latribudelpulgar (antes ruidos de la calle)

Notas provisionales y ficciones

El ring del teléfono

Posted by pachoj en julio 26, 2004

Ruidos: el ring del teléfono. Alguien del otro lado que no conozco explica que Andrea G. le dio mi número. La voz desconocida me informa de un programa de TV sobre “La Universidad Nacional Autónoma de México 20 Años Después”, para el cual desean evocar aquella manifestación de más de 100 mil estudiantes que llenó la inmensa plaza pública de la Ciudad de México, durante la huelga del Consejo Estudiantil Universitario de 1987, cuando Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio tocó arriba de un camión de redilas. 

Entonces llegamos hasta el Zócalo de la Capital, el centro simbólico de México, nombre de un país que en nahuatl significa El Ombligo de la Luna. Sí, el Zócalo era como el ombligo del Ombligo, una plaza mítica frente al Palacio Nacional y la Catedral, que en esos años era todavía infranqueable para los movimientos de oposición en el México de partido hegemónico y corporativo.

Aquél día fue todo un hito en los movimientos sociales del país que venían tomando fuerza desde 1985, año en que un terremoto devastó la Capital y propició un movimiento de autorganización ciudadana para rescatar a los damnificados, ya que las instancias del gobierno encargadas de hacerlo no sirvieron para nada. Comenzaba el auge de la izquierda social, en oposición a la izquierda partidista, con un lenguaje movilizatorio más lúdico, cercano al arte, al performance callejero y, al fin, con sentido del humor.

A la vez, nosotros aún éramos un grupo de rock apenas conocido entre la elite o gueto ilustrado de los artistas jóvenes que pululaban por los antros homosexuales como el Bar 9 o los garitos clandestinos como el Tutti Frutti. Un medio donde confluía una camada de pintores, fotógrafos, performanceros, escritores, editores, bailarines, actores, algunos de los cuales se volvieron famosos con el tiempo, otros terminaron frustrados renegando de la contracultura que decían representar entonces.

Algunos artistas llegarían a la “cumbre”. Otros desaparecerían: Mamá Z (rock ¡existencialista católico!) Simples Mortales (de donde sale Álvaro Ruiz, hoy célebre en la escena electrónica chilanga), Baraja (ska tempranero). Fueron muchos. Recuerdo a Ruben Ortíz, artista visual, a Gabriel Orozco y su clan de artistas plásticos y, por entonces, historietistas como Damian Ortega y Abraham Cruzviillegas; al actor Daniel Gimenez Cacho (recientemente devenido chico Almodovar), a la actriz de culebrones Claudia Ramírez, que también aparece en la cinta “Solo con tu pareja”, el primer largometraje de Alfonso Cuarón.

El mismo Alfonso Cuarón era un personaje intenso en aquella época. Alrededor de 1985 filmó su primer cortometraje en la buhardilla donde entonces yo vivía. Sí, en aquel bohemio Edificio Ermita, de estilo art decó y funcionalista, ¿hoy protofuturista?, actualmente gentrificado, donde ahora tiene su estudio  Jose Álvarez, ex director de la emisora Radioactivo de los noventa.

Un edificio construido en los años treinta y que desde los cuarenta albergó a tres comunidades aparte de los mexicanos: los republicanos españoles refugiados, los alemanes que migrarían por razones económicas a México pero de ideología facha, y los comunistas, ya que el edificio se hallaba enfrente de la embajada Soviética, en un recinto que alguna vez fue el casco de la hacienda de los aristócratas decimonónicos Escandón.

De hecho, a principio de los 1940 había en el Edificio Ermita una célula del PC mexicano, su casa de seguridad era el departamento 620, comandada por el muralista Siqueiros, quien hospedó ahí, justo arriba del que yo habitaría décadas después, al mismísimo Ramón Mercader (aka Jacques Mornard), quien en agosto de 1940 salió precisamente de ahí para asesinar a Lev Davidovich Bronstein, mejor conocido como Trotsky.

Cuántas veces, durante los reventones en que relataba a mis invitados el pasado del edificio, imaginé a Mercader cerrando la puerta del departamento 620 para recorrer el pasillo del sexto piso hasta el elevador de rejita corrediza, bajar lentamente y salir a la avenida donde lo esperaba su madre, Caridad Mercader, con el auto encendido para llevarlo hasta el sur de la ciudad a cumplir su triste misión, en el barrio de Coyoacán donde estaba la casa fortificada de Trotsky, a pocas calles de la casa de Frida Khalo y Diego Rivera, que había sido expulsado del PC en 1929.

En el Edificio Ermita vivió también Rafael Alberti, según me contaban las ancianas que vivían en el cuando yo llegué ahí, alrededor de 1978. Ellas fueron las que me relataron miles de historias, por ejemplo, me contaron que en el inmenso patio central que hay en el piso cuarto, que vendría a ser como la azotea del cine que hay abajo, funcionaqba como un lobby y tenía muebls, como si fuera una gran sala con sofás debajo de un vitral. Ahí cada comunidad realizaba sus propias fiestas conmemorativas, y que aunque antagónicas, cada una respetaba el uso de ese espacio público por las otras, como si se tratara de un inmenso edificio estilo “Metrópoli” de Fritz Lang que albergara una república de la tolerancia. Las historias de ese edificio son muchas, enclavado ahí, en el principio del barrio bajo de Tacubaya y del cual salí lustros más tarde cuando me subieron la renta, producto del encarecimiento del suelo de la colonia vecina, la Condesa, donde antes vivían los artistas bohemios y que ahora hospeda los bares y restaurantes para gente más adinerada.

Salí de ese edificio alrededor de 1996. Antes de ello, por 1985, decía, Cuarón realizó aquel primer corto para su escuela de cine, llamado Cuarteto para el Fin de los Tiempos, como la pieza de Messian. Un corto que tenía una influencia tremenda y naif de la primera época del suizo Alain Tainer, principalmente de la cinta en blanco y negro Carlos Vivo o Muerto. El sonund track de la peli de Cuarón era precisamente la música de El Cuarteto del Fin de los Tiempos de Messian y que en cierta forma retrataba muchos pasajes que Alfonso vio durante el año que se dedicó a visitarme para convencerme que le prestara mi cuartito, al grado de que semejante corto podría ser una bitácora de aquellos días de mi adolescencia, salvo porque termina en suicidio.

Todo esto lustros antes de que Alfonso concibiera siquiera, junto con su hermano, la peli “Y tu mamá también”. Por cierto, el hermano de Alfonso, el guionista Carlos Cuarón, era igualmente un asiduo personaje de los tugurios de la época subterránea del rock mexicano de finales de los ochenta, quien siempre llegaba con Laureana Toledo, hija del pintor, a reventar con gente como los editores de las revistas que aglutinaban a la vanguardia irreverente a la sazón, La Regla Rota y La Pus Moderna (nombre que nació en el Bar 9 durante las fiestas que organizaba Rogelio Villarreal), junto con su colega Fadanelli, editor de Moho e inventor de la “literatura basura” (que hoy ha ganado sendos premios literarios y publica en las mejores corporaciones editoriales –adiós al underground). La fotógrafa Maya Goded (su trabajo sobre las prostitutas del mercado de La Merced en el Centro de la Capital puede verse en zonezero.com), en fin …

La espiral sería infinita.

Cierto, resulta cómico mencionar hoy día estos nombres tan irreverentes y ver cómo, de seguir haciéndolo, confeccionaría un catálogo de personajes a los que, 20 años después de la época aquí relatada, ningún ejecutivo pondría reparos para que aparecieran en sus revistas de sociales. Pero entonces todos estos personajes eran desmadrosos, subterráneos, anónimos y entusiastas utopistas. Y no invoco ninguna nostalgia. Para nada, muchos de ellos continúan haciendo de las suyas sin desasosiego, ya sea aún dentro de la marginalidad o fuera de ella.

Sólo que así transcurrían los días en que marchamos al Zócalo dentro del movimiento estudiantil contra las reformas universitarias. Los estudiantes luego comentarían que marchaban con la fiesta y el miedo a flor de piel, por las resonancias de la masacre contra la anterior generación universitaria, que en 1968 fue reprimida por el ejército al osar pisar el Zócalo con su protesta (y por cierto, hace tres días el secretario de Gobernación a la sazón, Luis Echeverría fue salvado de ser juzgado por el genocidio del 10 de junio de 1971, alquimias de nuestra “transición”).

Maldita Vecindad era todavía un grupo minoritario, así que cuando la gente llegaba al Zócalo, sólo veia a varios locos arriba de un camiónde redilas tocando un ruido extravagante e incodificable para esos días, un ritmo desconocido que después se volvería familiar, pero sólo hasta 4 años después con Kumbala, una canción que al fin se atreverían a transmitir en la radio, quizá porque sonaba más a un bolero que a rock (entonces casi censurado en las emisoras mexicanas); aunque por otro lado esa misma canción terminaría sonorizando el acto principal del violentísimo bar arrabalero que llevaba por nombre un guarismo: 14. –

Paradojas de la vida.

Imposible no dispersarse ante la irrupción de recuerdos de antaño y de hogaño, propiciados por el timbre fugaz de un teléfono. ¡Ring!: ¿cuántos años caben en una campanada? … La voz desconocida me preguntó por la marcha estudiantil de 1987 y recordé todos aquellas impresiones que los marchistas me relataron entonces y que hoy evocarían elocuentemente lo que en esos días previos al foxismo y al zapatismo significaba ser joven, estudiante, activista y artista en el país, mientras creíamos conquistar el ombligo simbólico del poder corporativo de una República Virtual, es decir, meramente nominal. ¿Será de todo esto de lo que quieren que hable en el programa de televisión? La voz desconocida al teléfono no me lo aclara del todo, sólo insiste que “les urge entrevistarme”. Imposible hacerlo en sus tiempos, así que rechazo la entrevista. Rinng: alguien del otro lado del teléfono me despereza un lunes por la mañana. El día así comienza. ¿CUántos años caben en una campanada? Yo inicio mi blog

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