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Sobre los espacios culturales alternativos

Posted by pachoj en noviembre 11, 2007

Veo un artículo de Lucina Jimenez en El Universal, donde trata un tema que me ha obsesionado desde principio de los años 80. Recientemente viajé a Oaxaca a participar en el Segundo Coloquio Oaxaca, Cultura Mexicana, Revisión y Prospectiva, realizado los días 28 y 29 de septiembre de 2007. Mi conferencia se llamó “Un País invisible. Escenarios Independientes: Autogestión, colectivos, cooperativas, microempresas y Cultura Alternativa”. El coloquio fue organizado por el Francisco Toledo, José Woldenberg, y Enrique Florescano, auspiciado por IAGO, la editorial Taurus y la revista Nexos. Entre los participantes estuvieron ALEJANDRA MORENO TOSCANO, NÉSTOR GARC͍A CANCLINI, RAFAEL PÉREZ GAY,CARLOS MONSIVÁIS y LUCINA JIMÉNEZ.El tema de quella ponencia de Oaxaca tiene relación con el tipo de recuento que Lucina ahora realiza en El Universal:

 

Escrito en voz altaLucina Jiménez22 de marzo de 2007

Ser y dejar ser, Estado e iniciativas ciudadanas

México tiene gran urgencia de aprender de ciudades como Medellín, Barcelona o San Salvador de Bahía, donde la vida urbana está alimentada por muchos pequeños espacios culturales que viven -y hacen vivir la cultura- a partir de iniciativas gestionadas por ciudadanos, colectivos y agrupaciones juveniles o artísticas fuera del Estado.

Aún en los años duros de la violencia en Medellín, a principios de los 90, esos foros contribuían a pensar y elaborar posturas diversas sobre el miedo, el narcotráfico, la guerrilla y otros fenómenos sociales, a través del arte escénico o visual.

En Bahía hay un intenso tejido de asociaciones civiles. Bares, galerías y centros de estudio de batucada o berimbau canalizan la energía social de miles de jóvenes que viven en condiciones de pobreza en las favelas, pero que encuentran en la música y en los clubes de samba un sitio de dignificación.

En Barcelona, lo que inició como una escuela de música popular montada en un garaje de una vecindad, se convirtió en detonante para la regeneración de una zona antes considerada peligrosa. Ahora es uno de los centros cosmopolitas de formación de músicos de salsa, rock y jazz. La escuela tiene un bar, donde al calor de unas cervezas, un piano, un bajo y una batería, se convoca a estudiantes y músicos profesionales alpalomazo, una práctica que forma parte de la metodología de aprendizaje para la improvisación y el ensamble.

Esas iniciativas contribuyen a la diversidad y oxigenan la vida cultural. Abren espacios alternativos a las estéticas dominantes, al mainstream, dan cauce a las estéticas juveniles, muchas veces híbridas, multimedia, temporales, efímeras, irreverentes o emergentes, y a veces recuperan inmuebles abandonados. José Luis Paredes Pacho, ex integrante de La Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio, en su identidad de antropólogo andante, ha documentado a este sector.

De no ser por esos foros o centros, esa parte de la cultura -a veces deliberadamente marginal, otras estéticamente contestataria a las vanguardias artísticas- no tendría manera de expresarse porque no caben ni espacial, ni conceptualmente en los centros artísticos oficiales o convencionales, ya que vienen siendo como el off Broadway, tan sano y vital en Nueva York. 

En México, a pesar de muchos años de insistencia, y sobre todo de experiencias desaparecidas, todavía es una pesadilla hacer funcionar un centro, un foro, una galería o un centro cultural que intenta ser autónomo, es decir, gestionado por los ciudadanos. La legislación no reconoce esos espacios, los trámites de permisos son largos y sinuosos y su tratamiento fiscal no considera incentivos porque tampoco están reconocidos como pequeñas empresas culturales.

Espacios como el Circo Volador, el Centro Cultural La Pirámide, el Foro Alicia, la Alberka o la Escuelita -además de diversas galerías intermitentes e independientes, indispensables para mitigar la falta de espacios en los museos y galerías públicas y privadas-, enfrentan cotidianamente limitaciones de todo tipo, no obstante los diversos foros y reuniones donde se ha establecido la necesidad de atender esta problemática, de la cual dependen diversidad y democracia cultural, dos retos básicos de las políticas públicas de la cultura.

El Arcano, un sitio para el jazz, desapareció en el DF. La misma suerte tuvo La Panadería, que hasta motivó un espacio denominado La Rebeca, en Colombia. La lista es larga, abarca no sólo las artes escénicas sino el cine y el video, y la amenaza se cierne sobre otras pequeñas empresas culturales del disco: Cora son y Pentagrama, que sobreviven gracias al tesón de sus impulsores.

Esto sucede no sólo en la ciudad de México, sino en muchas otras urbes. En Xalapa, en el marco de una conferencia en la Facultad de Teatro de la Universidad Veracruzana, varios profesionales de las artes escénicas describían la misma situación. En Mérida, Raquel Araujo tuvo que cerrar un forito que se abrió con recursos del programa México en Escena, de Conaculta, para fomentar un teatro contemporáneo a la yucateca.

El modelo de política cultural que México heredó de la posrevolución se basó en una fuerte y casi única presencia del Estado en el espacio social. A través de sus instituciones, éste lo hizo todo o casi todo. Creó museos, centros culturales y escuelas de arte, abrió sitios y zonas arqueológicas, así como bibliotecas, y produjo y distribuyó obras de arte, hasta que ya no pudo hacerlo con el mismo ritmo, debido a la escasez de presupuesto.

Hoy el reto de este Estado, en sus tres niveles de gobierno, es precisamente el de ser y dejar ser. Se puede ser un Estado fuerte, pero a la vez crear las condiciones para que florezca ese otro sector urgente de consolidar.

Para ello, se requiere un acto deliberado y de consenso para otorgar reconocimiento jurídico, agilidad en los permisos, revisión de requisitos para su operación, uso reglamentado y evaluado de espacios públicos cuando sea el caso, incentivos fiscales y fuentes de financiamiento, entre otras cosas. La política pública y su expresión jurídica en este sector deben aspirar a ser integrales, no fragmentadas. En su diseño y elaboración es fundamental la opinión de los actores de dichos procesos. Eso haría un Estado facilitador para contribuir a la democracia cultural.

 

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3 comentarios to “Sobre los espacios culturales alternativos”

  1. Christie said

    Hola,

    Donde está este sitio en Barcelona?

    Muchas gracias,

    Christie

  2. M said

    Le daba un vistazo a tu blog y di con este artículo, vi un cartel sobre este evento pero no se por qué ya no fuí, no acostumbro dejar comentarios pero me gusta cuando se dan este tipo de coincidencias (por llamarlo de alguna forma) ya que hoy di con tu blog, así que por aquí estaré leyendo. Me hubiese gustado mejor que expusieras lo que tu piensas sobre el tema de los espacios. De todos modos queda aquí mi correo, por si quieres enviarme el resumen jajajjajaja como cuando uno falta a clase y le faltan los apuntes.

    Saludos

  3. Alberto Ramírez Jaramillo said

    Me parece oportuno hablar de espacios culturales o espacios para la cultura sin aludir al eslogan del metro ya que considero que efectivament espacios como el metro estan faltos de espacios donde otros actores sociales introduzcan sus inhovaciones, inquietudes y creatividades. Así pues fomentemos que los espacios culturales son aquellos bienes materiales, simbolicos, rituales e interactivos llenos de formas abstractas y concretas,donde las personas recreen sus expectativas de vida sea individual o colectiva. Basta ya de aquellos espacios donde estan siendo ocupados por personas que segregan a los ciudadanos que razonan y aportan a la amalgama cultural de México.

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