvidar al noventa y cinco por ciento de las otras expresiones culturales. Sí, la gran industria es necesaria, pero no la única imprescindible. En todo caso, debe entenderse que los cuatro escenarios culturales con los que comencé esta exposición podrían ser complementarios entre sí, tal como sucede ya en otros países[49].

Algunos intelectuales se han manifestado últimamente a favor de que el Estado apoye a las industrias culturales; acaso tengan razón en pedir que el Estado sea un “facilitador”[50], pero sólo sí lo es para los sectores con menos recursos, vinculados a las expresiones culturales y artísticas emergentes. Sectores estos que, según hemos visto aquí, experimentan con nuevas experiencias culturales y que no se inclinan por los artistas posicionados, que son los que sólo interesan a la gran industria.

 

“La economía sombra”

El reciente interés por las industrias culturales ha propiciado que se realicen estudios económicos cuantitativos sobre la cultura. Por ejemplo, en 2006 Eduardo Nivón coordinó la elaboración de un Plan estratégico de Desarrollo Cultural[51]  en el cual se cuantificaba la “inversión privada en cultura” tomando en cuenta sólo la inversión proveniente de las grandes empresas, sin considerar las inversiones (o los ejercicios de autofinanciamiento) realizadas por las propias comunidades, las cooperativas, los colectivos, las micro, pequeñas o medianas empresas, así como los mismos artistas de manera individual, que buscan desarrollar sus proyectos fuera de los circuitos de la gran industria.

Al igual que las escuelas de arte que ya vimos, los circuitos del subterráneo forman artistas que a la postre son aprovechados por las grandes empresas del entretenimiento sin que estas inviertan un sólo centavo en su formación. Por ejemplo, recordemos que dentro de la música rock las disqueras gastaban fortunas en los setenta para diseñar artistas y crearles una carrera de la nada, mientras que en los ochenta la gran industria discográfica cambió su política ya que descubrió que era mejor dejar que los artistas se formaran en las escenas subterráneas, esperar a que despuntaran y entonces sí, firmarlos para obtener ganancias sin haber gastado ni un centavo en ellos previamente[52]; a este fenómeno se le conoció precisamente como rock alternativo o rock indie en Estados Unidos y en Inglaterra, respectivamente[53].

Por su parte, Ernesto Piedras publicó recientemente un artículo[54] que revisa con cuatro años de distancia los planteamientos en su célebre libro de 2004 ¿Cuánto vale la cultura? Contribución económica de las industrias protegidas por los derechos de autor en México[55]. Piedras registra en dicho artículo un avance sintomático de lo que llama la “economía sombra” de la cultura, entendida como las “actividades informales e ilegales”. Si bien el enunciado  resulta difuso, pues no aclara si incluye a las pequeñas economías, no todas necesariamente informales, que aquí estamos considerando dentro de lo alternativo e independiente, el autor constata que es precisamente este rubro de la “economía sombra” el que más creció en el periodo de 1998 a 2003.

Como concluye Ernesto Piedras: “En buena medida, la explicación debe caer en el campo de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones (Internet, mp3, iPod, banda ancha, laptops, celulares, consolas de juegos, videojuegos, blogs, comunidades virtuales, etc.) que, efectivamente, han expandido las capacidades tanto de los creadores de bienes y servicios creativos de contenido simbólico como del conjunto de la sociedad que los adopta o consume”. Es necesario profundizar en esta área o, como afirma el propio Piedras, aún hace falta “una revisión seria de las nociones de formalidad e informalidad”.

 

La tribu del pulgar[56]

En efecto, la tecnología, y no sólo la digital, ha generado la necesidad (y la posibilidad relativa) de participación social para nuevos sectores. A su vez, lo que sí han propiciado las nuevas tecnologías es la aceleración de estos procesos y, sobre todo, su contundentemente visibilización.  Desde la invención de la imprenta hasta la aparición de la computadora, o desde el invento del cilindro de cera que permitió registrar permanentemente el sonido, hasta el lanzamiento de la tornamesa, los hallazgos tecnológicos normalizados en la vida cotidiana de cada vez más segmentos de la población, han reciclado el choque entre la gestión horizontal de la tecnología (y los valores culturales asociados a ella), versus la gestión vertical de los corporativos que imponen un consumo pasivo[57]. Así, la generación del Web2.0, caracterizada por la creación de redes horizontales y la conectividad móvil, no ha creado sino simplemente ha acelerado la tendencia de las subculturas hacia la autogestión.

Por lo demás, respecto al piarataje que menciona Ernesto Piedras, al menos para el análisis dentro del campo de la música, debemos distinguir entre el pirataje organizado y el pirataje circunstancial, el primero relacionado con la corrupción y los grupos organizados, mientras que el segundo con los fans.

Por último, en muchos casos se habla de una crisis del disco relacionada con el pirataje, pero no lo considero apropiado ya que el CD sigue utilizándose como soporte. Más bien se trata de una crisis para las políticas de abuso y dispendio por parte de los ejecutivos de las grandes disqueras, como bien ha documentado Diego Marique, entre muchos analistas[58].


Turismo cultural y lo autentico local

Otra arista de la política cultural y las políticas públicas recientemente puesta de moda es el turismo cultural, pero cuya concepción suele reducirse al turismo convencional que sólo beneficia a la gran industria turística. Es decir, una vez más se deja fuera al turismo juvenil alternativo, el cual es definido por la sociología como el viajero que se interesa por lo “auténtico local”. Me refiero a aquel que no busca el resort turístico, sino acceder a la cultura y las formas de vida de las comunidades locales[59].

Este turismo juvenil alternativo, que podríamos llamar aquí “de mochila al hombro”, genera una derrama económica que en México no es calibrada por las actuales estadísticas del turismo, debido a que no se hospeda en los grandes hoteles ni consume en los restaurantes de la industria convencional organizada, sino en loncherías y mercados locales y que, así mismo, le interesa asistir, precisamente, a actividades culturales impulsadas por los movimientos alternativos locales, como son el rock y la electrónica mexicanos o bien el son jarocho y las exposiciones de artes visuales en galerías domésticas, entre tantos otros movimientos culturales. Al respecto, es importante considerar el caso de una ciudad como Ámsterdam, Holanda, país que concibe al turismo juvenil alternativo como un gran generador de divisas y por eso fomenta la cultura independiente local incluso con subsidios proporcionales, otorgando a algunos proyectos específicos un diez por ciento extra respecto a sus recursos autogenerados[60].

 

Experiencia acumulada y memoria histórica o el mito de Sísifo

En efecto, en los sesenta, con el auge de los movimientos juveniles y estudiantiles por todo el mundo, los gobiernos de países como Holanda no reprimieron a sus heterodoxos, sino que les permitieron concretar sus formas naturales de organización y las reglamentaron, logrando así su protección a largo plazo. Hoy día hay en Ámsterdam foros históricos como Paradiso, que funciona dentro de una iglesia abandonada, o bien Melkeweg, que quiere decir La Vía Láctea (pues su inmueble fue una fábrica de leche abandonada de cinco pisos). Por su parte, en Viena existe el WUK[61] en lo que fue una inmensa fábrica de ferrocarriles abandonada, y estos son sólo algunos casos. Todos estos foros llevan funcionando desde los sesenta y setenta en sus respectivos países, por eso cuentan con una experiencia acumulada que les permite ofrecer mejores servicios y programas. En cambio, aquí cada nueva generación cultural debe empezar de cero, como en el mito de Sísifo.

La utopía

Imaginemos una compañía de danza joven o de teatro emergente que rentara un galerón en algún barrio no gentrificado, pagando una mensualidad accesible de alquiler. Ahí, la compañía podría montar una barra de bebidas, poner mesas y armar una tarima para presentar sus coreografías con cierta periodicidad. Cuando no hubiera funciones de alguna compañía, el espacio funcionaría como bar y centro de reunión para sus cofrades, financiando así su proyecto dancístico. Pues bien, conocí un lugar semejante en Sevilla, llamado En Danza, el cual presentaba conciertos de grupos emergentes y entre semana se convertía en escuela. Estuve ahí una noche hace cinco años para ver a El Bicho, un novel grupo de rock sicodélico fusionado con música flamenca. Volví a visitar el lugar al día siguiente, en horas diurnas, y encontré a diversas compañías subterráneas de danza brasileña, contemporánea y de flamenco, así como de circo de cámara. Incluso rentaba el salón principal a una célebre compañía profesional, de uno de los mejores bailaores de la actualidad, Farruquito. El caso es que el día de mi visita lo encontré ensayando acompañado por Manuel Molina en la guitarra, el mítico guitarrista del dueto Lola y Manuel. Pues bien, la barra, los conciertos y el alquiler de espacios financiaban las actividades artísticas de En Danza.

Final

Fomentar la independencia no significa achicar el gasto público en cultura para adelgazar al Estado. No, el Estado debe invertir también directamente en cultura. Lo que se requiere, sí, es analizar la forma en que se toman las decisiones respecto a dicho gasto, sin dispendios ni clientelismos.

Al mismo tiempo, y en términos gramscianos, la radio alternativa y comunitaria, los foros culturales independientes, los bares culturales, o relacionados con espectáculos, las revistas, las publicaciones, los fanzines, los discos independientes, la música alternativa al mainstream, las galerías independientes, etcétera, pueden considerarse también como diques de resistencia ciudadana contra los avances del autoritarismo monocultural expresado ya sea en sus formas estatales, civiles, o por la homologación que impone el libre mercado.

Estas culturas emergentes y heterodoxas representan ejercicios de librepensamiento que requieren de espacios gestionados por las comunidades culturales, donde las prácticas artísticas de la sociedad civil se materialicen de acuerdo a la identidad de cada comunidad concreta, generación o propuesta, independientemente de ideologías clientelares, partidos, sistemas o sexenios.

Hemos visto cómo el arte y la cultura de raíz articulan su sentido en la cotidianidad para los artistas y sus comunidades. Más que aspirar al reconocimiento estatal, de alguna galería comercial o de un productor corporativo, para muchos creadores se trata de fortalecer sus circuitos y sus formas de vida diaria, donde la profesionalización sea resultado de la cotidianeidad, no necesariamente del estrellato[62].

Nadie puede crear o sembrar artificialmente estos espacios, pero sí diseñar políticas de fomento cultural y abrir políticas públicas basadas en la tolerancia para que, por sí misma florezca, aún más, la iniciativa cultural y felizmente disímbola, de la ciudadanía.

 


* Por razones de espacio, el presente texto no se ocupa del campo de la radio, las editoriales, las revistas independientes, etcétera, sino principalmente de los campos del rock y de las artes visuales.

[1] Acerca de la diferencia entre profesionalización y fama en el rock, véase Paredes Pacho, José Luis, Rock Mexicano, Sonidos de la Calle. Aguirre y Beltrán, Pesebre, México, 1992.pp. 126-130.

[2] Mientras tanto, en el campo de las artes visuales surgieron “los grupos”, que buscaban en un inicio otras posibilidades de praxis  frente a los museos y galerías institucionales. Dentro de la escena de las artes visuales, un espacio independiente y multidisciplinario que incluyó al rock, fue el Centro Proceso Pentágono, inaugurado el 10 de junio de 1979; cf. Vargas Plata, Itzel. Arte no objetual en México. Cambios de sentido y de valor en las propuestas artísticas heterodoxas 1970-2000. Tesis para obtener el título de Licenciatura en Historia del Arte por la Universidad Iberoamericana, México, 2001.

[3] Véase Paredes Pacho, José Luis, Rock Mexicano, Sonidos de la Calle, Aguirre y Beltrán, Pesebre, México, 1992.pp. 14-16.

[4] Según la Wikipedia: “El término indie proviene del inglés independent -independiente en español- y se refiere en general a cualquiera de los géneros, panoramas, subculturas y atributos estilísticos y culturales, con un acercamiento autónomo y un nivel de planteamiento que se reduce al lema hazlo tú mismo.”

[5] Es decir, la iniciativa del español Jesús López, entonces director de BMG, fracasó porque no existía en México la infraestructura independiente como en los países que le inspiraron. Véase la interesante entrevista a Jesús López en La Banda Elástica, Vol. 9,  Número 39, diciembre-enero 2001, Los Ángeles, California. P.70.

[6] Cf. Rheingold, Howard. Multitudes inteligentes. La próxima revolución social. Ed. Gedisa, Barcelona, 2004. Véase también, Paredes Pacho, José Luis. “El movimiento indie” en Nexos, marzo 2007.

[7] Resulta impresionante la proliferación de bandas indies en plena época de crisis de las disqueras corporativas. Para constatar el ímpetu y la diversidad multirreferencial de estilos “roqueros” que hay en la Capital, véase la excelente guía Sonidos Urbanos, 150 Bandas 2000-2005 MX/DF, editado por María Fernanda Olvera. Edición de autor, México DF, 2007.

[8] Para un análisis sobre el rock alternativo y su ambivalente relación con la gran industria en los EEUU, véase Paredes Pacho, José Luis, Rock Mexicano, Sonidos de la Calle, Aguirre y Beltrán, Pesebre, México, 1992.pp. 99-103. Si bien esta complementariedad es aún lejana en nuestro país, hay que destacar que el festival corporativo Vive Latino presenta cada vez más a grupos surgidos del subterráneo, por ejemplo, del Foro Alicia.

[9] Lo más cercano al modelo estadounidense del collage radio en México, es la emisora Radio Ibero, pero sin serlo estrictamente hablando. Para más información sobre los collage radios véase, Paredes Pacho, José Luis, Rock Mexicano, Sonidos de la Calle, Aguirre y Beltrán, Pesebre, México, 1992

[10] Durante los noventa se expandió el movimiento de radio pirata, fue un reflejo de esta necesidad de comunicación plural y una reacción conciente contra la inaccesibilidad de las frecuencias radiofónicas. Hoy día, la radio por Internet representa un nuevo horizonte de posibilidades para estas tendencias.

[11] En Europa existen desde tiempo atrás diferentes espacios que conforman estos circuitos independientes: bares, cafés, foros culturales, casas de cultura autogestionadas, centros sociales a la italiana, festivales al aire libre, etcétera.

[12] El Salón des Artistas-Salón des Aztecas (1988) fue otro espacio multidisciplinario importante para las artes visuales (ahí debutó el grupo de rock Santa Sabina, lo cual muestra la interdisciplinariedad o el cruce de las escenas, en este caso desde el campo de las artes visuales).

[13] Gallero, José Luis, Sólo se vive una vez. La Movida Madrileña, ED. Ardora, Madrid, 1991. Subrayado mío.

[14] CF. Pacho, “Escuelas naturales de música” en columna Ruidos de la Calle, sección cultura, diario Reforma, agosto 8 de 1997, p.2c. También puede verse Pacho, “Los foros musicales y los mitos discográficos”, en columna Ruidos de la Calle, sección cultura, diario Reforma, agosto 22 de 1997, p. 2c. Pacho, “Arcanos y nostalgias”, en columna Ruidos de la Calle, sección cultura, diario Reforma, agosto 15 de 1997, p. 2c.

[15] Cruzvillegas, Abraham, “Temístocles 44: ¡¿Qué parió?!”, en Escultura Social, a New Generation of Art from Mexico City. Rodrigues Widholm, Julie, ED. Museum of Contemporary Art Chicago /Yale University Press, New Haven and London, 2008,p. 111.

[16] El relato de Abraham está lleno de color anecdótico que ilustra el funcionamiento de estos espacios y su valor para los artistas: “Todavía conservo una carpeta, con huellas circulares de cerveza, que contiene la traducción de los prolegómenos de Piero Manzoni y los manifiestos spazialistas de Lucio Fontana, la traducción de una entrevista con Gerhard Richter, una reseña sobre la Documenta, la línea de tabajo/línea de vida de Joseph Beuys, fragmentos de Lipstick Traces: A Secret History of the Twentieth Century de Greil Marcus, de La sociedad del espectáculo de Guy Débord…” Idem supra, p. 112.

[17] Idem supra, p.111.

[18] Okón, Yoshua, “Introducción”. La Panadería 1994-2002, Turner, México DF, p.p.7 y 9.

[19] El espacio sintetizó la experiencia hacia la autonomía de los ochenta y noventa. Yoshua es conciente de esa herencia: “La Panadería se alimentó también de una actitud común en México a fines de los ochenta y durante los noventa, la cual surgió como respuesta al estado de estancamiento y descomposición que sufrían las instituciones en general. La sociedad tomó conciencia más amplia de que podía organizase de manera efectiva e independiente del Estado”, en Okón, Yoshua, “Introducción”. La Panadería 1994-2002, Turner, México DF, p.9. El subrayado es mío.

[20] Okón, Yoshua, “Introducción”. La Panadería 1994-2002, Turner, México DF, pp. 7-12.

[21] Okón, Yoshua, “Introducción”. La Panadería 1994-2002, Turner, México DF, p.12.

[22] El contexto en el que surge la Panadería es visto de la siguiente manera por Yoshua: “Tomando en cuenta que los artistas requieren trabajar dentro de una circunstancia social particular para desarrollar e impulsar su trabajo, sin la infraestructura necesaria los esfuerzos culturales terminan fácilmente aislados, debilitados, e incluso, perdidos”. Idem supra, p. 9.

[23] Idem supra, pp. 10-15. El subrayado es mío.

[24] Idem supra, p. 8.

[25] Idem supra, p. 12. Por cierto que La Panadería era un inmueble propiedad de la familia de Yoshua Okón, lo cual les facilitó enormemente las cosas.

[26] “From  being able to have a room of one’s own (at least in richer families), to hanging out on particular corners, to clubs where only your own age group goes, the construction of spatiality can be an important element in building a social identity.”, véase Massey, Doreen, “The spatial construction of youth cultures”, en Cool places. Geographies of youth cultures. Skelton, Tracey y Valentine, Gill, editores, Routledge, London, 1998, p. 128.

[27] “The control of spatiality is part of the process of defining the social category of ‘youth’ itself.”, ibid., p.127.

[28] Esto lo afirma al analizar a las congregaciones juveniles nómadas de la Gran Bretaña de los noventa, conocidas como los New Age Travellers: “Aquí, el control sobre el comportamiento espacial fue parte de una lucha social acerca de qué es lo aceptable y qué no lo es respecto de las formas juveniles culturales” (“here,then, control of spatial behaviour was part of a social  struggle over what are/are not acceptable forms of youth culture.”), ibid., p.128.

[29] CF. Paredes Pacho, José Luis, “Heterodoxias indígenas”, en Ruidos de la Calle, sección cultural diario Reforma, México, 26 de octubre de 2001, p. 2c.

[30] CF. Paredes Pacho, José Luis, “Heterodoxias indígenas”, en columna Ruidos de la Calle, sección cultural diario Reforma, México, 26 de octubre de 2001, p.2c.

[31] Pacho, “Emociones Contradictorias”, en columna Ruidos de la Calle, sección cultura, diario Reforma, México DF, 19 de septiembre, 1997, 3c.

[32] Véase Paredes Pacho, José Luis, Rock Mexicano, Sonidos de la Calle, Aguirre y Beltrán, Pesebre, México, 1992.pp. 33-36.

[33] Véase Martinez, Ruben. Crossing Over. a mexican family on the migrant trail. Metropolitan Books, Nueva York, 2001. Hay una pésima traducción al español: Cruzando la frontera. la crónica implacable de una familia mexicana que emigra a Estados Unidos. Planeta. México, 2003.

[35] Cf. Pacho, “Las jaranas”, en columna Ruidos de la Calle, sección cultura, diario Reforma, México DF, 13 de febrero de 2003, 7c.

[36] Cf. Pacho, “Un after hours tropical”, en en columna Ruidos de la Calle,  sección cultura, diario Reforma, México DF, 9 de febrero de 2001, p. 2c.

 

[37] Los rupestres fueron una comunidad de roqueros aglutinados en torno a un manifiesto redactado por Rockdrigo González, caracterizados primordialmente por una lírica influida por la Nueva Canción y un sonido basado en el rithm and blues.

[38] Eskatos es el nombre coloquial para referirse a los seguidores del género musical conocido como ska.

[39] Entrevista grabada con Ignacio Pineda, diciembre 2000. Cf. también Pacho, “Alicia en el país de las fantasías”, en columna Ruidos de la Calle, sección cultural, diario Reforma, México DF, 26 de enero de 2001, p. 2c.

[40] La Ley de Establecimientos Mercantiles del DF es la que rige el funcionamiento de los establecimientos públicos en la Ciudad.

[41] Al momento de escribir estas notas, el foro cultural La Danza y La Alberka-Komplejo Kultural se hallan cerrados.

[42] Para una semblanza de La Pirámide y su intento de clausura, véase Pacho, “La Pirámide”, en columna Ruidos de la Calle, sección cultura, diario Reforma, México DF, 23 de abril, 2004, p. 7c.

[43] Considero sugerente destacar que el foro Fuga consiste en realidad en un espacio virtual.

[44] Para mayor información sobre RECIA, puede consultarse http://www.recia.org

[46] Sobre la gentrificación del East Village de Manhattan llevada a cabo por Rudolph Giuliani y la consiguiente resistencia de los centros culturales de la zona, así como del movimiento de jardines comunitarios en contra de los ataques del alcalde de Nueva York, movimiento que fue apoyado por gente como Susan Sarandon, véase Paredes Pacho, José Luis, “Crónicas de Nueva York”, en columna Ruidos de la Calle, sección  cultural del diario Reforma, México DF, 20 de octubre, de 1999, p. 2c. y 29 de octubre de 1999, p. 2c. 5 de noviembre 1999, p. 2c. y 12 de noviembre de 1999 p. 4c.

[47] Smith, Neil,The New Urban Frontier. Gentrification and the revanchist city. Routledge, New York, 1996.

[48] Entre los sellos independientes también hay diferencias, por ejemplo, no es lo mismo Discos Corazón (que emplea una forma de gestión convencional aunque en pequeño) a los sellos electrónicos o emergentes. Cf. La Memoria del Primer y Segundo Encuentro de Disqueras Independientes 2004 y 2005, realizados en el Museo Diego Rivera Anahuacalli: Disqueras Independientes, editadas por la Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial de la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM, México, DF; 2006.

[49] Véase Paredes Pacho, José Luis, Rock Mexicano, Sonidos de la Calle, Aguirre y Beltrán, Pesebre, México, 1992.pp. 99-103

[50] Sabina Berman ha insistido sobre el estado Facilitador para las empresas culturales, sin especificar matiz alguno. Véase, por ejemplo, Berman, Sabina y Jiménez, Lucina, Democracia Cultural, una conversación a cuatro manos. Fondo de Cultura Económica, México DF, 2006. Sabina Berman ha insistido sobre el estado Facilitador de las empresas culturales, sin especificar matiz alguno.

[51] CF.Nivón Bolán, Eduardo, coordinador, Políticas Culturales en México:  2006-2020. Hacia un Plan estratégico de Desarrollo Cultural. Universidad de Guadalajara/ Miguel Ángel Porrua, Guadalajara Jalisco, México 2006. Véase también los comentarios críticos a este plan estratégico en Robles, Mara y Rodríguez Banda Alfredo, compiladores, Políticas Culturales en México, 2006-2020. Hacia un Plan estratégico de Desarrollo Cultural. Universidad de Guadalajara, Guadalajara Jalisco, México 2006.

[52] Véase Paredes Pacho, José Luis, “Rock Mexicano, Sonidos de la Calle”. Aguirre Beltrán Ed. México DF, 1992.

[53] Lo anterior sin mencionar que en un nivel doméstico, de entrada, formar una banda de rock, o comprar una videocámara para los artistas visuales o los cineastas, etcétera, genera igualmente gastos que podrían considerarse como una inversión de los mismos jóvenes artistas. Cf. “¿Cuánto cuesta armar una banda de rock? ¡Cuánto cuestan los instrumentos y la habitación dónde ensayar?” en Reforma, suplemento cultural dominical El Ángel, 30 de octubre de 2005.

[54] Piedras, Ernesto, “Indicadores de cultura. Industrias culturales en México: una actualización de los cálculos al 2003”, en revista  Este País, Número 203, Febrero 2008, México DF, pp.26-27.

[55] Piedras, Ernesto, ¿Cuánto vale la cultura? Contribución económica de las industrias protegidas por los derechos de autor en México. CONACULTA/SOGEM/, México, 2004.

[56] Oyayubisoku significa  “tribu del pulgar” y es la forma en que algunos se refieren a los tokiotas adeptos a los mensajes de texto a través de los télefonos celulares (keitai).  Para un estudio del fenómeno Cf. Rheingold, Howard. Multitudes inteligentes. La próxima revolución social. Ed. Gedisa, Barcelona, 2004, pp.31-40.

[57] Una tensión que nunca termina por resolverse, aunque a veces un avance tecnológico llegue a expandir las posibilidades de gestión directa y hasta a generar nuevos campos culturales. Por ejemplo, la aparición del personaje más emblemático de la cultura del baile electrónico, el DJ, fue factible sólo a partir de la posibilidad de registrar el sonido. “en todo régimen tecnológico hay personas que inventan una nueva herramienta, personas que la fabrican y la venden (junto con sus accionistas y los políticos en quienes influyen dichos accionistas), y, por último, usuarios finales que a veces emplean la tecnología de modos imprevistos para los inventores, vendedores o reguladores.Cada uno de estos grupos tiene intereses diferentes y contempla la herramienta desde una perspectiva distinta”. Cf. Rheingold, Howard. Multitudes inteligentes. La próxima revolución social. Ed. Gedisa, Barcelona, 2004, p.31

[58] Cf., Manrique, Diego A. “No más siervos”, en columna Universos paralelos, diario El País, sección vida y artes, Madrid, lunes 28 de enero de 2008, p. 42. También puede documentarse las nuevas políticas de insólito abuso implementadas recientemente por las disqueras, que ahora imponen el llamado full right, dirigido a cobrar porcentajes entre el 10 y el 20%  en los ingresos de los artistas, ya no sólo por la venta y ejecución publica de sus grabaciones discográficas, sino incluso en todas las demás actividades que se desempeñen los músicos, desde conciertos en vivo, hasta sincronización fílmica; cf. García, Juan Carlos, “Traen a raya su talento”, diario Reforma, sección Gente, martes 12 de febrero del 2008, p. 2. Para una propuesta de una política de estado hacia las disqueras independientes, véase Paredes Pacho, José Luis, “¿El disco ha muerto?” en la memoria Disqueras Independientes, Primer y Segundo Encuentros y Ferias de Disqueras Independientes 2004-2005, Museo Diego Rivera Anahuacalli/Coordinación de Difusión Cultural, Dirección General de Publicaciones y Fomento Cultural UNAM/, México 2006,  28-32

[59] También se define como el turista que no utiliza la fran industria del turismo para organizer su viaje. CF. Desforgues, Lukes, “’Chequing Out The Planet’: Global Representations/Local Identities and Youth Travel”, en Cool Places. Geographies of Youth Culture.  Skeleton ED., Roudledge, London 1998.p.175.

[60] Pacho, “Los puentes del Paradiso en la tierra”, en La Jornada Semanal, 2 de junio de 1996, pp. 7-8. Y http://www.jornada.unam.mx/1996/06/02/sem-pacho.html

[61] Cf. Paredes Pacho, José Luis, “De Memoria”, en La Jornada Semanal, 9 de febrero de 1997, pp. 4-5. Y http://www.jornada.unam.mx/1997/02/09/sem-pacho.html

[62] Como escribe Michael Azerrad respecto al punk y el rock indie: “El subterráneo indie permitió que una forma de vida modesta fuera no solamente atractiva, sino incluso un imperativo moral categórico”, en Azerrad, Michael, Our band could be your life: scenes from the American indie underground 10981-1991, Little, Brown and Company, Julio 2001. P.6

 

 

 

 

 

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TOSHI ICHIYANAGI y TADANORI YOKOO

Posted by pachoj en marzo 19, 2008

Ando en busca ded este disco, pero con tradicción de las letrs del japonés. Se trata de una Ópera de TOSHI ICHIYANAGI (4 de febrero, 1933), compositor japonés que estuvo casado con Yoko Ono entre 1956 y 1963. Logró mezclar con éxito instrumentos japoneses tradicionales con instrumentos occidentales (como en su pieza Kaiki). El disco que busco es su Ópera de música electrónica compuesta en 1968, basada en los trabajos de TADANORI YOKOO, quien ilustró la portada que se ve en la foto.

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Compré el disc pero no traía versión en inglés de los textos. Claro que visualmente seguía siendo atractivo, por la belleza del trabajo “feista” y naif de Tadanori.

Tadanori (1963) tuvo tanta influencia de la cultura pop de los sesenta, que se le consideraba como el Andy Warhol japonés. Comenzó como diseñador de escenografías dentro del teatro vanguardista de Tokyo. reconoce la influencia de Akira Kurosawa y Yukio Mishima dentro de su trabajo. Aunque yo no veo la relación, también se dice que tiene influencia del Push Pin Studio de NY, particularmente de Milton Glaser (creador del logo con el corazoncito de I Love NY), así como de Seymour Chwast (ilustrador de las portadas de la revista The Nation). En todo caso, durante los sesenta Tadanori se clavó en la sicodelia misticoide y se fue a la India, como si fuera un occidental jipiteca de california. En 1968 fue incluido en una colectiva en el MoMa, donde cuatro años después tuvo una expo individual. En 1981 dejó el diseño para dedicarse a la pintura. 

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Ya entrado en el tema, por si algun amigo anda por tiendas de rarezas, me encantaría consegiur la película eros Plus Massacre (1970), dirigida por Yoshishige Yoshida, escrita en colaboración con Masahiro Yamada y con un sound track, precsiamente, de Toshi Ichinagi. Pero si la hallan, ¡serciórense de que tenga subtítulos en inglés!

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La peli es en blanco y negro y es la biografía de Sakae Osugi, anarquista asesinado por el ejercito japonés en 1923 que, además, defendía la idea del amor libre, tema que se incluye mediante triángulso amorosos en la trama de la película, de ahí el título.

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Harajuku

Posted by pachoj en febrero 24, 2008

En Tokio hay una especie de Tianguis del Chopo en el distrito de Harajuku. Más que un tianguis cultural es un punto de encuentro, aunque sí hay una calle peatonal llena de comercios de todo tipo, nada parecido a un tianguis de comercio informal ¿a ests alturas podría aber alguna atividad de economía informal en ese país?

Más bien es una mezcla de San Marks Place de NYC, o de Camden Town y Carnaby street de Londres, con tiendas establecidas que se nutren de los diseños de los chavos callejeros y venden ropa como esta:

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En harajuku se juntan todos los chavillos estrafalarios de la capital nipona, con la singularidad de que las modas o las subculturas son multirreferenciales. Van desde la refuncionalización del kimono, las sandalias  getal, o los uniformes escolares orientaleshasta ropa occidental convencioal como el traje con corbata, o bien,  la perversión del punk, el jipismo, los neotribalismos, el sadomasoquismo, y todo aquel look de la cultura pop occidental que desde la mirada oriental pueda resonar como extravagante.En la foto de aquí abajo podemos ver ropas que parecen emular a las Lolitas, los góticos, los emos y algo de punks. La moda como una obra de arte personalizada:

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Es, en efecto, el lugar donde  el fotógafo  Shoichi Aoki que publicó un libro bajo la editorial Phaidon, quien reporta en la presentación de sus fotografías que estos chicos estrafalarios también acuñaron un término para referirse a los ornamentos (o accesorios les llamarían en la jerga del mundo de la moda de alta costura) que produicen sonidos, es decir, juguetes y accesorios de plastico y metal que tintinean, bautizados por los protagonistas como Decora. Para los jovenes nipones, es una forma de resistir, según díce Aoki, a la uniformación gris del mundo establecido.

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Boda japonesa

Posted by pachoj en febrero 24, 2008

Esparta y Sakiko Yokoo, mejor conocida como Saki,  se casaron el 2 de diciembre de 2007.  Me han mandado una invitación y esta foto. Lástima que es hasta Tokio. ¡Es impresionante lo bella que se ve la Saki!¡¡Felicidades para ambos!!saki-y-espa-boda.jpg

Con la foto e invitación de la boda, me mandaron unas de la compañia de danza butho de Espartha: 

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Visiones cellejeras de Japón 2

Posted by pachoj en febrero 23, 2008

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Una abarrotería en Kioto y un caminoncito de…¿camotes? en Tokio.

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Esto parece un edificio de estacion del metro mexicano, como el de San Cosme. Evidentemente no tiene nada que ver.

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Los taxis me pareceieron fascinantes. Son carísimos, se dice. Yo tomé uno en una sola ocasión, el chofer traía guantes blancos y uniforme con gorrita.

 

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Así están todas las callees de Tokio. Me hechizaron estas maquinitas. 

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Visiones cellejeras del Japón 1

Posted by pachoj en febrero 22, 2008

Ya sea en Tokio o en Kioto, las calles mezclan lo clásico con lo hipermoderno.

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Interior de un salón de té en un centro cultural de Kioto. La siguiente foto es un jardín Zen 

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Avenidas en Tokio, vistas desde la ventana de la Fundación Japón 

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Un monje en Kioto pidiendo limosna

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Un País Invisible

Posted by pachoj en febrero 19, 2008

En el número de febrero de Nexos, aparece el artículo Un país invisible. Autogestión, colectivos, cooperativas, microempresas y cultura alternativa.    

 Es un avance y una síntesis de un texto que se publicará en una compilación sobre políticas culturales bajo la editorial Taurus, a fin de año. Lo más hermoso es que en la portada, con letras flamantes y entre tanta vaca sagrada, me pusieron como FRANCISCO PAREDES PACHO. Lo de Francisco ha de provenir de una inferencia del Pacho, que el capturista diseñador habrá conundido por PaNcho…luego entonces, la inferencia es tan absurda como si hubieran puesto Pancho Paredes Pancho o Pancho Paredes Francisco. A las pruebas me remito:

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Oyayubisoku, la tribu del pulgar

Posted by pachoj en febrero 1, 2008

Este blog se cambio de nombre de Ruidos de la Calle al de La tribu del Pulgar, en honor de un pasaje del libro de Howard Rehingold Inteligent Mobs, donde habla de los adolescentes tokyotas adictos a los mensajes SMS de celular (keitai) que en Tokio llaman precisamente como La Tribu del Pulgar (oyayubisoku). Aquí algunas fotos sobre la afición a premanecer conectados de los habitantes de la capital nipona y, al final, una foto de Shibuya, la plaza de varios vértices donde suelen encontrarse rios de gente conectada y donde el autor tuvo aquella epifanía que le pemitió comprender los misterios de las redes.

En el metro, libros , móviles y pantallas de videojueguitos: 

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En Shibuya: 

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22 Feria del Libro de Guadalajara

Posted by pachoj en diciembre 5, 2007

En la pasada Feria del Libro de Guadalajara me tocó ir a moderar una mesa llamada “Canción Palabra Escrita” (1 de dic 07), organizada por enrique Blanc.

La convocatoria debía explorar la relacióin entre el escribir canciones y la literatura. Participaron Julieta venegas, Andrea Echeverri, Bruno Galindo, Nacho Vegas, Javier Corcobado, Jose Manuel Aguilera y el glorioso Arnaldo Antunes. No se dijo nada relevante, más allá del tópico “yo escribo como se me de la gana”, lo cual se debió evidentemente a las limitaciones del moderador. Por más que intenté, no logré llegar a ningún sitio. La mayoría relacionó su trabajo con la literatura por el hecho de que leían libros, ya fuera de superación personal como Echeverri, o narrativa como Venegas (Puede verse este link para una realatoría más detallada). Claro que me topé con los viejos amigos, y eso fue glorioso. 

Ya en el local de la FIL, me encontre con varios cuates, como Braulio Peralta,  Pedro Serrano, Humberto Musacchio, Carmen Aristegui. Comí con Phillipe Olé, Laura lara de Punto de Lectura, Lyn Fanchstein y más gente que no recuerdo. Desde luego estaban Corcovado, Andrea Echeverri, Héctor Butargo, Julieta Venegas muy simpática. Con Inti Muñoz acabé discutiendo sobre cultura en el nuevo bar de Jis y en el Calavera. 

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Bruno Galindo y Nacho Vega, siempre de malas, tenía gripa. En la foto de la izquierda vemos al buen y nunca bien ponderado Che Bañuelos, dueño ahora del Bar Calabera. En la foto de arriba se le ve transmitiendo desde la cabina de Radio Universidad de Guadalajara en la FIL

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Trino y Jis, en la cabina de Radio Universidad de Guadalajara, mientras eran entrevistados por el Che acerca de la presentación de su libro de monitos. Cuando me vieron me invitaron a pasar y esa situación nos sirvió para evocar la época dorada de la contracultura tapatía, cuando ellos dos hacían el memorable Festín de los Marranos junto con Andrés Haro de El Personal, que en paz descanse, y el buen Paco Navarrete. Un programa donde la improvisción predominaba y se burlaban de todo y de todos, desde Octavio Paz hasta Monsiváis, en tono de radionovelas.

Estos programas fueron antecedente de las animaciones y doblajes de peliculas que luego desarrollaron en la televisión. Verdaderamente recomiendo echarle un oidito a estos archivos, que apenas son unos cuantos dentro de todos los que grabaron, de los cuales transitaron durante los ochenta copias en caset insuperables (y conste que esto fue antes de la Ponchis Visión de mi amigo el Güiri Güiri)

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El amigo Pernett, que llegó a Guadalajara tocando con Sidestepper, ya que el país invitado fue Colombia, aunque él ya tiene su proyecto solista. De hecho, tiene una versión de aquella mega rola Mi ABuela que cantaba el Monje Rojas & La Ganga en épocas muco tiampo atraás, sí, antes de que el reguetón se vislumbrara como lo que es hoy día. Aquí en el camerino de Sidestepper después del concierto.

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La conferencia en Japón

Posted by pachoj en octubre 20, 2007

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Aquí el interior del edificio donde fue la conferencia

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Aquí la sesión de la ponencia de Eleane Parreiras y Marcos Mantoan, director del Centro Cultural del Banco de Brasil. 

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Pop callejero

Posted by pachoj en mayo 31, 2007

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Pasajes de Tokyo

Posted by pachoj en mayo 20, 2007

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Tokio Performing Arts Market

Posted by pachoj en abril 19, 2007

 

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Fui a Japón a dar una conferencia, invitado por la Japan Fundation, acerca del panorama de las artes visuales en el país. Asistí al encuentro Tokyo Permorming Arts Market.

Conocí a Espartaco, estudiante de danza Butho y emparejado con la pasmosamente bella Saki.

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Saki comiendo en un restaurante jun to a una ventana que parece una calle de Los Ángeles de Blade Runer, con fachadas altas llenas de iluminación y pantallas gigantes de televisión. No en vano la ciudad de esa película es una mezcla futurista de Tokio y Los Ángeles.

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Con Marcos Montoan del Centro Cultural del Banco Nacional de Brasil, uno de los directivos de Fundación Japón con cerveza en mano y yo merengues encorbatado una vez más.

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Genial compañía de danza Butho, Kanazawa Butho Kan, de la ciudad de Kanazawa, fundada por Yamamoto Moe después de salir de la compañía Hakutobo (dirigida esta última por Hijikata Tatsumi). Comparte el trabajo con Shirasaka Kei, la mujer de la foto. Han llegado a hacer adaptaciones de obras de Kafka junto con la compaía teatral Asou. También han hecho adaptaciones de obras del teatro Noh. 

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La compañia de Butho-Sha TANKEI, inspirada en movimientos de insectos. Fundada por Torii Ebisu y Tanaka Mutsuko, que en 1981 todavía eran miembros de una de las compañías más emblematicas actualmente de danza butho, Dairakudakan.

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Austin

Posted by pachoj en noviembre 24, 2006

 

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Lana y Shawn, de la compañia de teatro underground de Austin, Rude Mechanicals en su sede, una asita de madera en un barrio bajo de la cudad.

 

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Seattle

Posted by pachoj en noviembre 23, 2006

Acabo de llegar a Austin después de un errático viaje con una escala abortada por mal tiempo en Dallas . Una tormenta obligó a aterrizar en un aeropuerto vecino, que casualmente era Austin; así que me ahorré la escala y me bajé, PERO SIN MALETAS. Va a ser una hueva esperar a ver ciádo me las mandan del aeropeurto o me hacen ir pór allas. Mientras tanto,  por ahora estoy en el hotel bajando los emails atrasados con un cepillo y pasta de dientes por todo equipaje.
 
Este viaje de tres semanas está por terminar, llegaré al DF el sábado a las 11 am.

 

En Austin ya se siente algo el sabor mexicanillo, con restaurantes con nombres en español y palabras como Ranch y Corral en los portales. Chicas igualmente hermosas que en Seattle y un calorcito reconciliador después de las heladas de aquella ciudad de salmones, de Starbucks, de Nirvana, de Microsoft y Bill Gates. Allá nació la tienda de departamentos Nordstrom, la cadena Cosco, y es donde se fabrican los fuselajes Boeing. Jimi Hendrix nació en Seattle, y la ciudad también hizo historia porque sus jóvenes volvieron visible planetariamente el movimiento altermundista. No sé qué tenga que ver cada una de estas cosas, con la otra, pero bueno, es una ciudad emblemática para diferente gente. Y todo ello a pesar de ser sobre todo un pequeño puerto de pescadores. 
 
Antes de salir del aeropuerto de Chicago me compré varias revistas para matar el tiempo durante las más de cuatro horas que duraría el vuelo, así me enteré de las nuevas batallas por el mercado cibernético de Bill Gates, que busca reposicionarse en la competencia por las descargas musicales. Me encanta el sarcasmo de la empresa de Mac: “el problema de los diseños de Microsoft es que en esa compañía no tienen buen gusto”, declaró el genio de Steve Jobs respecto al nuevo aparatito que Microsoft ha sacado para competir con el iPod. Mientras ellos compiten, Yahoo confronta a Google haciendo convenios con las cadenas noticiosas y asociandose con YouTube . Todos estos son temas adecuados para aterrizar aterrizar en Seattle. 
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La fachada del primer Starbucks café siempre tiene a músicos callejeros trabajando. Seattle se caracteriza por permitir a los artistas presentarse en su casa, por ello hay tantos por todos lados. Acaso parte de esta aura es le transmitió a este cafetín contribuyó a catapultarlo por el mundo. 
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Lane, director del foro de artes escénicas experimentales On The Board, genial tipo. Quedamos de establecer vínculos para trabajar en el futuro con intercambios.
niche.jpgExtraño cartel, mezcla de sonidos, de hemisferios y calses sociales.

 

A pesar de lo esperado, la ciudad no tiene un aspecto tecnologicamente muy vanguardista, sino que resulto más bien un lugar de espíritu ambientalista, dominada por pos hippies adinerados, cómodamente instalados en la era de la economía global que se la pasan yendo al campo, a las montañas y haciendo ejercicio. Más que geeks, lo que se veía en la calle eran callejeros de tipo europeo, gente amable, liberales progresistas, y personas que se muestran sumamente curiosas hacia los extraños. Se me figuró la Escandinavia estadounidense, con gobiernos que aun creen en las políticas de bienestar social.Sea como sea, el lugar me encantó viniendo de Freeport, villorio conservador donde pasé el intenso Día de Gracias.

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The farm

Posted by pachoj en noviembre 17, 2006

Estoy tan poco familiarizado con la costumbre estadounidense del Día de Grcias que me daba pánico pasar unas horas con una familia. Me la imaginaba tan tremendamente aburrida como para llegar al extremo de plantearse invitar a un extraño a su mesa.

Terror y pánico: aquél día el abuelo de la familia me recogió en mi hotel a las 11:45 y me llevó, junto con la interprete que me ha acompañado todo el viaje, a una granja donde había otra abuelita ataráxica, dos matrimonios adultos, algunos hijos jóvenes (es decir, un chico, una chica, una prima y sus respectivos novios), todos con cara de menonitas o con rostros parecidos a la caricatura del Rey Leonardo.

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Al llegar, las mujeres cocinaban dentro de la casa y los hombres veían en la tele la transmisión de un estupendo concurso de perros (¡¡siempre me pregunté por el aspecto que podría tener la gente que era capaz de dedicar su tiempo a ver ese tipo de programas!!).

Me senté en una mesedora y me dispuse a penetrar aquel misterio, pero no logré hacerlo. A mi lado, en un sofá reclinable, un señor, el tio o hermano de los dueños, comenzó a preguntarme sobre mi país con sus ojos sonrientes y cristalinos (¿por qué sonreía tanto?, ¿por qué tanta decencia?, había algo sospechoso en esa mirada que no me miraba nunca). Jamás pensé que alguna vez me hallaría en una situación donde pudiera llegar a importarme, mucho más que ninguna otra cosa a mi alrededor, el poder ver un campeonato canino por televisión. Con tal de que las preguntas cesaran.

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Finalmente una de las señoras, supongo que la dueña de la granja, pidió al adulto que veía la tele a mi lado que diera las gracias por la comida. De inmediato todos se levantaron de sus asientos y con la cabeza hacia abajo, de pie, con sus dos manos cogidas al frente a la altura de sus genitales, para escuchar al tío agradecerlo todo y a todos, hasta por los invitados que estábamos en su casa. Al final todos juntos coronaron el breve discurso con un “Amen”. Yo estaba pasmado.

No abrí la boca en toda la comida, salvo casi al final que me preguntaron algunas cosas.

Los jóvenes tampoco abrieron la boca para nada, salvo para responder las preguntas de las amas de casa sobre si preferían apple pie o pumkin pie. Por el contrario, durante casi toda la comida miraban hacia abajo, impenetrables (¿acaso sufrían?, quizá odiaban o temían, ¿probablemente pensaban en asesinar a álguien con un rifle de largo alcance en su escuela. O, por el contrario, acaso simplemente figuraban poder abandonar algún día esa villa de granjeros, huyendo en un circo o un depravado burdel ambulante. ¿Parecían encarnar alguna de todas esas cosas que luego vemos incomprensiblemente en las noticias de la televisión? No lo creo, seguramente albergaban tan sólo piedad y buenos modales). El hecho es que nadie miraba a nadie a los ojos.

En cuanto a mí, de plano entendí nada de la conversación llevada por los adultos, el vocabulario era extraño, sólo comprendí palabras sueltas como red neck, molinos de viento, etcétera (y eso que hacía unas horas llegué a creer que el viaje había servido para mejorar en mi inglés, pues hasta la intérprete se había vuelto un estorbo). No, ese día todo era de otro mundo, aquél inserto en medio de esas planicies eternas, impecables pero sobre todo implacables; pulcras, luminosas, ensoñadoras. Deslavadas, amarillentas.

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Al terminar de comer algunos de los jóvenes se fueron sabrá (su) Dios a dónde. Los demás nos sentamos a la televisión ante un oportunísimo partido de futbol americano. Sentí alivio.

Desgraciadamente mi bienestar no duró mucho tiempo, pronto le bajaron el volumen al televisor para escuchar el relato de una de las hijas y su novio, un tejano también granjero que había venido desde aquél Estado para la celebración del día doméstico más importante de la tierra (al menos de esta tierra). Sí, ella contaba con bastante soltura y risas sus clases de karate o de algún arte marcial semejante.

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(EL GRANJERO TEJANO, EL NOVIO)

Yo me estaba durmiendo. Por más que intentaba evitarlo, cabezeaba. Finalmente una de las señoras me ofreció dar una gira por la granjita, lo cuál me entusiasmó enormemente, al menos para ver si alcanzaba a despertarme. La cosa esa era inmensa, poseía una extensión de no sé cuántos acres, porque ni siquiera sé qué son los acres, pero el horizonte se delineaba completamente en 365 grados como si estuviéramos en medio de un océano amarillo.

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Y sí, ahí estábamos, caminando ante el gélido y aromático viento que delataba la presencia de un establo con algún tipo de ganado. Todo era muy bucólico, engañosamente campirano, hasta que dimos vuelta en la esquina de un cobertizo  dentro del cual apareció de pronto un extraterrestre, un monstruo gigantesco. No uno, ¡DOS!. Como un par de transformers inverosímiles. Un de ellos parecía un robot, yo mediría quizá el tamaño de los rines de sus llantas. Era una máquina parecida a un tractor pero del tamaño de un avión. Bueno, no tanto, pero así parecía en ese momento delirante.

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Seguimos el recorrido por los establos, donde apestaba peor que ningún baño público mexicano, al parecer por los químicos que le echan a su comida. Criaban para su venta cerdos y vacas, y cultivaban frijol de soya y maíz para alimentar a otros animales y para echarle a la gasolina como combustible complementario. Estábamos en el centro del granero de los Estados Unidos, en medio de las grandes planicies estadounideneses, producidas por un glaciar hacía millones de años, a una distancia sicológica año, siglos, milenios luz de los días en que pudiera haber existido la tracción animal para el arado sobre el planeta.

La comida habrá comenzado a las dos, pero duró poco, al igual que la gira por la granjita. así que pronto volvimos al hotel con gran alivio, donde de inmediato hice la maleta y me preparé para salir al día siguiente hacia el aeropuerto de Chicago, a dos horas de distancia, y tomar al fin un avión hacia Seattle, preguntándome cómo habría de irme en ese rincón del culo del mundo, gracias a Dios.

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Chicago

Posted by pachoj en noviembre 15, 2006

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Una historia sibilina

Posted by pachoj en febrero 12, 2005

El cristal está roto, incluso. Aún así, el pequeño cuadro con la foto de Sibylle me mira, lleva siglos colgado ahí en ese rincón de la pared de mi estudio. ¿Sibil?, su nombre en español tendría que escribirse Sibila y en inglés Sybil. Sibila profetisa o sibil la guarida subterránea. Ninguna de las dos. Y la ortografía es lo de menos, sino lo misterioso de su aparición, lo cerca que estuvimos durante un breve tiempo y lo gratuito de habernos separado sin retorno. Hacía lustros que no miraba esa foto añeja donde todavía resuena y deslumbra su sonrisa, su mirada fuerte, su graciosa belleza recargada sobre el barandal de un puente que cruza las indescifrables vías del tren en algún sitio de Hamburgo.

La conocí en Berlín en 1993, el mismo día que murió mi padre. No era ninguna profetisa, de hecho su aparición fue posterior a la noticia súbita de aquella madrugada en que me despertó el teléfono con una frase que no recuerdo pero da lo mismo, la muerte es la muerte. Después de ese telefonema me encerré todo el día en el hotel, hasta a las 10 de la noche, cuando quise salir a dar una caminata.

Me fui al Metrodorme en un parque céntrico de la ciudad donde había un concierto, un estupendo pretexto para tener a dónde dirigirme. Al llegar la gente ya salía del auditorio, todo había terminado. No importaba, la idea había sido tomar aire. Entonces vi a una chica de belleza fulminante, ella se dio cuenta de mi pasmo. Una desconocida, pero se detuvo, fue ella quien me abordó con un Español fluido aunque de fuerte acento… Charlamos un rato ahí parados y luego me invitó a echarme un trago. Ella hizo todo, detuvo a un taxi y me llevó a Kreuzberg o algo así, un barrio entonces de inmigrantes pero repleto de bares y restaurantes.

Entramos a un sitio de jazz, saludó a unos desconocidos en su idioma, y volvimos a la calle. Recorrimos así varios bares donde saludaba gente y luego salíamos de inmediato. Como no hablo alemán no entendí nada de lo que decía. Acaso eran amigos que le esperaban y ella pasaba a disculparse, o qué se yo, el caso es que terminamos solos en un antro mucho más extraño. Nos detuvimos frente a una estrechísima puerta de madera, tocó un timbre y alguien abrió una ventanilla por donde se asomaron dos ojos sobrios. La reconocieron y nos dejaron entrar. Se trataba de un antro subterráneo, clandestino. Charlamos durante toda la noche, ella renegando un poco de lo que llamaba “la cultura alemana”, tan cargada del “deber ser”, decía.  “La gente no se abandona a los placeres, menos aún a lo espontáneo”.

Nos dieron las cuatro, las cinco o las seis de la madrugada. Yo miraba su rostro fijamente, azorado de hallarme en ese minúsculo ambiente viciado por el humo y los deliciosos aromas noctívagos berlineses. Un vendedor de flores turco se acercó a ofrecer un ramo, Sibylle habló largamente con él, aunque nunca me enteré de nada. Yo sólo miraba su rostro. ¡Qué noche más rara! Mi padre había muerto esa mañana, ¿cómo podía estar ahí escuchando hablar a una desconocida de belleza deslumbrante sin que nada me faltara? ¿Era un Ángel llegado del cielo o enviado por mi padre con algún mensaje? Su belleza la recuerdo angelical, pero no lo suficiente como para redimirme de mi insalvable ateismo. No, no era un Ángel ni podía haber mensaje alguno, estábamos en un antro apestoso repleto de inmigrantes, outsidesrs, poshippies o pre-todo y nada me importaba más que estar ahí en ese instante, con esos ojos infinitos, fijos, relatándome su vida en el estrecho margen de unas cuántas horas.

Nos despedimos en algún minuto súbito, aunque ya no recuerdo qué tan tarde sería. ¿Por qué no seguimos juntos? Quizá yo necesitaba replegarme un rato, era demasiado para un sólo día. La invité a desayunar a mi hotel a la mañana siguiente. Imposible saber si lograría levantarse a tiempo.

Llegó acaso a las 9 o a las 10 de la mañana, prolongamos la charla nuevamente, era imposible dejar de escucharla. El transporte ya me esperaba a la puerta del hotel, un enorme autobús de dos pisos con literas, mesas, televisor y baño. Ya nos iba mejor en el viaje y el transporte tenía al fin todas las comodidades. Pero todos arriba del camión me esperaban.

Al pie de la escalinata Sibylle y yo intentábamos decirnos adiós, así que finalmente le dije “¿vienes?” 
-No puedo, debo hacer varias cosas mañana-, me respondió. -¿Cómo? Pasaste toda la noche criticando a los alemanes porque todo en la vida es consagrarse al deber y tú ahora me dices lo mismo?

Subió al autobús y partimos hacia Hamburgo. Viajo conmigo quizá una semana entera.

En Hamburgo alternamos con Héroes del Silencio en un enorme parque cubierto por el pasto. La misma hierba que en esos momentos debía estar cubriendo los restos de mi padre en un remoto pueblo mexicano. Sibylle iba y venía, era una mariposa que se movía de un lado a otro como en casa. Yo no estaba en casa ni la tenía. Sólo la miraba y sonreía. Vinieron a mi mente aquellos versos de Evtuchenko que mal recuerdo y que quizá iban así: “voy huyendo de todo lo insondable, como si alguna cosa no lo fuera, huyo de no tener ningún hogar, aunque su falta mi destino sea”. Qué cerca estuve al fin de mi padre en ese momento, cuando acaricié el pasto sentado entre la audiencia esperando mi turno para subir al escenario. A eso se reducía su recuerdo, siempre ausente, pues salí de la casa paterna a los 15 años. Pronto dejé de importarme la frescura del pasto y volví a mirar a Sibylle revolotear entre su gente alemana.

Viajó conmigo una semana quizá. En algún punto tomó un tren para su Berlín y yo seguí la gira con mi banda.

Tiempo después Sibylle vino a México, un par de veces ¿a buscarme? Luego regresó a su país y no supe más de ella. Hace más de dos años volví a recordarla y, casualmente, por esos días, al detenerme en un semáforo, un desconocido dentro de un auto a mi lado me tocó el claxon. Abrí la ventana y me preguntó por ella: “Hey Pacho, ¿tú eres Pacho, no?” 
-Sí, ¿por?
- “¿Tú eres amigo de Sibylle, ¿cierto? ¿Tienes su contacto?”. 
No lo tenía. 
-¡Qué extraño! ¿Cómo sabes que la conozco? … Y qué curioso que te aparezcas hoy precisamente, esta semana estuve pensando en ella y busque entre mis libretas viejas sus datos y no, no los tengo – ,le dije.

Intercambiamos teléfonos y quedamos de que el primero que lo consiguiera llamaría al otro, nunca más supe de él. Ese día llegué a casa y volví a buscar alguna pista, no hallé nada ni recordé si alguna vez anoté su dirección o algún teléfono (en aquellos años aún no usábamos Internet). Quería saber de ella, cómo andaría, pero me hice a la idea de que sería imposible contactarla nunca más.

Hace una semana me llamó Anne H., una escritora e investigadora alemana que me ha editado varios textos en distintos medios de su país. Está escribiendo una investigación sobre la memoria y quería entrevistarme. Finalmente nos vimos el jueves pasado, la entrevista fue larga. Ella vivió once años en México y ahora lleva como tres o más viviendo en Berlín. Aunque la conozco desde hace años, nunca antes le pregunté por Sibylle, pero cuando me dijo que ahora vivía en Berlín casi automáticamente y sin esperanza le pregunté si conocía a “una tal Sibylle, actriz de teatro pero que no se cómo se apellida”…

Sí. Se conocían. De repente se veían en su ciudad. 
-¡No!, ¿Cómo es posible?
-Bueno, Berlín es muy pequeño comparado con el DF, además de que pues, todos los que hemos vivido algún tiempo en el DF nos solemos reconocer.

Me dio su teléfono. Ayer viernes le llame… Qué extraño oír su dulce voz. Qué gusto nos dio a ambos. Por la bocina escuché algunos llantos conmovedores. “Tengo un bebé de 8 meses”, me dijo, “qué maravilla”, continuó, “qué gusto saber de ti. Y qué suerte, porque estoy a punto de irme a vivir al sur de Francia con mi novio.”

Me dio su email y le he escrito. Le pedí que me enviara una foto con su niña.

Mientras tanto, su foto enmarcada en mi estudio sigue sonriendo. El cristal del marco está roto, el tiempo sigue su marcha sibilina.

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Alzheimer

Posted by pachoj en enero 5, 2005

Terminaré esta abulia productiva, las vacaciones que me ha permitido hallar joyas insospechadas en mis montañas de cds que no había revisado antes. Ahora mismo escucho Alzheimer, de Paul Desenne, Alonso Joro y Pedro Vázquez, un grupo experimental muy interesante de Caracas, Venezuela que, sinceramente, por ahora no recuerdo quién me lo dio, supongo que lo obtuve durante mi pasado viaje a Colombia.

Hoy llamó MIguel Angel, que estará en México unos meses trabajando no se en qué. Actor y músico radicado en Viena, hace varios años escribí sobre mi encuentro con él en esa ciudad durante 1993 ( De Memoria ); cuando el trabajaba en un foro cultural independiente, el WUK, instalado en una fabrica de ferrocarriles inmensa y abandonada, la cual fue tomada por artistas a principio de los setenta (en 1997 publiqué otro artículo que completa al de marras sobre aquel viaje por Europa que duró tantos meses en Los Puentes de Paradiso en la Tierra). Me dará mucho gusto volverlo a ver, saber en qué anda, si sigue trabajando en el WUK.

Ayer comí con Maga, conocí a su hijo. Lleva lustros viviendo en USA, así que casi no la veo nunca, salvo cuando me tocaba girar por alguna de las ciudades donde ha vivido. Ahora el encuentro fue aquí en el DF, nos fuimos a echar unos tragos. Es deslumbrante su forma de hablar de la vida y del mundo, muy inteligente, siempre curiosa por todo lo que la rodea, ahora me contó su experiencia con los mixtecos de San Diego y Tijuana. Está a punto de terminar su doctorado.

La noche la terminó en un bar, donde me encontré a Daniela siempre inteligente, impetuosa, guapa y contradictoria. Estaba furibunda porque llegaba de filmar no sé qué video para qué corporativo y fue una experiencia subprofesional, insistía (es actriz).

También me encontré a “la pasional epifanía situacionista” de hace unos días, aunque esta vez andaba menos deslumbrante, más apagada, como ausente. Quizá estaba así porque era la víspera de su regreso a Londres, andaba “dispersa”, como bien dijo. Me acaba de llamar para despedirse, que estaba en la cola del avión. ¡Buen viaje!

Pasé a ese bar a echarme un bocadillo y un trago rápido, pero esta vez uno de los dueños se dedicó a regalarme tragos nada más comenzaba a vaciarse el vaso que tenía en las manos, mientras me contaba su idea sobre la relación entre vida nocturna y literatura (es egresado de letras de la universidad).

Fuera de eso, no he hecho más que leer. Hoy será mi último día de este tipo de encierros entre sábanas y libros.

Terminé a James Homes (El asalto a la cultura, corrientes utópicas desde el letrismo a Class War, ed Vrius, España, 2002), su libro es partidista (el autor fue neoísta) pero tiene la seriedad de confesarlo. Es muy pobre en muchos de sus recuentos, pero al menos sirve como un primer ordenamiento de ciertos movimientos utopistas subterráneos. Lo mejor es su odio a los situacionistas con comentarios super puntuales y acertados acerca de sus contradicciones teóricas y su sectarismo. También me parece muy interesante su introducción a la edición polaca, escrita diez años después de que publicara su libro en Inglaterra (verano de 1988).

En esta introducción Homes menciona críticamente a Greil Marcus, asunto imprescindible, ya que Lipstik Traces fue publicado casi al mismo tiempo en Estados Unidos (1989) que Asalto a la Cultura en Inglaterra. Ninguno de los dos leyó al otro entonces, pero la coincidencia, supongo, obedece a que a mitad de los ochenta hubo una exposición retrospectiva sobre el situacionismo, lo cual permitió al mundo angloparlante conocer de primera mano la experiencia situacionista, tan definitoria para los franceses.

En México tuvimos quizá más información que los anglosajones, al menos hubo traducciones en fechas relativamente tempranas: en 1977 se publicó en español el Tratado de Saber vivir para uso de las nuevas generaciones de Raoul Vaneigem y yo recuerdo haber leído La Sociedad del Espectáculo en 1980 o 1983, ya que por entonces en la Escuela de Antropología, donde estudiaba historia, formamos dos organizaciones “pranksters” (sin usar este concepto tal como ahora se entiende). Estas supuestas organizaciones fueron el “Movimiento Estudiantil Anti Crisis Sexuales” y el “Muro de los Lamentos”.

Ninguna de estas dos “organizaciones” falsas pretendía ser situacionista, de hecho, nadie de los miembros conocía el movimiento (y yo mismo no lo conocía muy bien que digamos), o al menos ninguno de ellos hablaba de él, por lo tanto, no éramos herederos de ninguna tradición de este orden, lo cual subraya el cuestionamiento que puede hacérsele a Greil Marcus y a Home sobre el uso de la palabra “tradición”, como si hubiera una memoria lineal, a priori, de estas expresiones. En realidad fuimos un producto de las rupturas académicas y del discurso político de la vieja izquierda del momento, esa era nuestra motivación para hacer aquellos periódicos murales donde dibujaba y metía citas de autores varios, entre otros, claro está, los situacionistas; además metíamos textos originales escritos colectivamente.

La primera era una “organización” supuestamente política, es decir, sus interlocutores eran los grupúsculos políticos de la Escuela y su lenguaje era parapolítico, o sea, usaba el vocabulario politizado de moda pero para invertirlo y cuestionar así el sectarismo y la retórica de la izquierda de entonces, permitiendo una lectura múltiple e, inclusive, de doble sentido.

Lo segundo era un “organismo” académico. Quiero decir, lo que se cuestionaba eran temáticas académicas sobre todo dentro de la carrera de historia (pero también sobre las demás disciplinas antropológicas que había en la ENAH), echando mano de clichés académicos y cultura popular, por ejemplo, mezclando glosas de Marc Bloch con frases del cantante José José (”ya lo pasado pasado”).

A pesar de la distancia, y la bobería, vuelvo a sonreír. Pero lo importante de esa época son los anécdotas, cosa que no voy a contar aquí, pues en realidad estos chistes infantiles o jugarretas tenían sentido ante lo dogmática que era la vida estudiantil y escolar de entonces. Vaya, la carrera estaba inundada por el marxismo, al grado de que en la materia de economía nos pusieron a leer ¡a Oscar Lange!! (recuerdo que me reprobaron porque en el examen intentamos provocar, respondiendo con ideas de Rosa Luxemburgo sobre los mismos temas, pero que contradecían los postulados de Lange). Claro, aún existía la Unión Soviética, El Muro seguía vivo y apenas había despuntado Solidaridad en Polonia, aún no había pasado el terremoto del 85, de tal suerte que la izquierda social (que renovó los lenguajes y los enfoques) aún no era tan visible, así que el Meas y el Muro de los Lamentos eran audacias que hicieron que tanta gente nos odiara y criticara.

Pues bien, después de estas lecturas de Home y Marcus, me dieron ganas de volver a leer aquel libro sobre Guy Debord escrito por Anselm Jappe (Anagrama 1995), donde queda clara la influencia que tuvo sobre los situacionistas el Lukacs de la época de “Historia y Conciencia de Clase”. Prácticamente los situacionistas no agregan nada nuevo a la aplicación que hace Lukacs, en el ámbito de la cultura, de la teoría de la fetichización de la mercancía que Marx desarrolló en el terreno de la economía política (que suele ser de lo más apasionante, por cierto). Exagerando un poco, se puede decir que lo único que agregan los situacionistas es el sectarismo y un lenguaje con más impacto, relacionado con la cultura pop. Y bueno, la mistificación retrospectiva por la época que les tocó vivir, incluyendo el mayo francés, les puso de moda en los noventa, al grado de que Hakim Bay podría leerse como un mero reciclaje del situacionismo en el contexto de Internet, donde la “creación de situaciones” equivaldría a su concepto de zonas autónomas temporales (TAZ).Poco nuevo bajo el sol.

Caray, este CD de Alzheimer está excelente, virtuoso y de un sentido del humor maravilloso, con instrumentos heterodoxos e informales, tocados junto con cuatro, caracoles, chelos, etcétera, tocan rolas propias de distintos géneros, además de unos covers raros de los Beatles y de Hendrix. El track 7, “Preslillaneando a modo de amor en Jachira total” ¡es una canción bajo la regadera!

… “Alzhemir” se llama el disco, decía. Y yo que no alcanzo a recordar quién me lo regaló.

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Balance de fin de año

Posted by pachoj en diciembre 31, 2004

Balance del 2004:
Hoy es el último día del año. ¿Ya es la tercera edición de Radical Mestizo? Pues salió muy bien con Rachid Taha, incendió el Teatro de la Ciudad desde la tercera canción, poniendo a bailar al teatro entero (ese concierto, junto con el del Zócalo, pueden verse en el DVD incluído en el último CD de Rachid). En marzo, si mal no recuerdo, presenté a Sidestepper y Sweet Electra en el pequeño Lunario y tuvieron así mismo mucho éxito.

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Enrique Blanc y Rachid Taha en un bar después del concierto del Teatro de la Ciudad, DF, y un par de botellas de Wiski, Radical Mestizo 2004
 Héctor Buitargo, Bogotá, 2004.

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También viajé a Colombia como jurado a un concurso que me permitió conocer la actualidad de la música en ese país, rolando con Héctor Buitargo de Aterciopelados, con Manolo, Clara, Cedric y María Isabel.

Isabel y Manolo en Bogotá:



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Por otro lado me gradué el seis de este diciembre, al fin. Antes de eso, viajé a NYC a dar una conferencia a principio de año para encontrarme con una historia (igual de súbita y situacionista que la de este diciembre); un encuentro incendiario con una inesperada judía neoyorquina que había comenzado en noviembre de 2003 y que culminó en NYC con un desencuentro fenomenal (aunque dias después la ciudad me obsequiara una “tonificante” noche larga, en el piso 140 de cierto hotel, con un ventanal frente a Central Park mientras nevaba).

Nuevamente viajé a España, donde departí con Kiko y Tina, ví a Manrique, Javi, Mark, Montse, Carles Sala, etcétera, tantos amigos, según puede verse en la serie de estos posts de septiembre. Por último, me adentré completamente en un nuevo trabajo, dejándo atrás definitivamente dieciocho años de otro oficio.

Me iré a cenar con Annette, a recibir el año nuevo y pedir doce deseos.

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Transglobal Underground en el Zócalo, durante Radical mestizo, donde alternaron con Rachid.

 

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Ximena, la protagonista de Perfume de Violetas, con el baterista de Rachid Taha en la fiesta después del concierto en el Zócalo, df durante Radical Mestizo del Festival de México en el Centro Histórico de 2004.

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Hotel Spanglish

Posted by pachoj en diciembre 29, 2004

He quedado de verme con Angélica en la noche, a quien me encontré en el Museo del Anahuacalli el día de la feria de las disqueras independientes. Tenía más de dos años de no saber nada de ella, se le oye que está bien. Hoy me llamó y me invitó a echar un trago a la noche.

Arreglando mis papeles encontré una libreta con una nota sin fecha, donde transcribí alguna conversación con un mesero durante alguna remota gira por Estados Unidos. Le puse por nombre ¿Habla Usted español?

“¿Habla usted español?”

-How can I help you?


-Do you speak spanish?


-Yes I do, ¿en qué puedo ayudarle?


-Quería un room service


-O.k. ¿qué desea ordenar?


-Un American Breakfast


-Good, ¿qué huevos quiere?


-Estrellados


-¿Cómo?


-Fried, sunny side up por favor


-O.k., ¿con bacon o ham?

-Con bacon por favor


-¿Toast o fruta?


-Toast


-¿Blanco o trigo?


-Trigo


-¿Algo de tomar?


-Un jugo de naranja. ¿Es natural?


-Sí


-Pero, ¿de verdad? Es decir, ¿es fresh squeezed?


-No, no es fresquesito, pero sí natural. De concentrado.


-Lástima, ni hablar. O.k. uno por favor.

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La Merced

Posted by pachoj en septiembre 24, 2004

Barce me atrapa, me roba, me secuestra, me rapta, me extravia… apenas llego a casa, después de los conciertos nocturnos de La Mala Rodríguez y Macaco en la Plaza Cataluña, pues amanecí en una casa extraña.

Hoy es día de fiesta local, la ciudad está con todos los escaparates cerrados, nadie trabaja. Nada.

Yo intentaré tener una junta con una productora. Diariamente tengo varias reuniones de trabajo, pero hoy será difícil concertar siquiera una por el día feriado.

Amanecí en un balcón de una casa desconocida, azorado por los tejados de esta sosegada ciudad en el día de su patrona la Merced, con un sol radiante y un silencio conmovedor.

En camino a casa, desde el taxi, sonriendo, la ciudad me sonreía igualmente a través de la ventanilla en movimiento, surcábamos las colinas barcelonesas, con su mar a la distancia brumosa y flamante, con ese caminar de la chicas que llevan su baguet en la mano, su rostro pleno como si estuvieran de súbito reconciliadas con la vida. Después de todo, para ellas es un viernes de descanso.

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El portero

Posted by pachoj en septiembre 22, 2004

Ufff… día largo, espero la noche sea corta. son las…??…2:12 am en esta casa de esta ciudad.

Resulta que ayer empezaron las fiestas de la Merced, organizadas por al ayuntamiento, con todos esos conciertos realizados por Carles Salas, precisamente el que me invitó a dar la conferencia hoy. Así que Carles me invitó a cenar a un restaurante esplendido después de mi charla en el instituto de cultura de la ciudad de Barcelona, donde hablé TRES HORAS SIN PARAR, o sin que me pararan; sólo aguardando que los estudiantes me hicieran preguntas o que la moderadora me dijerá que ya era suficiente, o condujera la charla hacia otro sitio, pero nada. Como yo tampoco llevaba reloj, pues no sabía si era mucho o poco. Intentaba descifrar los rostros de los estudiantes, pero no veía seña de hartazgo, así que seguí y seguí tejiendo mis ideas sobre la gestión cultural, los espacios, y las políticas culturales en México.

Después de la Cena, Carles me llevó al primer concierto de las fiestas, que era en una sala, según le llaman aquí a los salones de baile.

Era el célebre Apolo. Ví a dos bandas francesas, pero me perdí a las dos anteriores que dicen no eran muy buenas. De las que vi, me gustó Autor de Lucie, ya no tan nueva banda francesa pero con un sonido amarrado y la cantante buena en el escenario, donde su trabajo combina su sonido con una actitud entre sexy y decadente. Funcionaba. De hecho, me acerqué a hablarle al final para establecer contacto y como ella no me escuchaba por el ruido, me pidió que bajáramos a platicar al lobby.

Nos pusimos a charlar en la escalera, cosa que molestó al guardia del antro y me sacó el ojete. Yo me hiper indigné, pues no me había caído aún el veinte que, finalmente, estaba en un antro, así que con la idea de que eso parecía un auditorio y de que yo me encontraba trabajando, como le dije al portero, me super encabroné de que ni siquiera me oyera. De haber visto en lo evidente, que eso era a fin de cuentas un antro, y que en un antro JAMAS se pone uno a razonar con un portero prepotente (remember Jaco Pastorius), no me habría puesto a confrontarlo. Le llamé a Marc por el movil y él bajó con el dueño del lugar, a quien me habían presentado antes. En fin. un mal trago en medio de una larga serie de instantes fenomenales.

Son las dos de la madrgada y mañana tendré la junta con los de Poveda para su probable presentación en DF.

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