latribudelpulgar (antes ruidos de la calle)

Notas provisionales y ficciones

Misoneísmos y la pérdida del aura libresca

Posted by pachoj en marzo 16, 2008

Desde hace tiempo quería referirme una entrada de Christopher Domínguez en Letras Libresque llamó “El libro que vendrá”donde comienza confesándose misoneísta y termina sucumbiendo, siempre desde la literatura, ante las novedades cibernéticas. Este cambio de actitud tendría que sucederle a mi amigo, ya que de lo contrario sería incongruente que siguiera publicando un blog como el que posee en la versión digital de la revista Letras Libres, acaso continuación de aquel diario personal que él llamaba “Diario de fatigas”, escrito desde los ochenta en una libreta guardada en algún cajón de su casa en Coyoacán. Lo más soprendente es que ahora Chirtopher se muestra procilve incluso a las potencialidades del frío y aséptico Kindle, afirmando cosas que antes me habrían parecido inconcebibles en él:

“Todo esto viene a cuenta del horror que sufren o que dicen sufrir los escritores, los bibliófilos y los editores ante la nueva bestia negra que amenaza con carbonizar al libro, el ya célebre Kindle, la consola que vendrá a ser el iPod de los libros, advenimiento que yo festejo.

v3-whispernet_v4948240_.jpg     v3-ergo_v4948249_.jpg 

Más allá de la conversión de Christopher, donde lo importante para mí es siempre la manera en que relata sus preocupaciones, me parece que esto refleja cómo la escena literaria local se está adentrando en aquello que comenzó a discutirse en el campo musical hace ya casi una década.

Acaso influidos por la relativa mayor apertura que sopla desde hace lustros en la escena literaria de España (y previamente en Finlandia y Francia), lo más interesante de esta conversión individual es que refleja cómo las zonas más sólidas y canónicas del ámbito literario mexicano, herederos de una rica tradición, comienzan a calibrar con menos resistencias los cambios promisorios que, para bien y para mal, ofrecen las nuevas tecnologías a las diversas escenas culturales.

La analogía con el campo musical es inevitable. Incluso Christopher glosa un interesante artículo con un título que recuerda la vieja discusión sobre el futuro del disco: “¿Y cómo va la muerte del libro?” , escrito por Michel Melot. Este texto cita las proecupaciones de los bibliófilos decimonónicos ante la aparición de los soportes que permitieron registrar el sonido durante esa época. Así, Melot reporta que Octave Uzanne escribió en el siglo XIX: “A mi parecer, la imprenta está amenazada de muerte por los diversos procedimientos de grabación del sonido inventados en estos últimos tiempos. El libro impreso está a punto de desaparecer”.

Sí, para los apanicados antitecnologistas la aparición del disco amenazaba sólo la existencia de la música en vivo, sino incluso la del libro.

150px-etch-a-sketch_animator.jpg Modelo antiguo del célebre Etch A Sketch

Volviendo a la pluma de Christopher, no imaginé leerle algo donde parece contradecir incluso al tan celebrado Sartori y su vergonzoso Homo Videns, donde el italiano se lamenta de la aparición de la pantalla de televisión y su predominio sobre la lectura de libros. Así, Christopher escribe que: “Otro mito pertinaz comentado por Melot es aquel que dice que la televisión substituyó a la lectura. No fue así. La televisión substituyó a las partidas de cartas, al jugueteo mecánico en el piano o a la observación idiota del fuego hogareño.”

Son las mismas discusiones sostenidas con los apocalípticos misoneístas, por ejemplo, con Carlos Pereda, quien lamentaba que ya no había un sentido comunitario entre lectores, que los chavos ya no leían.

Ya lo anotaba Luis Bravo en su artículo La puesta oral de la poesía: la antigüedad multimedia, que cito en mi post del mismo nombre:

>>En 1960 The Singer of Tales1 de Albert B. Lord –quien igual que Milman Perry se aprestó a considerar los modelos y funciones que la poesía oral y la escrita habían seguido desde la antigüedad– incluía en su prólogo el siguiente diagnóstico de Harry Levin: “El término ‘literatura’, al presuponer el empleo de la letra, da por entendido que las obras verbales de imaginación se transmiten por medio de la escritura y la lectura. Así la expresión ‘literatura oral’ es evidentemente contradictoria (…) La palabra, hablada o cantada, junto a la imagen visual del locutor o cantor, ha venido recuperando, sin embargo, su dominio gracias a la ingeniería eléctrica. Una cultura basada en el libro impreso, que ha prevalecido desde el Renacimiento hasta hace poco, nos ha legado –a más de inconmensurables riquezas– esnobismos que deberíamos dejar de lado.” Cuando Marshall McLuhan cita estas palabras en La galaxia Gutenberg,2 lo hace para subrayar que los estudios sobre “la divergente naturaleza de las organizaciones sociales de lo oral y de lo escrito”, era una deuda que acaso no había podido aggiornarse hasta que estas dos formas de soporte de la palabra artística volvieran a coexistir en conflicto, como ocurre actualmente.>>

Un proceso que parece recorrer el mismo camino, pero a la inversa, de acuerdo al mismo texto de Luis Bravo: >>Pero durante la tiranía de Pisístrato, la escritura ya había ganado terreno como soporte poético y, un “mal día”, Simónides encuentra a Baquílides, su discípulo, escribiendo sobre cera. Lo acusa de “traición a la musa” y trágicamente vaticina la “desaparición de la poesía”. En la fijación escrita algo sagrado se perdía. Para Baquílides, sin embargo, la escritura era un soporte donde visualizar aquello que antes era más abstracto, más “virtual”, pura memoria del canto.>>

O bien, con el mismísimo Gurrola cuando juzgó al hip hop como mala poesía durante una conferencia dentro de Poesía en Voz Alta en la Casa del Lago hace más de un año. Entonces quise mediar contestándole que había, en efecto, mucho hip hop malo, incluso pésimo, pero calificarlo por lo que se divulga a través de MTV sería como juzgar a la literatura por lo que se publica en revistas del corazón como Vanidades, con autores del calibre de Corín Tellado. Ahora, en este tenor, Christopher lo dice mucho mejor que yo:

Se publican, por supuesto, toneladas de mala literatura e, inclusive, se publican toneladas de libros estúpidos, dañinos, fanatizantes, empezando por una parte de la propaganda distribuida desde hace siglos por las letradísimas religiones del Libro durante mil quinientos, dos mil años. En la época de Cervantes o en la de Flaubert también se publicaban porquerías inenarrables que, justamente, por serlo, quedaron olvidadas y perdidas, sometidas a la crítica marxista de los ratones pero disponibles para alimentar las investigaciones sociológicas o bibliográficas en el dominio de la teoría de la percepción. Siempre ha habido, por ejemplo, libros de superación personal: antes pasaban por devocionarios o literatura beata, de edificación. Y antes de Cristo no existía esa frontera, al parecer: la filosofía era a la vez práctica y metafísica. Es más: si Sócrates o Aristóteles entraran a cualquier librería del siglo XXI y buscasen libros de su profesión, les sería más fácil acercarse, al menos en primera instancia, a los autores de superación personal que a Hegel o a Jaspers.”

180px-etchasketchpc190022.jpgModelo estravagante del Etch A Sketch, adaptado como reloj de pared

Recuerdo que a principio de los noventa conocí en un concierto en el House of Blues de Chicago a Mary, una estudiante que me llevó a pasear por la ciudad. En lugar de detenernos en un Mall donde los roqueros suelen matar sus horas libres, fuimos precisamente a una librería cooperativa en la Universidad de Chicago. En alguno de los sotanos de la arquitectura gótica del campus se escondía una hermosa buhardilla parecida a una gruta, con estrechos pasadizos laberínticos repletos de libros olorosos. Mi amiga me contó entonces cómo las todavía nuevas cadenas de librerías parecían amenazar el futuro de estas cooperativas como la de la universidad, de la cual sus padres eran socios. Lo mismo me dijo durante una cena la directora de City Ligths de San Francisco, alrededor de 1994, ante el surgimiento de Barnes & Noble. Los argumentos son los mismos respecto a Starbucks y las cafeterias de barrio. Y todo esto era antes del predominio de Amazón y ahora la llegada del Kindle, como bien menciona Christopher.

Y sin embargo, ayer apareció en Babelia de El País “Al rescate de páginas singulares” un artículo sobre el papel que está representando Internet para las propias tiendas de libros reales, incluidas las especializadas y las de libros viejos:Literatura sin papel, “El Blog y la literatura del siglo XXI”, “El nuevo poder del autor”, “La biblioteca de Babel guarda libros de arena, y Webs que marcan la ruta de la creación y la divulgación artística”.

Internet y las librerías virtuales son la panacea para las librerías de viejo y para las tiendas centradas en una disciplina. Así, mientras que en las librerías generalistas las compras por Internet suponen como mucho un 2% -en Estados Unidos han llegado al 5%- en las de viejo los beneficios se han disparado”. 

Las potencialidades de la horizontalidad cibernética llegan a las librerías de viejos: “159 librerías españolas, con 1.400.00 volúmenes a su disposición, se asociaron en http://www.librerosde viejo.com, una página que acaba de actualizarse y que cuenta con una hermana suramericana: http://www.librohispano.com.” Además puede recurrirse a http://www.libreríasespecializadas.com

etchasketch1.jpgModelo convencional de Etch A Sketch

Las ventajas parecen ser varias y disímiles, según el tipo de librero que se trate: “Un mundo aparte son los vendedores que revenden libros en eBay sin control fiscal alguno.” Sólo falta que a partir de estas realidades intenten aplicar el “canon digital” a las ventas del libro, como lo intentó la Sociedad de Autores y Compositores de España (SGAE) para la música recientemente.

Una de las grandes diferencias con la esfera del mercado musical es que en la literatura y en los libros sí importa el idioma: “Ahora sabes que en Nueva Zelanda tienen un manuscrito español que allí no vale nada pero que para nosotros tiene interés”, se lee en el artículo citado.

De cualquier suerte, esta “modernización” implicará la necesidad de desplegar nuevas políticas estatales de fomento, como en la música realizan los franceses, según he insistido en diferentes debates: no estaría mal que el Estado fomentara a las disqueras independientes locales. Así, volviendo a los libros: “Mili Hernández, de la librería homosexual Berkana, pide al Ministerio de Cultura un abaratamiento del gasto de envío de paquetes: ‘Es la mejor campaña de lectura’.”

La tal Mili llega incluso a aprovechar el Web 2.0 para sus promociones librescas: “Su última novedad: colgar en YouTube las presentaciones de libros. César Artable, de la tienda dedicada a la música El Argonauta, ha tomado nota”, concluye el artículo.

En realidad la portada de este número del sabatino Babelia está dedicada al tema de internet y la literatura, es decir, al Big Bang Digital (como denominó en 1988 George Steiner al invento de Gutenmberg), con textos como

Insisto, el mundo literario y libresco español ha estado siempre mucho más abierto a repensar la relación de las nuevas tecnologías y la literatura, sin maniqueísmos premodernistas.

Por mi parte, si llegarra a imponerse el Kindle, lo que acaso yo sí lamentaría perder es algo que seguramente amigos como Christopher jamás han practicado: la posibilidad de hacer notas con un lápiz al margen del texto de un libro impreso. Aún así, nadie duda que el Kindle se perfeccione cada vez más y quizá termine agregando la función de crear notas al margen de los textos virtuales cual probables hipertextos Web 2.0. ¡Hay, pero el olor del láiz sobre un papel antiguo nada lo igualará!

etchasketch10-23-2004.jpgEtch A Sketch, ¿antecedente en diseño del Kindle?

Y ya en serio, el verdadero problema del Kindle es que le falta su Steve Jobs, quien siempre se burló de la falta de gusto en el diseño de Bill Gates, como comento en mi entrada sobre mi viaje a Seattle, cuando Steve Jobs declaró  respecto al nuevo aparatito que Microsoft ha sacado para competir con el iPod: “el problema de los diseños de Microsoft es que en esa compañía no tienen buen gusto”.

Así pues, podremos olvidar la sensual materialidad del libro (forma letrada para hablar frivolidades sin que se note). El erotismo y la sensualidad de las nuevas tecnologías esta en el ser cool. En otras palabras, el Kindle jamás prosperará, por más mejoras tecnológicas que introduzca, hasta que no alcance un diseño cool como el iPod, que por ahora se parece más a una cajita Ech a sketch sesentera. Ni modo.

 

4 comentarios to “Misoneísmos y la pérdida del aura libresca”

  1. […] Misoneísmos y la pérdida del aura libresca […]

  2. […] Misoneísmos y la pérdida del aura libresca […]

  3. […] Misoneísmos y la pérdida del aura libresca […]

  4. […] Publicado por pachoj on Mayo 11, 2008 La semana pasada la columna de Juan Villoro relató una aneécdota que tiene bastante que ver con la relación que encuentro entre la oralidad y las nuevas tecnologías, o la antigüedad multimediática. […]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: