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Notas provisionales y ficciones

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Perdóname mi amor por ser tan guapo

Posted by pachoj en julio 11, 2005

Para seguir con el tema del post de las Transgresiones transoceánicas, donde comparábamos a la Sevilla de los setenta y el México de los setenta, con motivo de la expo Vivir en Sevilla, son diversos los géneros populares tradicionales que sí se vieron influidos por la cultura de masas (el rock internacional) en nuestro país.

Por ejemplo, la cumbia mexicana que, a diferencia de la colombiana, tiene como característica el carecer totalmente de síncopa, al grado de que este género se baila en los barrios bajos mexicanos como si fuera rock&roll. Otros géneros populares masivos son el chunchaca del Golfo, la balada en todo el país y, posteriormente, la música grupera, la tecnobanda y demás géneros son herederos de estas influencias.

Por cierto, se trata de músicas sin sonoridades de la sicodelia ni del rock progresivo, como sí se dio en Sevilla, sino más bien deudoras de la balada rock temprana. Los Ángeles Negros, Los Mier, Rigo Tovar (“Perdóname mi amor por ser tan guapo” y “La Sirenita”), Chicoché (con sus overoles acampanados y su rola “De quen chon”), Los Flamers (con sus cajas de ritmo de sonido barato y sus covers de Miguel Mateos o, incluso, la rola “Llorando se fue” ¡donde el treclado emula el sonido de la quena sudamericana!), Grupo Impacto con su rola “Las bonitas no son fieles” que tiene ese teclado y guitarra que parecen ska involuntario y ese principio donde la voz explora la rítmica más que la melodía al grado que casi llega al rap (aunque estos dos rasgos no son una influencia directa, ni indirecta, y sólo los menciono como analogía para ilsutrar cómo canta de continuo la letra misógina y machista, sin una sola respiración intermedia):

“Querida tú siempre estás luciéndote y fingiendo tu inocencia con tu cara de muñeca y ese cuerpo tan esbelto pero llevando por dentro la traicion y la maldad…”

La lista es interminable: Marco Antonio Solis (“Si no te hubieras ido” es ya un clásico sancionado inlcuso por las clases ilustradas gracias a Alfonso Cuarón -sound track de “Y tu mamá también”-), Los Bukis, y más tarde Bronco (su rola “Que no quede huella” empieza con una guitarra rasgueada como en el reggae, por no mencionar que sus conciertos masivos dejan chicos en espectacularidad, energía e ímpetu a muchos roqueros, sobre todo cuando tocan clásicos como el cover “Adoro” ). Tampoco podemos dejar de mencionar a los masivos Los Tigres del Norte y El Mexicano, entre tantos otros.

Todos estos grupos y escenas populares sólo en fechas recientes han sido revaloradas por las elites ilustradas en el país, quizá en ocasiones con cierto esnobismo que les es tan propio, ya que cíclicamente se muestran proclives hacia las estáticas que consideran (y sólo pueden entender como) kitsch.

Pero lo importante del fenómeno andaluz -no sólo el sevillano- DESDE los setentas (independientemente de la exposición que aún no terminé de ver y por lo tanto omito mi opinión y por ende hablo más a partir de mis propias investigaciones), es que permite comparar la realidad de los procesos mexicanos desde la óptica de los campos culturales diferenciados, según me ha interesado desarrollar desde hace tiempo para poder explicarnos los distintos niveles de hibridación y las diferentes nociones de “modernidad” que presentan las diversas escenas culturales dentro de las mismas ciudades y dentro de las diferentes regiones rurales. Perspectiva que nos permite comprender incluso fenómenos como el rock indígena mexicano que se desarrolla desde principio de los noventa hasta la actualidad y que todavía nadie ha documentado ( Ponencia Los Hijos del Campo)

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