latribudelpulgar (antes ruidos de la calle)

Escribir ficción es hacer suposiciones acerca de la naturaleza de lo real

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Quevedo

Publicado por pachoj en Agosto 6, 2007

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“Sólo lo fugitivo permanece y dura”.Anoche fue la fiesta de cumpleaños de Paola y María Inés Roque. ¡Cuánta gente de antaño!Fiestas a las que siempre me gusta ir solo para poder ver a viejos conocidos. Aunque converso poco con cada uno de ellos me gusta verlos silenciosamente. Evocaciones introspectivas.Me dio mucho gusto ver a Ninaki. Charlar brevemente con “Cuate”, tan enfadado por el panorama político que nadie alcanza a codificar del todo, a María Inés tan sonriente.La consola no funcionaba bien, fue imposible mezlcar.Yo me sentía mal del estómago.Cómo pasa el tiempo.

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Mrs. “E”

Publicado por pachoj en Junio 24, 2006

Doce horas después, MRs. E escribió a doña Pepa parcamente:

Gracias por la charla, lo pasé realmente bien, ya cenaremos.

Saludos, E.

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Doña Pepa

Publicado por pachoj en Junio 24, 2006

En el Covadonga me encontré a siete mujeres, la octava fue doña Pepa. Cinco conocidas desde la infancia, cada una de distinto ámbito, de distinta época. Era noche de niñas, me dijeron, por lo que expliqué que yo sólo pasaba saludarlas, que tenía una cita con un amigo que estaba por llegar, que no pensaba sentarme. Ellas rectificaron “bueno, entonces siéntate mientras viene tu amigo, te cambiamos el nombre y ya”.

Todas casadas o divorciadas. Menos doña Pepa. Conversaciones femeninas. Rizomas, cada una por sí misma. Pepa Extasiada. De pronto ahí reunidas todas, después de tantos años y viajes e historias. Y ahí, justo frente a doña Pepa, Mrs. “E”, la séptima convidada a la mesa, a quién hasta entonces parecía no conocer. Recapitulando, riendo, ironizando con alegría. Charlas invictas, recónditas, festivas.

Me levante de esa reunión fascinante cuando llegó mi amigo. Inevitable que Pepa no se quedara en esa mesa, así que la dejó ahí departiendo mientras yo me iba a cumplir con mi cita de trabajo, condenado a hablar de temas varoniles bastante más aburridos.

En cambio Pepa terminaría en otro bar conversando precisamente con Mrs.”E”, hasta la madrugada.

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Isabel

Publicado por pachoj en Junio 24, 2006

Hace más de dos años conocí a Isabel en Bogotá. Deslumbrantemente hermosa. Le hablé durante un concierto de Curupira en la Universidad. Paseamos y nos amamos. Lloró al despedirnos. Luis Mario Moncada fue testigo. Sus fotos están en el mes de diciembre de 2004 en este blog (Teoría situacionista sobre elamor )

De vuelta en mi ciudad continuamos escribiéndonos. Yo la invitaba a venir, ella nunca respondió directamente al tema. Tampoco podía insistirle demasiado en que cambiara de aires, que dejara su vida de músico por mí. Tenía un delicioso arete en la lengua, al igual que en cada uno de sus dos pezones. Un año después volví a mencionar que viajara a México, entonces respondió que no tenía dinero para ello. Evidentemente le dije que eso no era problema si yo la estaba invitando y se entristeció por ello.

Según ella yo nunca dejé claro ese punto. Pero de cualquier forma, ya era demasiado tarde. Sí, me dijo, se moría de ganas de verme, pero de hecho tenía una noticia que darme. Estaba esperando un hijo de su nuevo amigo.

Hoy, un año después de haberme dicho la noticia, me han llegado dos fotos de ella, retratada con dos meses de embarazo a la orilla del río amazonas, en Brasil. En la foto lleva una camisetita de verano mostrando la panza al aire y sus pezones tan inflamados que se marcan en la tela, enormes, deliciosos. Su sonrisa es aún más hermosa que antes.

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Un vientre espigado

Publicado por pachoj en Junio 19, 2006

Imposible olvidar su ombligo solitario en medio de un vientre inescrutable. Hablamos muy poco la primera vez, durante la Segunda Feria de las Disqueras Independientes del Museo Anahuacalli. Yo era asesor y me interesaba ver cómo salía todo el evento, así que no charlé demasiado con la gente. Volví a verla el viernes 9 de junio durante la presentación de Puerta de las Américas en Casa del Lago. Llevaba nuevamente su ombligo al aire. El domingo me la encontré una vez más en el Hotel Sheraton, comimos junto con el brasileño Benjamín Taubkin, un marroquí­ y varios otros amigos en El Cardenal. Entonces pudimos hablar un poco más, bastante más, principalmente de música. Días después me escribió y armó un diálogo simpático y provocador. Finalmente salimos a cenar esta semana, fuimos a la Fiesta de la Música a la Casa de Francia y luego a algunos bares. Los temas fueron la prosa y la topografía sudamericana. Y desapareció.

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Vasos comunicantes

Publicado por pachoj en Julio 25, 2005

Terminé la novela de Charlotte Carter, “Rhode Island Red”, traducida como “El dulce veneno del jazz”. No está mal, maneja el suspenso que te atrapa hasta el final, pero también te deja un tanto vacío. Es una novelita policiaca light, salvo porque quedas con un sabor recóndito de NYC.

Menciona sitios donde tuve también vivencias amorosas, como Gramercy Park, así que todo el día me han venido involuntariamente sensaciones neoyorquinas, ¡cómo se me ha antojado ir allá! Curiosamente estos sabores ya no me remiten a una persona en particular, sino a una genérica sensación pasional. ¿Año 93, 94, 99 o 2004?, cinco personas singulares en cuatro fechas distintas, momentos amorosos tan intensos como diferentes, que ahora parecen un mismo tributo a la ciudad antes que a alguna sola persona.

Cómo hay ciudades habitadas ya no por una mujer en particular, con nombre y apellido, sino por el recuerdo de una dimensión que se hipostasía a la ciudad misma. En mi biografía personal París, Roma, Sevilla, y Nueva York ya no son meras ciudades.

Ayer me compré un clásico reeditado, Vasos Comunicantes de Andre Breton, lo empezaré pronto. De hecho, esta mañana comencé los cuentos de Mauricio Montiel “La piel insomne”.

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Lágrimas Negras

Publicado por pachoj en Julio 16, 2005

Buscando las fotos de Manolo Molina que le tomé en sevilla en septiembre de 2003 (y que postié hace unos días en transgresiones transocéanicas, bueno, el caso es que me encontré este viejo y gracioso artículo sobre un amor efímero, publicado en la columna Ruidos de la Calle del diario Reforma de diciembre del 2003:

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LAGRIMAS NEGRAS


Por pacho

La conocí porque un amigo común le dio mi teléfono para que le mostrara la vida nocturna de esta ciudad. Yo acababa de llegar de España y tenía ganas de cualquier cosa menos de pasear a una extranjera desconocida, pero, qué remedio, los encargos fraternales no se rechazan y quedé en pasar por ella a las ocho.

Cuando llegué no sabía adónde llevarla. Y lo que menos podía saber era que cuatro horas después estaría perdido en una noche de azares deliciosos.

Fuimos a cenar a un bar y la charla navegó placenteramente a la deriva; era guapa, sí, pero mi mente estaba aún en Madrid, en los amigos del barrio de la Latina que me habían regalado discos que todavía no había oído; hasta ese momento sólo me importaba encontrar el tiempo suficiente para escuchar toda esa música aún por descubrir. Pero entonces ella cruzó la pierna y dejó caer su zapato al piso. Con un gesto tan simple su figura se incendió de erotismo.

En realidad miento. Todo había empezado un poco antes, cuando abrí un Cd que traje de España mientras ella se subía al carro. Fue ahí donde la noche se llenó de una sensualidad impersonal que irrumpía de manera acaso inofensiva. Más tarde, durante la conversación en el bar, comencé a olvidar mis nostalgias ibéricas para enfocar cada vez más los gestos de mi acompañante desconocida, el brillo de sus ojos devorando al mundo, la soltura en su andar y la intensidad de su sonrisa, sensaciones aún ambiguas. Fue entonces que se quitó los zapatos con toda esa gracia fulminante.

Cuántas veces un disco se confunde con el deseo. ¿Qué estamos oyendo? ¿una rumba, una seguidilla o una guajira andaluza? En el bar recordaba una y otra vez aquella pieza hechizada donde la voz de un gitano canta un bolero: “En la vida hay amores que nunca pueden olvidarse / Imborrables momentos que siempre guarda el corazón”.

Y miento otra vez. Ahora que lo pienso todo empezó en Sevilla hace un mes, durante el concierto que dieron Bebo Valdés y Diego el Cigala ante un teatro abarrotado, cuando presentaron el repertorio de su Cd Lágrimas Negras. Allá, tras bambalinas, a un costado del escenario donde Diego me había invitado a presenciar el concierto, casi podía oler el sudor pasional de los músicos, las notas invocaban una sensualidad sin destinatario, genérica pero innegable y abrumadora.

El de Bebo y Diego fue un encuentro insólito de dos figuras hasta entonces distantes por la geografía, pero cercanas desde siempre por la sensibilidad. Ya Antonio García de León demostró la vinculación histórica entre la música andaluza y la caribeña en su libro El mar de los deseos (Siglo XXI, 2002). Sin embargo, aunque se trata de un texto sorprendente, en definitiva no es más que una apelación a la Historia. Y lo que sucedió aquella noche sevillana, en cambio, fue la negación misma del tiempo, el incendio del erotismo ante la fugacidad del instante. Una tormenta en el mar de las pasiones, donde la canción antillana sonaba a cante y la voz gitana a bolero: “Turbio fondeadero donde van a recalar/ Barcos que en el muelle para siempre han de quedar/ Sombras que se alargan en la noche del dolor/ náufragos del mundo que han perdido el corazón”.

¿Cómo comenzó todo? Fue tal vez su conversación inteligente, su mirada o su piel, o quizá la música que sonaba en el auto cuando varias horas después la dejé en su hotel.

Sin embargo la historia de aquel disco comenzó mucho antes, cuando Diego conoció al cineasta Fernando Trueba, quien le mostró su película Calle 54 (donde sale Bebo tocando). Diego cuenta que quedó flechado por el pianista cubano y decidió invitarlo a colaborar en un par de tracks de su disco Corren Tiempos de Alegría (2001). Trueba lo produjo: “Allí lloró hasta el apuntador. Aquello era el ensayo general del disco que yo quería hacer con Bebo y Diego”, recapitula el cineasta en las notas incluidas en el Cd Lágrimas Negras (2003), una bitácora visceral de la aventura. Un disco en el que el cantaor hasta se permite un tributo a Bola de Nieve con su voz rasposa y jonda, donde participa gente como Niño Josele, Piraña y Javier Colina (que estuvieron en México con Diego, en marzo de este año), así como Paquito De Rivera y Caetano Veloso.

Regresé de España con el recuerdo de ese concierto y al día siguiente del encuentro en el bar me hallé en plena carretera, apasionado por la súbita aparición que iba a mi lado, como si los dos nos conociéramos de toda la vida. Siempre supimos que el viaje sólo duraría esa semana. No necesitábamos pensar en el futuro. Escuchábamos el Cd Lágrimas Negras, igual de intenso que el concierto pero aún más breve, menos de una hora de música que hay que volver a poner desde el principio. “Con qué tristeza miramos un amor que se nos va, / es un pedazo del alma que se arranca sin piedad”.

Todo termina: un beso hondo en un aeropuerto. Sus ecos duran todavía. Imposible oír ya ese disco sin evocar aquel encuentro que comenzó con el atisbo de un universo apenas sugerido por un gesto y un pie desnudo. O quizá antes, al escuchar esa música en compañía de una mujer inteligente, hermosa y todavía enigmática. O tal vez después, con un beso tímido a la puerta de un hotel; quién podría saberlo con certeza.

Nos separó la geografía, la misma que desafiaron Bebo y El Cigala. Queda la música y la melancolía por una historia acaso imaginada, sugerida por melodías en las que nos reconocemos como figuras siempre demasiado reales.

Un disco termina frecuentemente por convertirse en la síntesis de nuestros recuerdos, pero sólo en muy pocas ocasiones llega a anticipar la nostalgia, a confundirse tanto con la piel y la pasión fugaces, con el misterio que nos ata a la vida y nos arranca el alma.

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Una historia sibilina

Publicado por pachoj en Febrero 12, 2005

El cristal está roto, incluso. Aún así, el pequeño cuadro con la foto de Sibylle me mira, lleva siglos colgado ahí en ese rincón de la pared de mi estudio. ¿Sibil?, su nombre en español tendría que escribirse Sibila y en inglés Sybil. Sibila profetisa o sibil la guarida subterránea. Ninguna de las dos. Y la ortografía es lo de menos, sino lo misterioso de su aparición, lo cerca que estuvimos durante un breve tiempo y lo gratuito de habernos separado sin retorno. Hacía lustros que no miraba esa foto añeja donde todavía resuena y deslumbra su sonrisa, su mirada fuerte, su graciosa belleza recargada sobre el barandal de un puente que cruza las indescifrables vías del tren en algún sitio de Hamburgo.

La conocí en Berlín en 1993, el mismo día que murió mi padre. No era ninguna profetisa, de hecho su aparición fue posterior a la noticia súbita de aquella madrugada en que me despertó el teléfono con una frase que no recuerdo pero da lo mismo, la muerte es la muerte. Después de ese telefonema me encerré todo el día en el hotel, hasta a las 10 de la noche, cuando quise salir a dar una caminata.

Me fui al Metrodorme en un parque céntrico de la ciudad donde había un concierto, un estupendo pretexto para tener a dónde dirigirme. Al llegar la gente ya salía del auditorio, todo había terminado. No importaba, la idea había sido tomar aire. Entonces vi a una chica de belleza fulminante, ella se dio cuenta de mi pasmo. Una desconocida, pero se detuvo, fue ella quien me abordó con un Español fluido aunque de fuerte acento… Charlamos un rato ahí parados y luego me invitó a echarme un trago. Ella hizo todo, detuvo a un taxi y me llevó a Kreuzberg o algo así, un barrio entonces de inmigrantes pero repleto de bares y restaurantes.

Entramos a un sitio de jazz, saludó a unos desconocidos en su idioma, y volvimos a la calle. Recorrimos así varios bares donde saludaba gente y luego salíamos de inmediato. Como no hablo alemán no entendí nada de lo que decía. Acaso eran amigos que le esperaban y ella pasaba a disculparse, o qué se yo, el caso es que terminamos solos en un antro mucho más extraño. Nos detuvimos frente a una estrechísima puerta de madera, tocó un timbre y alguien abrió una ventanilla por donde se asomaron dos ojos sobrios. La reconocieron y nos dejaron entrar. Se trataba de un antro subterráneo, clandestino. Charlamos durante toda la noche, ella renegando un poco de lo que llamaba “la cultura alemana”, tan cargada del “deber ser”, decía.  “La gente no se abandona a los placeres, menos aún a lo espontáneo”.

Nos dieron las cuatro, las cinco o las seis de la madrugada. Yo miraba su rostro fijamente, azorado de hallarme en ese minúsculo ambiente viciado por el humo y los deliciosos aromas noctívagos berlineses. Un vendedor de flores turco se acercó a ofrecer un ramo, Sibylle habló largamente con él, aunque nunca me enteré de nada. Yo sólo miraba su rostro. ¡Qué noche más rara! Mi padre había muerto esa mañana, ¿cómo podía estar ahí escuchando hablar a una desconocida de belleza deslumbrante sin que nada me faltara? ¿Era un Ángel llegado del cielo o enviado por mi padre con algún mensaje? Su belleza la recuerdo angelical, pero no lo suficiente como para redimirme de mi insalvable ateismo. No, no era un Ángel ni podía haber mensaje alguno, estábamos en un antro apestoso repleto de inmigrantes, outsidesrs, poshippies o pre-todo y nada me importaba más que estar ahí en ese instante, con esos ojos infinitos, fijos, relatándome su vida en el estrecho margen de unas cuántas horas.

Nos despedimos en algún minuto súbito, aunque ya no recuerdo qué tan tarde sería. ¿Por qué no seguimos juntos? Quizá yo necesitaba replegarme un rato, era demasiado para un sólo día. La invité a desayunar a mi hotel a la mañana siguiente. Imposible saber si lograría levantarse a tiempo.

Llegó acaso a las 9 o a las 10 de la mañana, prolongamos la charla nuevamente, era imposible dejar de escucharla. El transporte ya me esperaba a la puerta del hotel, un enorme autobús de dos pisos con literas, mesas, televisor y baño. Ya nos iba mejor en el viaje y el transporte tenía al fin todas las comodidades. Pero todos arriba del camión me esperaban.

Al pie de la escalinata Sibylle y yo intentábamos decirnos adiós, así que finalmente le dije “¿vienes?” 
-No puedo, debo hacer varias cosas mañana-, me respondió. -¿Cómo? Pasaste toda la noche criticando a los alemanes porque todo en la vida es consagrarse al deber y tú ahora me dices lo mismo?

Subió al autobús y partimos hacia Hamburgo. Viajo conmigo quizá una semana entera.

En Hamburgo alternamos con Héroes del Silencio en un enorme parque cubierto por el pasto. La misma hierba que en esos momentos debía estar cubriendo los restos de mi padre en un remoto pueblo mexicano. Sibylle iba y venía, era una mariposa que se movía de un lado a otro como en casa. Yo no estaba en casa ni la tenía. Sólo la miraba y sonreía. Vinieron a mi mente aquellos versos de Evtuchenko que mal recuerdo y que quizá iban así: “voy huyendo de todo lo insondable, como si alguna cosa no lo fuera, huyo de no tener ningún hogar, aunque su falta mi destino sea”. Qué cerca estuve al fin de mi padre en ese momento, cuando acaricié el pasto sentado entre la audiencia esperando mi turno para subir al escenario. A eso se reducía su recuerdo, siempre ausente, pues salí de la casa paterna a los 15 años. Pronto dejé de importarme la frescura del pasto y volví a mirar a Sibylle revolotear entre su gente alemana.

Viajó conmigo una semana quizá. En algún punto tomó un tren para su Berlín y yo seguí la gira con mi banda.

Tiempo después Sibylle vino a México, un par de veces ¿a buscarme? Luego regresó a su país y no supe más de ella. Hace más de dos años volví a recordarla y, casualmente, por esos días, al detenerme en un semáforo, un desconocido dentro de un auto a mi lado me tocó el claxon. Abrí la ventana y me preguntó por ella: “Hey Pacho, ¿tú eres Pacho, no?” 
-Sí, ¿por?
- “¿Tú eres amigo de Sibylle, ¿cierto? ¿Tienes su contacto?”. 
No lo tenía. 
-¡Qué extraño! ¿Cómo sabes que la conozco? … Y qué curioso que te aparezcas hoy precisamente, esta semana estuve pensando en ella y busque entre mis libretas viejas sus datos y no, no los tengo - ,le dije.

Intercambiamos teléfonos y quedamos de que el primero que lo consiguiera llamaría al otro, nunca más supe de él. Ese día llegué a casa y volví a buscar alguna pista, no hallé nada ni recordé si alguna vez anoté su dirección o algún teléfono (en aquellos años aún no usábamos Internet). Quería saber de ella, cómo andaría, pero me hice a la idea de que sería imposible contactarla nunca más.

Hace una semana me llamó Anne H., una escritora e investigadora alemana que me ha editado varios textos en distintos medios de su país. Está escribiendo una investigación sobre la memoria y quería entrevistarme. Finalmente nos vimos el jueves pasado, la entrevista fue larga. Ella vivió once años en México y ahora lleva como tres o más viviendo en Berlín. Aunque la conozco desde hace años, nunca antes le pregunté por Sibylle, pero cuando me dijo que ahora vivía en Berlín casi automáticamente y sin esperanza le pregunté si conocía a “una tal Sibylle, actriz de teatro pero que no se cómo se apellida”…

Sí. Se conocían. De repente se veían en su ciudad. 
-¡No!, ¿Cómo es posible?
-Bueno, Berlín es muy pequeño comparado con el DF, además de que pues, todos los que hemos vivido algún tiempo en el DF nos solemos reconocer.

Me dio su teléfono. Ayer viernes le llame… Qué extraño oír su dulce voz. Qué gusto nos dio a ambos. Por la bocina escuché algunos llantos conmovedores. “Tengo un bebé de 8 meses”, me dijo, “qué maravilla”, continuó, “qué gusto saber de ti. Y qué suerte, porque estoy a punto de irme a vivir al sur de Francia con mi novio.”

Me dio su email y le he escrito. Le pedí que me enviara una foto con su niña.

Mientras tanto, su foto enmarcada en mi estudio sigue sonriendo. El cristal del marco está roto, el tiempo sigue su marcha sibilina.

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Alzheimer

Publicado por pachoj en Enero 5, 2005

Terminaré esta abulia productiva, las vacaciones que me ha permitido hallar joyas insospechadas en mis montañas de cds que no había revisado antes. Ahora mismo escucho Alzheimer, de Paul Desenne, Alonso Joro y Pedro Vázquez, un grupo experimental muy interesante de Caracas, Venezuela que, sinceramente, por ahora no recuerdo quién me lo dio, supongo que lo obtuve durante mi pasado viaje a Colombia.

Hoy llamó MIguel Angel, que estará en México unos meses trabajando no se en qué. Actor y músico radicado en Viena, hace varios años escribí sobre mi encuentro con él en esa ciudad durante 1993 ( De Memoria ); cuando el trabajaba en un foro cultural independiente, el WUK, instalado en una fabrica de ferrocarriles inmensa y abandonada, la cual fue tomada por artistas a principio de los setenta (en 1997 publiqué otro artículo que completa al de marras sobre aquel viaje por Europa que duró tantos meses en Los Puentes de Paradiso en la Tierra). Me dará mucho gusto volverlo a ver, saber en qué anda, si sigue trabajando en el WUK.

Ayer comí con Maga, conocí a su hijo. Lleva lustros viviendo en USA, así que casi no la veo nunca, salvo cuando me tocaba girar por alguna de las ciudades donde ha vivido. Ahora el encuentro fue aquí en el DF, nos fuimos a echar unos tragos. Es deslumbrante su forma de hablar de la vida y del mundo, muy inteligente, siempre curiosa por todo lo que la rodea, ahora me contó su experiencia con los mixtecos de San Diego y Tijuana. Está a punto de terminar su doctorado.

La noche la terminó en un bar, donde me encontré a Daniela siempre inteligente, impetuosa, guapa y contradictoria. Estaba furibunda porque llegaba de filmar no sé qué video para qué corporativo y fue una experiencia subprofesional, insistía (es actriz).

También me encontré a “la pasional epifanía situacionista” de hace unos días, aunque esta vez andaba menos deslumbrante, más apagada, como ausente. Quizá estaba así porque era la víspera de su regreso a Londres, andaba “dispersa”, como bien dijo. Me acaba de llamar para despedirse, que estaba en la cola del avión. ¡Buen viaje!

Pasé a ese bar a echarme un bocadillo y un trago rápido, pero esta vez uno de los dueños se dedicó a regalarme tragos nada más comenzaba a vaciarse el vaso que tenía en las manos, mientras me contaba su idea sobre la relación entre vida nocturna y literatura (es egresado de letras de la universidad).

Fuera de eso, no he hecho más que leer. Hoy será mi último día de este tipo de encierros entre sábanas y libros.

Terminé a James Homes (El asalto a la cultura, corrientes utópicas desde el letrismo a Class War, ed Vrius, España, 2002), su libro es partidista (el autor fue neoísta) pero tiene la seriedad de confesarlo. Es muy pobre en muchos de sus recuentos, pero al menos sirve como un primer ordenamiento de ciertos movimientos utopistas subterráneos. Lo mejor es su odio a los situacionistas con comentarios super puntuales y acertados acerca de sus contradicciones teóricas y su sectarismo. También me parece muy interesante su introducción a la edición polaca, escrita diez años después de que publicara su libro en Inglaterra (verano de 1988).

En esta introducción Homes menciona críticamente a Greil Marcus, asunto imprescindible, ya que Lipstik Traces fue publicado casi al mismo tiempo en Estados Unidos (1989) que Asalto a la Cultura en Inglaterra. Ninguno de los dos leyó al otro entonces, pero la coincidencia, supongo, obedece a que a mitad de los ochenta hubo una exposición retrospectiva sobre el situacionismo, lo cual permitió al mundo angloparlante conocer de primera mano la experiencia situacionista, tan definitoria para los franceses.

En México tuvimos quizá más información que los anglosajones, al menos hubo traducciones en fechas relativamente tempranas: en 1977 se publicó en español el Tratado de Saber vivir para uso de las nuevas generaciones de Raoul Vaneigem y yo recuerdo haber leído La Sociedad del Espectáculo en 1980 o 1983, ya que por entonces en la Escuela de Antropología, donde estudiaba historia, formamos dos organizaciones “pranksters” (sin usar este concepto tal como ahora se entiende). Estas supuestas organizaciones fueron el “Movimiento Estudiantil Anti Crisis Sexuales” y el “Muro de los Lamentos”.

Ninguna de estas dos “organizaciones” falsas pretendía ser situacionista, de hecho, nadie de los miembros conocía el movimiento (y yo mismo no lo conocía muy bien que digamos), o al menos ninguno de ellos hablaba de él, por lo tanto, no éramos herederos de ninguna tradición de este orden, lo cual subraya el cuestionamiento que puede hacérsele a Greil Marcus y a Home sobre el uso de la palabra “tradición”, como si hubiera una memoria lineal, a priori, de estas expresiones. En realidad fuimos un producto de las rupturas académicas y del discurso político de la vieja izquierda del momento, esa era nuestra motivación para hacer aquellos periódicos murales donde dibujaba y metía citas de autores varios, entre otros, claro está, los situacionistas; además metíamos textos originales escritos colectivamente.

La primera era una “organización” supuestamente política, es decir, sus interlocutores eran los grupúsculos políticos de la Escuela y su lenguaje era parapolítico, o sea, usaba el vocabulario politizado de moda pero para invertirlo y cuestionar así el sectarismo y la retórica de la izquierda de entonces, permitiendo una lectura múltiple e, inclusive, de doble sentido.

Lo segundo era un “organismo” académico. Quiero decir, lo que se cuestionaba eran temáticas académicas sobre todo dentro de la carrera de historia (pero también sobre las demás disciplinas antropológicas que había en la ENAH), echando mano de clichés académicos y cultura popular, por ejemplo, mezclando glosas de Marc Bloch con frases del cantante José José (”ya lo pasado pasado”).

A pesar de la distancia, y la bobería, vuelvo a sonreír. Pero lo importante de esa época son los anécdotas, cosa que no voy a contar aquí, pues en realidad estos chistes infantiles o jugarretas tenían sentido ante lo dogmática que era la vida estudiantil y escolar de entonces. Vaya, la carrera estaba inundada por el marxismo, al grado de que en la materia de economía nos pusieron a leer ¡a Oscar Lange!! (recuerdo que me reprobaron porque en el examen intentamos provocar, respondiendo con ideas de Rosa Luxemburgo sobre los mismos temas, pero que contradecían los postulados de Lange). Claro, aún existía la Unión Soviética, El Muro seguía vivo y apenas había despuntado Solidaridad en Polonia, aún no había pasado el terremoto del 85, de tal suerte que la izquierda social (que renovó los lenguajes y los enfoques) aún no era tan visible, así que el Meas y el Muro de los Lamentos eran audacias que hicieron que tanta gente nos odiara y criticara.

Pues bien, después de estas lecturas de Home y Marcus, me dieron ganas de volver a leer aquel libro sobre Guy Debord escrito por Anselm Jappe (Anagrama 1995), donde queda clara la influencia que tuvo sobre los situacionistas el Lukacs de la época de “Historia y Conciencia de Clase”. Prácticamente los situacionistas no agregan nada nuevo a la aplicación que hace Lukacs, en el ámbito de la cultura, de la teoría de la fetichización de la mercancía que Marx desarrolló en el terreno de la economía política (que suele ser de lo más apasionante, por cierto). Exagerando un poco, se puede decir que lo único que agregan los situacionistas es el sectarismo y un lenguaje con más impacto, relacionado con la cultura pop. Y bueno, la mistificación retrospectiva por la época que les tocó vivir, incluyendo el mayo francés, les puso de moda en los noventa, al grado de que Hakim Bay podría leerse como un mero reciclaje del situacionismo en el contexto de Internet, donde la “creación de situaciones” equivaldría a su concepto de zonas autónomas temporales (TAZ).Poco nuevo bajo el sol.

Caray, este CD de Alzheimer está excelente, virtuoso y de un sentido del humor maravilloso, con instrumentos heterodoxos e informales, tocados junto con cuatro, caracoles, chelos, etcétera, tocan rolas propias de distintos géneros, además de unos covers raros de los Beatles y de Hendrix. El track 7, “Preslillaneando a modo de amor en Jachira total” ¡es una canción bajo la regadera!

… “Alzhemir” se llama el disco, decía. Y yo que no alcanzo a recordar quién me lo regaló.

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Balance de fin de año

Publicado por pachoj en Diciembre 31, 2004

Balance del 2004:
Hoy es el último día del año, intenso y crucial. ¿Ya es la tercera edición de Radical Mestizo? Pues salió gloriosa, Rachid Taha incendió el Teatro de la Ciudad desde la tercera canción, poniendo a bailar al teatro entero (ese concierto, junto con el del Zócalo, pueden verse en el DVD incluído en el último CD de Rachid). En marzo, si mal no recuerdo, presentó a Sidestepper y Sweet Electra en el pequeño Lunario y tuvieron así mismo mucho éxito.

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Enrique Blanc y Rachid Taha en un bar después del concierto del Teatro de la Ciudad, DF, y un par de botellas de Wiski, Radical Mestizo 2004
 Héctor Buitargo, Bogotá, 2004.

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También viajé a Colombia como jurado a un concurso que me permitió conocer la actualidad de la música en ese país, rolando con Héctor Buitargo de Aterciopelados, con Manolo, Clara y Cedric y donde conocí a la deslumbrantemente bella María Isabel:

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Isabel y Manolo en Bogotá:



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Por otro lado me gradué el seis de este diciembre, al fin. Antes de eso, viajé a NYC a dar una conferencia a principio de año para encontrarme con una historia fugaz (igual de súbita y situacionista que la de este diciembre); un encuentro incendiario con una inesperada judía neoyorquina que había comenzado en noviembre de 2003 y que culminó en NYC con un desencuentro fenomenal (aunque dias después la ciudad me obsequiara una “tonificante” noche larga, en el piso 140 de cierto hotel, con un ventanal frente a Central Park mientras nevaba).

Por lo demás, y para seguir con la metáfora situacionista, la “narrativa en común” con la extraña neoyorquina, que dio pie a que aceptara ir a dar la conferencia a esa ciudad en el invernal enero, sí dejó rastro bajo el “soporte” de una curiosa columna en el diario Reforma, llamada “Lágrimas Negras”.

Nuevamente viajé a España, donde departí con Kiko y Tina, ví a Manrique, Javi, Mark, Montse, Carles Sala, etcétera, tantos amigos, según puede verse en la serie de estos posts de septiembre. Por último, me adentré completamente en un nuevo trabajo, dejándo atrás definitivamente dieciocho años de otro oficio.

Me iré a cenar con Annette, a recibir el año nuevo y pedir doce deseos.

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Transglobal Underground en el Zócalo, durante Radical mestizo, donde alternaron con Rachid.

 

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Ximena, la protagonista de Perfume de Violetas, con el baterista de Rachid Taha en la fiesta después del concierto en el Zócalo, df durante Radical Mestizo del Festival de México en el Centro Histórico de 2004.

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Teoría situacionista sobre el amor

Publicado por pachoj en Diciembre 31, 2004

“No resultaba fácil inventar nuevos placeres o nuevas maneras de hacer el amor…una idea utópica -aunque no del todo - puesto que, efectivamente, nosotros vivíamos, creábamos una nueva situación, la de exuberancia en la amistad…” Greil Marcus glosa a Henry Lefebvre durante la época en que éste convivía aún con Guy Debord, cuando charlaban como si intentaran tornar su vida cotidiana en algo fuera de lo rutinario, colmada “por deseos aparentemente insignificantes de heroísmo, aventura, huida, venganza…libertad” 

¿Se puede extender esta idea Situacionista a los encuentros amorosos? ¿Se puede decir que hay quienes experimentan el amor como un heroísmo moderno en pos de hallazgos sorpresivos, de aventura? Su valor consistiría en lograr incendiar el instante, crear “una situación” excepcional en la cotidianidad. Entonces, estaríamos ante una forma de arte cuyo “soporte” o “materia prima” sería el propio cuerpo y la propia experiencia, por lo tanto no dejaría rastro salvo en la memoria (o, si la pasional aventura se prolongara, quedaría constantemente expuesta a la incertidumbre de toda experiencia límite inconclusa).

Son vacaciones de Navidad. Llego a un bar donde el azar provoca un encuentro insólito. Me recargo en la barra para pedir un trago y una desconocida protesta, “me estás empujando”. Así tiene lugar nuestro primer contacto de ojos. Me disculpo y procuro evitarla, mientras ella prosigue con sus risas y charlas con sus dos amigas, que me parecen igual de desagradablemente fresas, pijísimas. A partir de entonces, los dos procuramos evitarnos pero parece existir la conciencia del otro. Más tarde veo que trae un tatuaje en las lumbares, justo ahí donde empiezan los gluteos. Con toda naturalidad y sin ninguna intención doble, le pregunto algo al respecto. Así comienza la conversación… Hasta aquí lo normal, la charla se va prendiendo por rumbos insólitos, inesperadamente todo terminó en besos y, mejor aún, en figuraciones verbalizadas sobre planear un viaje a la playa para leer, beber, tomar el sol, hacer el amor y “dormir no más de cinco horas”, diría ella. El arte entonces radicó en la creación súbita de una narrativa sobre uno mismo junto con el otro, en relación al otro y a la inversa (creando una “nueva situación” dentro de la propia vida cotidiana, propiciatoria de la “exuberancia en la -todavía probable- amistad”).

La expansión del deseo como una especie de nostalgia de lo figurado o vislumbrado, un cuento tejido, alimentado y compartido de pronto entre dos personas que, hasta ese momento, habían sido dos completos desconocidos. La valentía de incendiar el instante aún a pesar de la probable desconfianza ante lo desconocido.

Lefebvre pensaba que la utopía era sólo arte, mientras los situacionistas que el arte, al nivel de la utopía, era la vida misma. “El arte puesto en práctica” era un lema situacionista; lo que significaba: La vida puesta en práctica” (Lipstick Traces, 160)

Y si la belleza objetiva está para los situacionistas por debajo de la belleza subjetiva (“te amo porque eres bella” por debajo del “eres bella porque te amo”), de la misma forma en el bar de anoche, cada frase, cada brillo de los ojos atesorado como el más excepcional descubrimiento por cada uno en el otro, los gestos lanzados como dardos que dieran en su blanco (sin que hubiere un blanco previo más allá de la exaltación del instante en común)… entonces, en el bar, decía, ella se volvía para mí cada vez más bella, a mis ojos hermosa, deslumbrante en sus palabras. La charla me llevó a mirar de pronto su cabello rizado, que comenzaba a brillar cada vez más, como en espirales de vocablos súbitamente tangibles, hasta concluir en los besos.

“…porque he averiguado que lo que se dice allá (en un bar) a veces se dice de una manera más clara y misteriosa que en cualquier otra parte; porque sé que uno puede salir de un club nocturno con la sensación de que nada volverá a ser como antes”. (Lipstick traces, 164).

Al día siguiente la ilusión puede desvanecerse con una simple llamada telefónica fallida. Y aún así, aún si la aventura es efímera (¿cuándo no lo es?), quizá la vida (al menos dentro de la subjetividad más profunda) no vuelve a ser igual que antes: se ha vislumbrado (expermientado) la figuración de un deseo, la posibilidad de una cotideanidad distinta.

La chica resultó una estudiante de arquitectura en Londres que estaba de vacaciones navideñas en el DF y había salido al Pata Negra a reventar con sus primas. Sí, una “fresa” de acuerdo a los estereotipos chilangos, pero que su estancia en Londres la habÃía vuelto mucho más abierta a lo que la vida podría ofrecerle. Deslumbrantemente guapa y graciosa. Al final no nos fuimos a la playa y todo terminó en unas cuantas llamadas la noche de año nuevo, en la que finalmente no pudimos vernos por imponderables.

¿Puede haber una teoría situacionista sobre el amor y la pasión? Evidentemente sobre ésto no es que escribe Greil Marcus, ni Lefebvre ni Debord, pero el descenlace noctívago de fin de año se ha prestado para semejantes asociaciones.

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Gracias a ti llegué a mí

Publicado por pachoj en Octubre 10, 2004

Una conv ersación anónima por MSN:

 

If. says: (9:21:29 AM)
 ¿Qué vas a hacer hoy?

X. says: (9:21:49 AM)
 Trabajar, ya no sé hacer otra cosa en mi vida, todo lo demás se me ha olvidado.
 ¿Qué vas a hacer tú o por que me preguntabas?

If. says: (9:23:30 AM)
 Voy a salir con una escritora japonesa

X. says: (9:23:34 AM)
 ¿guapa? ¿Te la vas a ligar?

If. says: (9:24:40 AM)
 jeje… bueno, tampoco lo descarto, eh! No es cierto, yo ya estoy casado y muy bien.

X. says: (9:25:32 AM) como decía un amigo catalán jovencito, la primera vez que se acostó con una francesa (y lo decía en serio): “nunca había follado en francés”, y agregaba: “Suena muy bonito el francés cuando te dicen cosas en la cama”.

If. says: (9:25:42 AM) …
jeje

X. says: (9:25:46 AM)
… nunca se me había ocurrido que se podía follar en idiomas. Ahora tú, podrías follar en japonés, averiguar como se viene en japonés.

If. says: (9:26:09 AM)
 Espera. Las japonesas no vienen. Van. Pequeña diferencia. Los japoneses igual, no nada más las mujeres.
 Leí un libro donde hablaban mucho de eso, decía que tienen una diferencia lingüística. Ellos no lo ven como llegar, sino como ir.

X. says: (9:34:42 AM)
 Oye. Pero. Me parece genial que se diga “me vine”, porque es como estar en ti y venirte todavía más a ti mismo, hermosa paradoja, justo cuando dejas de ser tú en otro, pues entonces estás con otra persona, ¿me explico?

If says: (9:35:18 AM)
 Sí

X. says: (9:35:38 AM)
 en cambio decir, “me fui”, pues es más ilustrativo. Pero decir “me vine”, resulta paradójico. 
No es decir, me fui a ti, sino me vine a ti; como si dijeras: “gracias a ti llegué a mí”.

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La Merced

Publicado por pachoj en Septiembre 24, 2004

Barce me atrapa, me roba, me secuestra, me rapta, me extravia… apenas llego a casa, después de los conciertos nocturnos de La Mala Rodríguez y Macaco en la Plaza Cataluña, pues amanecí en una casa extraña.

Hoy es día de fiesta local, la ciudad está con todos los escaparates cerrados, nadie trabaja. Nada.

Yo intentaré tener una junta con una productora. Diariamente tengo varias reuniones de trabajo, pero hoy será difícil concertar siquiera una por el día feriado.

Amanecí en un balcón de una casa desconocida, azorado por los tejados de esta sosegada ciudad en el día de su patrona la Merced, con un sol radiante y un silencio conmovedor.

En camino a casa, desde el taxi, sonriendo, la ciudad me sonreía igualmente a través de la ventanilla en movimiento, surcábamos las colinas barcelonesas, con su mar a la distancia brumosa y flamante, con ese caminar de la chicas que llevan su baguet en la mano, su rostro pleno como si estuvieran de súbito reconciliadas con la vida. Después de todo, para ellas es un viernes de descanso.

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El ring del teléfono

Publicado por pachoj en Julio 26, 2004

Ruidos: el ring del teléfono. Alguien del otro lado que no conozco explica que Andrea G. le dio mi número. La voz desconocida me informa de un programa de TV sobre “La Universidad Nacional Autónoma de México 20 Años Después”, para el cual desean evocar aquella manifestación de más de 100 mil estudiantes que llenó la inmensa plaza pública de la Ciudad de México, durante la huelga del Consejo Estudiantil Universitario de 1987, cuando Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio tocó arriba de un camión de redilas. 

Entonces llegamos hasta el Zócalo de la Capital, el centro simbólico de México, nombre de un país que en nahuatl significa El Ombligo de la Luna. Sí, el Zócalo era como el ombligo del Ombligo, una plaza mítica frente al Palacio Nacional y la Catedral, que en esos años era todavía infranqueable para los movimientos de oposición en el México de partido hegemónico y corporativo.

Aquél día fue todo un hito en los movimientos sociales del país que venían tomando fuerza desde 1985, año en que un terremoto devastó la Capital y propició un movimiento de autorganización ciudadana para rescatar a los damnificados, ya que las instancias del gobierno encargadas de hacerlo no sirvieron para nada. Comenzaba el auge de la izquierda social, en oposición a la izquierda partidista, con un lenguaje movilizatorio más lúdico, cercano al arte, al performance callejero y, al fin, con sentido del humor.

A la vez, nosotros aún éramos un grupo de rock apenas conocido entre la elite o gueto ilustrado de los artistas jóvenes que pululaban por los antros homosexuales como el Bar 9 o los garitos clandestinos como el Tutti Frutti. Un medio donde confluía una camada de pintores, fotógrafos, performanceros, escritores, editores, bailarines, actores, algunos de los cuales se volvieron famosos con el tiempo, otros terminaron frustrados renegando de la contracultura que decían representar entonces.

Algunos artistas llegarían a la “cumbre”. Otros desaparecerían: Mamá Z (rock ¡existencialista católico!) Simples Mortales (de donde sale Álvaro Ruiz, hoy célebre en la escena electrónica chilanga), Baraja (ska tempranero). Fueron muchos. Recuerdo a Ruben Ortíz, artista visual, a Gabriel Orozco y su clan de artistas plásticos y, por entonces, historietistas como Damian Ortega y Abraham Cruzviillegas; al actor Daniel Gimenez Cacho (recientemente devenido chico Almodovar), a la actriz de culebrones Claudia Ramírez, que también aparece en la cinta “Solo con tu pareja”, el primer largometraje de Alfonso Cuarón.

El mismo Alfonso Cuarón era un personaje intenso en aquella época. Alrededor de 1985 filmó su primer cortometraje en la buhardilla donde entonces yo vivía. Sí, en aquel bohemio Edificio Ermita, de estilo art decó y funcionalista, ¿hoy protofuturista?, actualmente gentrificado, donde ahora tiene su estudio  Jose Álvarez, ex director de la emisora Radioactivo de los noventa.

Un edificio construido en los años treinta y que desde los cuarenta albergó a tres comunidades aparte de los mexicanos: los republicanos españoles refugiados, los alemanes que migrarían por razones económicas a México pero de ideología facha, y los comunistas, ya que el edificio se hallaba enfrente de la embajada Soviética, en un recinto que alguna vez fue el casco de la hacienda de los aristócratas decimonónicos Escandón.

De hecho, a principio de los 1940 había en el Edificio Ermita una célula del PC mexicano, su casa de seguridad era el departamento 620, comandada por el muralista Siqueiros, quien hospedó ahí, justo arriba del que yo habitaría décadas después, al mismísimo Ramón Mercader (aka Jacques Mornard), quien en agosto de 1940 salió precisamente de ahí para asesinar a Lev Davidovich Bronstein, mejor conocido como Trotsky.

Cuántas veces, durante los reventones en que relataba a mis invitados el pasado del edificio, imaginé a Mercader cerrando la puerta del departamento 620 para recorrer el pasillo del sexto piso hasta el elevador de rejita corrediza, bajar lentamente y salir a la avenida donde lo esperaba su madre, Caridad Mercader, con el auto encendido para llevarlo hasta el sur de la ciudad a cumplir su triste misión, en el barrio de Coyoacán donde estaba la casa fortificada de Trotsky, a pocas calles de la casa de Frida Khalo y Diego Rivera, que había sido expulsado del PC en 1929.

En el Edificio Ermita vivió también Rafael Alberti, según me contaban las ancianas que vivían en el cuando yo llegué ahí, alrededor de 1978. Ellas fueron las que me relataron miles de historias, por ejemplo, me contaron que en el inmenso patio central que hay en el piso cuarto, que vendría a ser como la azotea del cine que hay abajo, funcionaqba como un lobby y tenía muebls, como si fuera una gran sala con sofás debajo de un vitral. Ahí cada comunidad realizaba sus propias fiestas conmemorativas, y que aunque antagónicas, cada una respetaba el uso de ese espacio público por las otras, como si se tratara de un inmenso edificio estilo “Metrópoli” de Fritz Lang que albergara una república de la tolerancia. Las historias de ese edificio son muchas, enclavado ahí, en el principio del barrio bajo de Tacubaya y del cual salí lustros más tarde cuando me subieron la renta, producto del encarecimiento del suelo de la colonia vecina, la Condesa, donde antes vivían los artistas bohemios y que ahora hospeda los bares y restaurantes para gente más adinerada.

Salí de ese edificio alrededor de 1996. Antes de ello, por 1985, decía, Cuarón realizó aquel primer corto para su escuela de cine, llamado Cuarteto para el Fin de los Tiempos, como la pieza de Messian. Un corto que tenía una influencia tremenda y naif de la primera época del suizo Alain Tainer, principalmente de la cinta en blanco y negro Carlos Vivo o Muerto. El sonund track de la peli de Cuarón era precisamente la música de El Cuarteto del Fin de los Tiempos de Messian y que en cierta forma retrataba muchos pasajes que Alfonso vio durante el año que se dedicó a visitarme para convencerme que le prestara mi cuartito, al grado de que semejante corto podría ser una bitácora de aquellos días de mi adolescencia, salvo porque termina en suicidio.

Todo esto lustros antes de que Alfonso concibiera siquiera, junto con su hermano, la peli “Y tu mamá también”. Por cierto, el hermano de Alfonso, el guionista Carlos Cuarón, era igualmente un asiduo personaje de los tugurios de la época subterránea del rock mexicano de finales de los ochenta, quien siempre llegaba con Laureana Toledo, hija del pintor, a reventar con gente como los editores de las revistas que aglutinaban a la vanguardia irreverente a la sazón, La Regla Rota y La Pus Moderna (nombre que nació en el Bar 9 durante las fiestas que organizaba Rogelio Villarreal), junto con su colega Fadanelli, editor de Moho e inventor de la “literatura basura” (que hoy ha ganado sendos premios literarios y publica en las mejores corporaciones editoriales –adiós al underground). La fotógrafa Maya Goded (su trabajo sobre las prostitutas del mercado de La Merced en el Centro de la Capital puede verse en zonezero.com), en fin …

La espiral sería infinita.

Cierto, resulta cómico mencionar hoy día estos nombres tan irreverentes y ver cómo, de seguir haciéndolo, confeccionaría un catálogo de personajes a los que, 20 años después de la época aquí relatada, ningún ejecutivo pondría reparos para que aparecieran en sus revistas de sociales. Pero entonces todos estos personajes eran desmadrosos, subterráneos, anónimos y entusiastas utopistas. Y no invoco ninguna nostalgia. Para nada, muchos de ellos continúan haciendo de las suyas sin desasosiego, ya sea aún dentro de la marginalidad o fuera de ella.

Sólo que así transcurrían los días en que marchamos al Zócalo dentro del movimiento estudiantil contra las reformas universitarias. Los estudiantes luego comentarían que marchaban con la fiesta y el miedo a flor de piel, por las resonancias de la masacre contra la anterior generación universitaria, que en 1968 fue reprimida por el ejército al osar pisar el Zócalo con su protesta (y por cierto, hace tres días el secretario de Gobernación a la sazón, Luis Echeverría fue salvado de ser juzgado por el genocidio del 10 de junio de 1971, alquimias de nuestra “transición”).

Maldita Vecindad era todavía un grupo minoritario, así que cuando la gente llegaba al Zócalo, sólo veia a varios locos arriba de un camiónde redilas tocando un ruido extravagante e incodificable para esos días, un ritmo desconocido que después se volvería familiar, pero sólo hasta 4 años después con Kumbala, una canción que al fin se atreverían a transmitir en la radio, quizá porque sonaba más a un bolero que a rock (entonces casi censurado en las emisoras mexicanas); aunque por otro lado esa misma canción terminaría sonorizando el acto principal del violentísimo bar arrabalero que llevaba por nombre un guarismo: 14. –

Paradojas de la vida.

Imposible no dispersarse ante la irrupción de recuerdos de antaño y de hogaño, propiciados por el timbre fugaz de un teléfono. ¡Ring!: ¿cuántos años caben en una campanada? … La voz desconocida me preguntó por la marcha estudiantil de 1987 y recordé todos aquellas impresiones que los marchistas me relataron entonces y que hoy evocarían elocuentemente lo que en esos días previos al foxismo y al zapatismo significaba ser joven, estudiante, activista y artista en el país, mientras creíamos conquistar el ombligo simbólico del poder corporativo de una República Virtual, es decir, meramente nominal. ¿Será de todo esto de lo que quieren que hable en el programa de televisión? La voz desconocida al teléfono no me lo aclara del todo, sólo insiste que “les urge entrevistarme”. Imposible hacerlo en sus tiempos, así que rechazo la entrevista. Rinng: alguien del otro lado del teléfono me despereza un lunes por la mañana. El día así comienza. ¿CUántos años caben en una campanada? Yo inicio mi blog

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