Volviendo a la normalidad: a la inseguridad, el tráfico, la contaminación, el calentamiento global, los ajusticiamientos del narcotráfico, la corrupción, el despotismo de la policía, la ineficacia del gobierno, los grupos de poder, la plutocracia, el desprecio de las empresas hacia sus clientes, la falla en los servicios públicos, el descaro de los diputados en campaña, las colas de los bancos que cada vez tratan peor a sus usuarios,la indiferencia de los funcionarios hacia las quejas cotidianas, el gigantismo impersonal de los corporativos que prestan servicios, el burocratismo cínico, los cobros excesivos de luz sin justificación, los peseros asesinos en sus bólidos sin que nadie les diga nada, al imperio de los valets parkings, en fin…
No es que todo esto haya dejado de existir durante la epidemia, pero como no podíamos salir de casa, pudimos olvidarlo un breve tiempo.