latribudelpulgar (antes ruidos de la calle)

Notas provisionales y ficciones

SONOSFERAS Y NOSTALGIAS

Posted by pachoj en diciembre 20, 2007

Hace una semana presentamos en Casa del Lago el libro “Sonidos Urbanos” de Mafer, con un panel donde estaba Ilana Sod, Lino Nava, Julio y yo. Me dio mucho gusto ver a todos en ese espacio. Además hubo mucho público, músicos, roqueros, periodistas, etc. El ambiente estuvo maravilloso y la producción impresionante.   Pongo aquí lo que dije:     

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SONÓSFERAS DE MEDIO SIGLO

Por Pacho

Ah qué cotidiana es la vida

J. Laforgue

No sé qué me impresionó más la primera vez que hojee el libro fotográfico Sonidos Urbanos, de María Fernanda Olvera (edición de autor): si ver tantas caras de amigos persistentes dentro de la escena musical, ahora con nuevas agrupaciones, o encontrar todavía más rostros jóvenes de flamantes desconocidos. La escena roquera de la ciudad: tan única y a la vez cada día tan distinta a sí misma.

Mi segunda sorpresa fue al poder atisbar por múltiples ventanas en una sola sentada, cual indolente voyerista, la singularidad de las 150 bandas registradas en esta dispar escena del siglo XXI. Fragmentos de un mapa tridimencional de la sonósfera capitalina organizado por zonas geográficas.

La tercera impresión, debo confesarlo aún a riesgo de sonar cursi y aunque sólo sea como agradecimiento por el trabajo que María Fernanda ponía ante mis ojos, consistió en un profundo orgullo al sentir resonar dentro mio los rostros, actitudes y ornamentos retratados, tan familiares y cotidianos para mí en cierta manera, haciéndome sentir todavía parte de ese universo que sigue emergiendo, transformándose, enriqueciéndose, de una manera tan delirante y maravillosa. Sí, un mundo vertiginoso, según  expresan los gestos de los músicos retratados.

Porque la forma en que María Fernanda y sus fotógrafos registran a los grupos, permite acercarnos al rock local en su cotidianidad más que por sus logros multimediáticos, mercadológicos o superestelares. Después de todo el rock es, además de mercancía y cultura de masas, también un sonido que surge desde abajo, como toda música popular. Es decir, música significativa para la cotidianidad de las pequeñas o grandes comunidades concretas de músicos y públicos que la generan (incluso antes de que vendan un disco o alcancen la fama).

Así, María Fernanda logra hacer convivir a los grupos más famosos de esta última camada como el Instituto Mexicano del Sonido o Moderato, con los menos conocidos y más recónditos, al fotogragfiarlos en lo más íntimo de su vida diaria como son sus buhardillas, sus lugares de ensayo.

La cuarta impresión consistió en el urgente deseo de oír a todas y cada una de las bandas consignadas (¿a qué sonarán tantos gestos y colores?). Por fortuna hoy contamos con MySpace, así que no añoré demasiado la inclusión de un CD dentro del libro.

Sí, porque Sonidos Urbanos da cuenta también de lo que significa habitar las escenas roqueras en una época de comunicación acelerada que ha potenciado la posibilidad de la gestión directa y horizontal de los recursos.

En diciembre de 2006 la revista Time salió a la venta con su acostumbrada portada que consigna a La Persona del Año, sólo que esta vez la ilustración era un espejo donde el lector se reflejaba junto a una sentencia que decía “la persona del año eres tú”, aludiendo a la aparición de la segunda generación internáutica conocida como Web 2.0, caracterizada por la ubicua conectividad inalámbrica y la consiguiente proliferación de redes, poniendo en manos de la gente común los recursos técnicos para comunicarse, distribuir y producir sus obras, ya sean visuales, sonoras o textuales.

Como asienta Patricia Peñaloza en uno de los textos del libro, la mayoría de los músicos que aparecen en este recuento crecieron musicalmente sin el peso de vivir en un país endógeno, patriarcal, aislado, autoritario, de fronteras cerradas, mitificando al resto del mundo. A pesar de persistir en México la desigualdad y el autoritarismo, la independencia ha dejado de ser considerada por los músicos como una fatalidad (antes soportable sólo mientras llegaba un sello corporativo a descubrirte). Por el contarario, hoy se ha convertido en una reivindicación o, mejor aún, en un imperativo categórico. Si no, ¿cómo es que ahora, en plena crísis de las disqueras y la radio, hay cada vez más impetuosas bandas nuevas, como testimonia el libro comentado?

Sonidos Urbanos retrata un universo multirreferencial, donde los géneros son una y otra vez transgredidos por impredecibles imaginarios. Las sobadas categorías que definen a los géneros resultan ya insuficientes para dar fe de lo que está teniendo lugar en la vida diaria de esta megaurbe de manera más o menos invisible. Grunch, dark, gótico, punk, ska…ya no son suficientes para denotar lo que significa tocar música en el DF de la aldea interconectada.

Vaya, si pensamos en la ruptura cultural que representó tocar rock en español durante los ochenta, o bien, la heterodoxia que significó introducir sonidos mexicanistas que fueron estigmatizados como tropirrock por los críticos de entonces, tenemos que concluir que es naturalo que hoy nadie se extrañe de que el libro registre a un quinteto de guitarras acústicas tocando música de vaqueros con samplers de películas de Spaguetti Western como los Twin Tones, sin preocuparles si eso “es rock”. De la misma manera, hoy resulta plenamente natural que el libro registre a un dueto de poesía lírica y pistas sonoras como los Ositos Arrítmicos de Lemuria, por poner apenas un par de ejemplos de esta irrefrenable galaxia variopinta, donde la hibridez libre y multirreferencial es la norma. ¿O acaso es posible ser ortodoxo y canónico en una ciudad tan diversa y esquizofrénica como el DF?

La ciudad como red. Vortex. Nodo. Risoma. La música que explica a la ciudad y no a la inversa (a pesar de los afanes socilogizantes de Manuel Perló en uno de los textos del libro). El sonido como cuerpo o mejor, calle.  Mapa sónico de lo que significa ser urbanita, o mejor dicho, chilango.

El libro es un mapa del espacio simbólico capitalino, un registro del imaginario urbano. Pero si da cuenta de un fenómeno generacional y espacial, también es un híto editorial de caracter generacional en sí mismo. Su concepción y arquitectura muestran cómo hay una camada de gente que experimenta su ciudad de una manera singular y por lo tanto la cronica de otra forma, es decir, sin buscar un discurso lineal que ya no puede dar cuenta de la inevitable conciencia de la simultaneidad que es vivir esta ciudad en estos tiempos: a la manera de las muñequitas rusas llamadas matrushkas, el DF es muchas ciudades, dependiendo de la Delegación, el barrio, la calle, el cuchitril o la bodega donde se ensaye o se organice una tocada. 

Editorialmente, el equivalente más inmediato de este libro es la “guía de asombros” de la ciudad, editado por Océano bajo el titulo de Citámbulos, también organizado fragmentariamente, con textos aleatorios que pueden leerse en el orden que se desee, como si se navegara por los playlist de un iPod o por las entradas de la Wikipedia o de los blogs, ofreciendo varios niveles de discurso al mezclar texto con imágnes y referencias auditivas de lo que significa experimentar la ciudad y sus escenas: una Guía Roji escrita al estilo de Rayuela.

Desde luego que Sonidos Urbanos realiza un registro perfectible. En cuanto a sus textos, muchos de ellos parecen reproducir cliches de otras épocas, como el de Warpig que despotrica contra el rock por considerarlo sólo una mercancía, asumiendo un purismo contestatario que echa de menos a sus héroes inmaculados (como si Led Zeppelin no se hubiera “manchado” jamás por la mercadotecnia). Por lo demás, Sonidos Urbanos cae en elincomprensible uso de gachupinismos, como el llamar americanos a los estadounidenses.

Pero fuera de algunos de estos deslices, Sonidos Urbanos ofrece un diagnóstico que sienta un precedente. Sin pretensiones exhasutivas, resulta incluyente al registrar la diversidad de géneros, escenas, circuitos, clases sociales, imaginarios, colores de piel, razas, incluso idiomas que se entremezclan diariamente en esta ciudad. Destaca también, en comparación con otras épocas, la notable presencia de cada vez más mujeres dentro de un género musical que durante sus primeras décadas fue casi exclusivamente masculino.

Por lo mismo, sonidos urbanos es una ventana que nos permiten vislumbrar el Aleph sonoro que es nuestra ciudad. ¡Felicidades María Fernanda! 

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           Maria Daniela y su Sonido Lasser, foto incluída en el libro Sonidos Urbanos 

 

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2 comentarios to “SONOSFERAS Y NOSTALGIAS”

  1. […] trazar una topografía del imaginario roquero (como ya mencionaba al comentar el libro de Sonidos Urbanos). Esta topografía del imaginario nos habría permitido integrar diversas variables que entran en […]

  2. WARpig said

    No había leído este comentario tan docto. Sobre lo que escribí en “Sonidos Urbanos”, te invito a que lo vuelvas a leer. A lo mejor esta vez si le agarras la onda. A lo mejor no. El esfuerzo se hizo. Saludos.

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