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Escribir ficción es hacer suposiciones acerca de la naturaleza de lo real

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Sobre rock indígena

Publicado por pachoj en Abril 18, 2008

Poco a poco, con avances y silencios sucediéndose en espiral, el rock indígena en el país cobra mayor visibilidad.

El tema me ha interesado estéticamente, sí, pero también culturalmente. Comencé a trabajarlo a finales de los ochenta documentando a grupos de jóvenes indigenas que formaban grupos de rock, ya fuera que cantaran en su lengua ancestral o en español.

Parte de estos trabajos los saqué en mi libro de 92 y más recientemente en el último artículo de nexos, Un País Invisible. También hay un acercamiento al tema en La Herencia de María Sabina, donde comento el  delicioso libro de Álvaro Estrada Huautla en Tiempos de los Hippies. Otro post donde he hablado de ello es en la ponencia Los Hijos del Campo.

Recuerdo que un día visité a Sergio Raúl Arroyo, entonces director del INAH, para proponerle realizar una investigación y documentación sonora de estos procesos de “hibridación” cultural. También lo mencioné cuando coincidí con Monsiváis durante la presentación de un libro en agosto del 2001 en el Tianguis del Chopo, y terminamos hablando sobre la megabiblioteca. No en vano estábamos en el epicentro de las melomanías subterráneas de la nación (y al pié del terreno donde se construiría el megaproyecto), así que “solememente” propuse ante la honorable concurrencia la creación de una fonoteca nacional en lugar de una segunda biblioteca nacional. Un año después Carlos Martinez Rentería recordó en su columna mi insistencia en la fonoteca, aunque omitió decir que mi interés se centraba más en la documentación de estos procesos ignorados que en la creación de una fonoteca convencional.

En fin, todo esto viene a cuento porque hace unos días salió en la sección cultural del diario REFORMA una nota de Jorge Ricardo del  sobre el rock indígena con referencias varias que mapean el proceso de su visibilización. Incluye, por lo demás, una entrevista que me hizo hace ya más de un mes:

“Tocan indígenas rock en su idioma”

JORGE RICARDO

Las culturas indígenas se preservan en rock, en metal, en blues, en la música de quienes se han apropiado de esos géneros para conformar una sociedad moderna menos excluyente.

Las bandas indígenas Hamac Caziim, Xamoneta, Súper Coraje, Noésis, Nu Boxte y Sak Tzevul, se apropiaron de géneros musicales antes considerados como expresión del imperialismo cultural estadounidense, y a partir de ellos preservan “el costumbre”, término antropológico que se refiere a distintas ceremonias vinculadas a una tradición mesoamericana.

“A través del metal y el rock estamos gritando que existimos, que no somos fantasmas”, dijo Israel Robles, baterista del grupo seri Hamac Casiim.

Hamac Caziim surgió en 1997 en Punta Chueca, Sonora, e interpreta cantos ancestrales en una versión antigua de la lengua seri. En 2007 puso a la venta un disco homónimo.

“Nosotros oímos música en inglés y en español. Sentíamos el peligro de que nuestros cantos se perdieran, así que los mezclamos con instrumentos electrónicos para que nuestros muchachos los aprendieran”, dijo Robles.

Robles es sobrino de Amalia Astorga, anciana nombrada “Guardiana de los tesoros del desierto” por el Museo del Desierto en Arizona. Mientras ella se acompaña de sonajas, Hamac Casiim intrepreta los mismos cantos con guitarras eléctricas.

“Ante la discriminación que sufre la cultura indígena, buscamos posicionarla y preservarla al mismo nivel que la cultura hispanohablante”, sostuvo por su parte Damián Guadalupe Martínez, fundador en 1996 de Sak Tzevul, una banda de Zinacantán, Chiapas, que toca rock o, como ellos dicen, “música tzotzil contemporánea”, influida por sonidos tradicionales y rezos, por Pink Floyd y Lacrimosa.

“La nuestra es una propuesta para decir que podemos incluir a la ‘modernidad’ sin perder nuestra identidad”, dijo Damián Martínez.

Autor del libro Rock Mexicano: Sonidos de la Calle, el músico e historiador José Luis Paredes “Pacho” consideró que estas agrupaciones reflejan los cambios provocados por la migración y la hibridación cultural, las contradicciones del discurso hegemónico de identidad nacional y cuestionan la supuesta “pureza” de la música.

En 1976, Carlos Monsiváis escribía acerca del Festival de rock de Avándaro: “Es una respuesta autónoma y original y es, también, un hecho colonial, no porque un festival de rock sea exclusivo de la cultura norteamericana sino por el reclamo básico: duplicar sin problemas una experiencia ajena; es decir, una vez más, ponernos al día gracias a la emulación servil”. (Amor perdido).

Para el sociólogo Gabriel Careaga, las ansias y las angustias de los jóvenes mexicanos estaban más cerca del bolero sentimental o de los mariachis que de las canciones de los Rolling Stones, según escribió en 1977 en Biografía de un joven de la clase media.

“Cuando empezamos decían ‘¿cómo va gustarle algo a la comunidad si sólo escuchan música ranchera?’ Pero la música ranchera tampoco es puramente indígena, fue impuesta desde la radio y la televisión”, dijo en entrevista el líder de Sak Tzevul.

Los integrantes de Hamac Caziim y Sak Tzevul no dudan en definirse como “movimiento musical”.

Aunque Hamac Caziim y Sak Tzevul son las dos bandas con más difusión, la existencia de agrupaciones como ellas tiene por lo menos 20 años. En 1992 José Luis Paredes ya mencionaba a bandas de punk otomí como Orines de Puerco y Batalla negativa, ésta última creada por José Guadalupe Robles en 1990 en San Cristóbal Huichochitlán, Toluca.

“Entre nosotros nos hablábamos en otomí y los chavos nos preguntaban por qué no hacíamos letras en esa lengua. Esa petición nos hizo entender que teníamos que rescatar lo que éramos como cultura”, dijo en entrevista.

Entonces cambiaron su nombre a Nu Boxte (Ayuda mutua), sacaron el cassette “Tiempos Difíciles”, con 500 copias y 17 canciones, seis en otomí, pero desapareció en 2003.

En 1998 se creó en Cardonal, Hidalgo, Súper Coraje, una banda otomí que interpretaba canciones tradicionales a ritmo de rock y cumbia con instrumentos construidos con botes de leche, acocotes y guitarras viejas.

“Queríamos tocar nuestra música pero no teníamos los instrumentos, así que nos pusimos Súper Coraje”, recuerda José Isidro Cruz, ex integrante de la banda desintegrada en 2007. El antiguo Instituto Nacional Indigenista incluyó tres canciones suyas en el disco “Del costumbre al rock”, grabado en 2000. José Isidro Cruz ya compró guitarras y teclados, pero dos de sus cuatro integrantes ya emigraron a Estados Unidos.

La reivindicación cultural que hacen este tipo de bandas siempre es consciente. Su simple existencia de por sí ya es un acto de reivindicación cultural.

“Falta ver si puede desarrollarse un movimiento musical. Creo que todavía es un fenómeno muy focalizado en algunos grupos étnicos, con poca relación incluso entre ellos mismos sin que esté mediada por las instituciones de gobierno”, señaló José Luis Paredes.

“Creo que hemos preparado el terreno para lo que queremos hacer”, finalizó Damián Flores.

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Hotel Spanglish

Publicado por pachoj en Diciembre 29, 2004

He quedado de verme con Angélica en la noche, a quien me encontré en el Museo del Anahuacalli el día de la feria de las disqueras independientes. Tenía más de dos años de no saber nada de ella, se le oye que está bien. Hoy me llamó y me invitó a echar un trago a la noche.

Arreglando mis papeles encontré una libreta con una nota sin fecha, donde transcribí alguna conversación con un mesero durante alguna remota gira por Estados Unidos. Le puse por nombre ¿Habla Usted español?

“¿Habla usted español?”

-How can I help you?


-Do you speak spanish?


-Yes I do, ¿en qué puedo ayudarle?


-Quería un room service


-O.k. ¿qué desea ordenar?


-Un American Breakfast


-Good, ¿qué huevos quiere?


-Estrellados


-¿Cómo?


-Fried, sunny side up por favor


-O.k., ¿con bacon o ham?

-Con bacon por favor


-¿Toast o fruta?


-Toast


-¿Blanco o trigo?


-Trigo


-¿Algo de tomar?


-Un jugo de naranja. ¿Es natural?


-Sí


-Pero, ¿de verdad? Es decir, ¿es fresh squeezed?


-No, no es fresquesito, pero sí natural. De concentrado.


-Lástima, ni hablar. O.k. uno por favor.

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Las nuevas fronteras urbanas

Publicado por pachoj en Septiembre 5, 2004

Domingo, me quedo en cama leyendo:
“Myth is constituted by the loss of the historical quality of things” (Barthes). Richard Slotkin agrega que al perder el singificado del contexto histórico, el mito cobra un nuevo efecto en la historia: “history becomes a cliché”.

Neil Smith es el autor del libro de donde extraigo estas citas, llamado “The new urban frontiers. gentrification and the revanchist city”. Él escribe dentro de la geografía: “myth is constituted by the loss of the geographical quality of things as well. Deterritorialization is equaly central to mythmaking, and the more events are wrenched from their constitutive geographies, the more powerful the mythology. geography too becomes a cliché”.

El libro explora los procesos de gentrificación en varias ciudades europeas y gringas, por ejemplo, la historia de Lower East Side (Loisaida) de NYC. En particular de Tompking Square, en el East Village, donde viví un tiempo en 1994 y a donde siempre vuelvo cada vez que visito Manhattan, zona de barrio bajo otrora peligrosa pero que en los últimos años fue limpiada por Gulliani.

Un parque donde se sucedieron distintas contraculutras, beatniks, hippies, punks, rastas, así como homeless, comunistas, troskistas y demás personajes singulares a lo largo de los siglos. Una zona sobre la que escribí varias crónicas que están en la sección de viajes de mi página (http://ruidosdelacalle.org/blog/).

En esos textos registro el movimiento de resistencia de los jardines comunitarios del Loisaida, en contra de la expropiación que intentó realizar Guilliani y con el cual se solidarizó gente como la actriz Susan Sarandon. En fin, la gentrificación es un tema que me interesaba en relación a los procesos culturales urbanos y al fin me doy tiempo para leer este libro que compré hace años en alguna gira.

Pero la cita de Barthes “the loss of historical quality of things”, me remite también a ciertos procesos culturales como los movimientos new age de la nueva mexicanidad, el culto al chamán, el neoindigenismo new age, etcétera, donde la historia es sustituída por el mito, a veces con gran asertividad, al menos en cuanto a su capacidad de atrapar la atención de amplios públicos. La historia como cliché.

El viernes en la noche fui al UTA donde creí que habría un fiesta gótica. El UTA, un bar anarquista. Fui a entrevistar a un par de góticos para un artículo del Reforma que me encargaron, pero no había más que unos cuantos fetish, dos o tres punks, y mucha otra gente, pero ningún gótico. No escribiré el artículo por falta de tiempo, se lo he ofrecido a Fran.

En el UTA charle con Víctor y con Mina de JER, quienes me preguntaban sobre la ley para foros culturales. Un tema que tiene que ver con la ciudad, con los espacios urbanos. Por cierto, el UTA está en el Centro Histórico, así que de alguna forma quizá le afectará su gentrificación.

El libro que estoy leyendo insiste sobre las diferencias de clases entre los barrios, las cuales se convierten en fronteras imaginarias, equivalentes a las del viejo oeste o a las de la serie Star Treck, “donde ningún hombre blanco ha ido nunca antes”:

“The social meaning of gentrification is increasingly constructed through the vocabulary of the frontier myth”, escribe Smith antes de citar el testimonio de una persona que se mudó a la zona de Tompking llena de migrantes y negros, antes de que fuera limpiada (gentrificada): “moving down here is a kind of urban pioneering … We liken our crossing Houston Street to pioneers crossing the Rockies.”

Hoy el Centro de la Ciudad de México es una frontera abierta incursionada por artistas y promotores culturales como pioneros de la renovación y el encarecimiento del suelo. Cuando cumplan su ciclo de “dignificar” la zona con su labor de hormiga, ¿serán echados de ahí para que lleguen los inquilinos adinerados?

Esta mañana me despertó la llamada de Andrea para invitarme a conocer su nuevo departamento que ha rentado en el centro histórico. Ya son varios conocidos que viven allá. Poco a poco las clases medias se apropian del centro histórico chilango. Trascienden las viejas fronteras de clase entre los espacios urbanos.

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